Todos los días, todo el día, nuestra vida está marcada por la prisa. Escuchamos audios acelerados, respondemos mensajes sin pensar y convertimos cada minuto en una carrera contra el reloj. En medio de ese ruido aparece Marian Rojas Estapé, la psiquiatra española más influyente del momento, para recordar que el cerebro y el cuerpo necesitan frenar.
A sus 42 años, autora de varios best sellers y uno de los pódcast más escuchados en habla hispana, Rojas Estapé se ha convertido en un referente para entender la relación entre emociones, hábitos y salud mental. Ella asegura que la felicidad se construye con calma, sentido y una buena alimentación que nutra tanto el cuerpo como la mente.
La vida en modo aceleración y el costo emocional
La especialista sostiene que la sociedad actual vive atrapada en una cultura de la velocidad. “Todo se escucha en 1.5 o por dos. Cuando le metes aceleración a la vida ya no frenas, no reflexionas y te pierdes los detalles”, explica. Ese ritmo permanente termina generando ansiedad, irritabilidad y una sensación constante de insatisfacción.
Para contrarrestarlo propone un ejercicio sencillo y casi revolucionario: no hacer nada durante quince minutos al día. Sin móvil, sin pantallas, sin estímulos. Solo detenerse, respirar y agradecer algo concreto. Ese pequeño hábito, asegura, ayuda a devolverle al cerebro su capacidad de contemplar y procesar.
Dentro de ese equilibrio, la alimentación ocupa un lugar central. Rojas Estapé repite que lo que comemos influye directamente en el estado de ánimo. No se trata solo de contar calorías, sino de comprender que la alimentación es una herramienta emocional. “La alimentación es clave porque no solo nutre, también produce placer”, afirma.
El problema surge cuando ese placer se distorsiona. Según la psiquiatra, los mecanismos naturales de recompensa del cerebro han sido hackeados por estímulos artificiales. Antes las fuentes principales de dopamina eran la comida y las relaciones humanas. Hoy se suman redes sociales, videojuegos y contenidos diseñados para generar adicción.
En ese contexto, la alimentación saludable compite con gratificaciones inmediatas y poco nutritivas. El exceso de azúcar, ultraprocesados y comidas impulsivas se convierte en una vía de escape emocional. Comer deja de ser un acto consciente para transformarse en un refugio contra el estrés.
La experta advierte que lo mismo ocurre con el mundo digital. “Las drogas antes entraban por la boca o por la nariz. Ahora entran por los ojos”, señala al referirse a plataformas como TikTok. Por eso defiende regular su uso y prohibirlas en menores de 12 años.
Alimentación del cerebro para recuperar el bienestar

Marian Rojas Estapé entiende la psiquiatría como un acompañamiento humano. Creció en una familia de médicos y desde niña vio cómo su padre ayudaba a pacientes a superar depresiones y miedos. Aquella vocación se consolidó cuando, recién graduada, viajó a Camboya para colaborar con niñas víctimas de trata. Allí comprendió el impacto del trauma y la profunda conexión entre mente y cuerpo.
Esa experiencia la llevó a estudiar técnicas como el EMDR, un método terapéutico que permite reprocesar recuerdos dolorosos y aliviar síntomas físicos vinculados al estrés. Según explica, muchas enfermedades se agravan cuando las emociones no encuentran salida. Incluso los hábitos de alimentación se alteran cuando hay heridas sin resolver.
La autora insiste en que no existe una felicidad permanente. Lo que sí existe es la capacidad de darle sentido a la vida. Cuando ese sentido falta, las personas buscan reemplazarlo por sensaciones rápidas: alcohol, compras compulsivas o una alimentación desordenada que promete alivio inmediato.
En su último libro analiza cómo la dopamina gobierna gran parte de nuestras conductas. El cerebro recuerda lo que le calma y lo que le da placer. Si alguien aprende a tranquilizarse con comida poco saludable, repetirá ese patrón. De ahí la importancia de educar la alimentación desde la infancia y de construir una relación equilibrada con lo que comemos.
Para la psiquiatra, mejorar la salud mental pasa por recuperar rutinas básicas: dormir bien, moverse, cuidar los vínculos y prestar atención a la alimentación diaria. Pequeños cambios sostenidos logran más que cualquier fórmula milagrosa.
También reconoce sus propios límites. A pesar de su experiencia, admite que le afectan las recaídas de sus pacientes y que necesita apoyo emocional como cualquier persona. “Quien cuida al cuidador también necesita ser cuidado”, suele decir.
Su mensaje es una invitación a bajar el ritmo. A entender que la buena alimentación no es una moda, sino un pilar del bienestar. A desconectar para volver a conectar. Y a recordar que, en un mundo obsesionado con correr, detenerse puede ser el acto saludable y revolucionario.




























































