Al volver a casa después de hacer la compra en el supermercado, lo primero que hacemos es meter todos los alimentos en la nevera. Cuando se trata de alimentos perecederos está muy bien, pero no todo lo que compras debe guardarse en frío. Alimentos como la miel, las cebollas o las patatas nunca deberían ir al frigorífico, y hay una razón de peso para ello.
El frío no siempre es bueno para todos los productos, esto no quiere decir que de ninguna manera puedas guardar las patatas en tu nevera. Primero, has de saber qué pasa en este alimento cuando lo guardas en frío, y después, las formas en las que puedes almacenarlo en casa.
Por qué no debes guardar las patatas en el frigorífico

Guardar las patatas en el frigorífico es algo que llevamos haciendo toda la vida. Se lo veíamos hacer a nuestras madres, y sin preguntar, al crecer hemos seguido haciendo lo mismo. Pero lo cierto es que esta es una práctica del todo desaconsejada, cosa que ha sido comprobada por un estudio de la United States Potato Board, el consejo estadounidense de patatas.
Guardar estos tubérculos en un lugar con una temperatura por debajo de los 7 grados centígrados convierte el almidón que contiene la patata en azúcar. Esto hace que sean más dulces, además de producir decoloración. Y es que una nevera no puede estar nunca por encima de los 4 grados centígrados, así que guardarlas aquí no es aconsejable. Pero no te preocupes, porque no se te van a echar a perder. En función del estado de la patata, descubrirás cómo guardarlas adecuadamente a continuación.
Cómo guardar las patatas crudas

Cuando compras las patatas en el supermercado, estas deben tener una serie de condiciones para que su vida sea lo más duradera posible. Si están en una bolsa de plástico, lo primero que debes hacer es sacarlas y ponerlas en otra bolsa, esta debe ser de rejilla, pues necesita respirar. Esto quiere decir que es necesario que el aire corra, cosa que dentro de una bolsa de plástico no puede pasar.
Otra cosa que debes tener en cuenta es la temperatura a la que están. Si es invierno, no hay ningún problema al almacenarlas en la terraza de la cocina, pero si es verano, mejor no tenerlas sometidas a temperaturas tan altas, ya que se estropearían muy rápido. Evita la luz del sol directa y las temperaturas superiores a 15 grados, ya que perdería agua y saldrían brotes. Lo mejor que puedes hacer es buscar un lugar sin luz del sol y donde la temperatura ronde entre 8 y 12 grados. Si no tienes un lugar adecuado en verano, las podrás meter en el frigorífico para que duren algo más de tiempo.
Un detalle importante a mencionar, es que no debes dejar que se rocen con otras verduras. Un claro ejemplo es la cebolla, y es que estas liberan un compuesto que estropearían antes el tubérculo.
Cuando están peladas

Este caso es la excepción con respecto al frigorífico. Si has pelado patatas de más y te han sobrado, o simplemente las has querido dejar peladas para darles uso más tarde, es necesario guardarlas en el frigorífico, pero hay que saber cómo. Si lo haces sin más, se van a oxidar, tomando un color nada agradable a la vista.
Por lo tanto, la forma adecuada de guardar estos tubérculos ya pelados es metiéndolos en un recipiente con agua fría, añade unas gotas de limón y tapa con un plástico transparente para ayudar a su conservación.
Patatas cocidas

De nuevo, si se da el caso de que te has pasado a la hora de cocinar las patatas, te sobra, pero ya están cocidas, lo mejor es guardarla en el frigorífico sin más. No es lo mejor, pero si no te queda otra opción es lo que debes hacer. Eso sí, te recomendamos cocerlas siempre con piel, así solo tendrás que pelar las que vayas a usar, y las otras que conservarán mucho mejor.
Un consejo muy importante, y es que algunas personas han cometido este error. Nunca congeles la patata, pues estos alimentos se quedan con una textura muy diferente y nada agradable al descongelarse.
Cuando están fritas

Esta es la peor de las cuestiones, ¿cuántas veces has hecho patatas fritas y te ha sobrado una buena cantidad? Y es que lo peor viene al calentarlas de nuevo, pues ya no están igual, dejan de ser crujientes y su textura es terriblemente blanda. Pero no te preocupes, no tendrás que volver a pasar por esto, pues hay un truco para que parezcas prácticamente recién hechas.
Lo que debes hacer después de sacarlas de frigorífico es volver a pasarlas por la sartén, eso sí, solo un par de minutos, lo suficiente para que vuelvan a estar crujientes y no absorban demasiado aceite. Otra opción es guardarlas en un recipiente hermético con un chorrito de aceite por encima. Cuando las vayas a comer, pásalas por la sartén, pero sin la cantidad de aceite de antes, pues ya lo tienen incorporado, y su sabor sería imposible.
Si lo que tienes son unas patatas fritas de bolsa, es importante cerrar muy bien el envase en el que vienen. Usa una pinza para que el cierre esté bien asegurado y no entre el aire en la bolsa dejándolas rancias. Pero si su envase se ha roto, es imposible conservarlas como es debido, por lo que deberías cambiarlas a un nuevo recipiente hermético.








































