El mercado ha digerido una guerra en Oriente Medio, un shock energético y la amenaza de tipos al alza. Y ha salido airoso. Con el barril de Brent de vuelta en 72 dólares y la inflación cediendo, el escenario para el segundo semestre de 2026 se despeja. La pregunta que se hacen los inversores no es si las bolsas seguirán subiendo, sino cuánto y durante cuánto tiempo.
Los analistas consultados coinciden: las condiciones para un nuevo rally están sobre la mesa. Jaume Puig, director general de Grupo GVC Gaesco, lo resume con una certeza: “Los resultados empresariales son tan sólidos que lo geopolítico tiene cada vez menos impacto”. Las ventas, el ebitda, los márgenes y los beneficios marcan máximos en todas las magnitudes, y la tendencia se mantiene firme.
Razones para el optimismo: geopolítica y resultados
El barril de petróleo Brent ha vuelto a cotizar en torno a los 72 dólares, el mismo nivel que registraba antes del estallido de la guerra en Irán. El mercado ha conseguido absorber un shock energético que apuntaba a peor. Además, las presiones inflacionistas y laborales —especialmente en Estados Unidos— están remitiendo, alejando el fantasma de subidas de tipos aceleradas.
El BCE y la Reserva Federal han reconocido en sus últimas comparecencias que la situación ha mejorado en las últimas semanas. Desde Lombard Odier anticipan un escenario favorable para los activos de riesgo, impulsado por el crecimiento y la liquidez, y ponen el foco en países emergentes, el sector financiero y las pequeñas cotizadas.
Pero el verdadero motor, coinciden todos, son los beneficios empresariales. “Es muy difícil tener una crisis si el grueso de la economía va bien”, apunta Puig. La transición hacia una economía de servicios —que ya pesa el 70% en los países desarrollados— y unas tasas de paro en mínimos sostienen la demanda.
Riesgos que persisten en el horizonte
Sin embargo, la calma es frágil. Víctor de la Morena, director de inversiones de Amundi Iberia, advierte de que la tregua en Oriente Medio podría romperse en los próximos dos meses y que la fortaleza del dólar encarece los activos estadounidenses, lo que acelerará rotaciones de cartera. “Hay potencial porque los resultados muestran mucha fortaleza, pero la volatilidad será alta”, señala.
Las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, previstas para noviembre, son otro foco de incertidumbre. Lombard Odier ya anticipa volatilidad según se acerque la cita. Además, los aranceles pueden volver a ser una herramienta de presión, y el dólar fuerte añade presión a los activos denominados en otras divisas.
La fortaleza de los beneficios empresariales actúa como escudo ante los sobresaltos geopolíticos, pero el exceso de apalancamiento y la dependencia del momentum pueden ocultar riesgos latentes.
En España el Ibex 35 ronda los 20.000 puntos nunca vistos. Para Antonio Castelo, analista de iBroker, el segundo semestre no traerá una escalada vertical, sino una consolidación: “El mercado ya no regala tanto recorrido gratis. Necesitará más apoyo de los resultados, sobre todo en banca y materias primas”. Bankinter estima un potencial del 14,9% para el selectivo español hasta diciembre de 2027, una cifra que se duplica para los índices estadounidenses y tecnológicos.
¿Burbuja en la IA? El espejismo del Kospi
El gran impulsor del año ha sido la inteligencia artificial. Según Capgemini, el crecimiento está cada vez más concentrado en los segmentos vinculados a la inversión en IA, que ya se extiende desde los fabricantes de hardware como Nvidia hacia los hiperescaladores y los centros de datos.
Pero el apetito inversor no está exento de riesgos. Las esperadas salidas a bolsa de OpenAI y Anthropic pondrán a prueba la capacidad del mercado para absorber más emisiones en un entorno ya marcado por una fuerte oferta de acciones y deuda. Puig muestra preocupación por la sobreinversión en centros de datos: “El gasto en capital está disparado y existe el riesgo de que no se alcancen las ocupaciones necesarias para hacer rentables los proyectos. El retorno puede no ser el esperado”.
El caso del Kospi surcoreano es el más extremo. El índice acumula subidas del 90% en lo que va de año, impulsado por los fabricantes de semiconductores y proveedores para centros de datos. Las estimaciones apuntan a un repunte de beneficios del 168% para estas firmas en 2026. Desde DWS consideran que “el potencial alcista sigue intacto», aunque advierten del riesgo si la inversión procedente de Estados Unidos se enfría.
El segundo semestre de 2026 arranca con los mercados en máximos históricos o cerca de ellos. La combinación de geopolítica más calmada, resultados empresariales sólidos y liquidez abundante invita al optimismo. Pero la historia enseña que las mayores correcciones suelen llegar cuando menos se esperan. La pregunta es si esta vez será diferente.




