El BIS advierte que la inteligencia artificial frenará el consumo privado

El organismo alerta de que la automatización podría contraer la demanda interna al desplazar consumidores. El BIS traza un paralelismo con burbujas como la de los ferrocarriles o las puntocom.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS) lanza la advertencia más detallada hasta la fecha sobre los riesgos de la inteligencia artificial para el motor del crecimiento: el consumo privado. En su informe anual, el organismo que actúa como banco central de los bancos centrales alerta de que la automatización progresiva podría, paradójicamente, estrangular la demanda interna al reducir la base de consumidores.

Claves de la operación

  • La IA podría generar un cuello de botella de demanda. Aunque la productividad se dispare, el desplazamiento de trabajadores reduce el gasto agregado, lo que a su vez desincentiva nuevas inversiones y frena el crecimiento.
  • Los hyperscalers ya acumulan un billón de dólares en compromisos de inversión. Esa cifra supera sus flujos de caja y beneficios, lo que según el BIS eleva el riesgo de sobreinversión, endeudamiento y una corrección traumática.
  • España, con un consumo privado que supera el 55% del PIB, sería especialmente vulnerable. Un desplome de la demanda lastraría la recuperación y pondría en jaque las cuentas de sectores como turismo, retail y automoción.

El informe parte de un escenario en el que la IA se convierte en tecnología transformadora. La producción podría crecer exponencialmente, pero la participación de la mano de obra se reduciría “hasta casi cero”, en palabras de los economistas del BIS. Esa desconexión entre capacidad productiva y poder adquisitivo es la que, a juicio del organismo, convierte a la demanda en “la principal limitación” para el crecimiento.

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“A medida que la IA avanza, la automatización desvía cada vez más los ingresos de los consumidores, que en lugar de adquirir bienes y servicios se ven inmersos en operaciones relacionadas con la inteligencia artificial”, razona el documento. De hecho, el BIS estima que en un escenario de IA transformadora, la producción dejaría de crecer al ritmo histórico del 2% anual y acabaría desacelerándose por falta de quien compre lo producido.

No es un riesgo teórico. Los datos de Estados Unidos ya muestran que los sectores más expuestos a la IA ganan productividad a costa de un menor crecimiento del empleo. Y aunque los despidos masivos aún no han llegado, el aviso del BIS apunta a que la sustitución de trabajadores podría intensificarse en los próximos trimestres, sobre todo en tareas cognitivas repetitivas y de back-office.

El segundo gran foco de alarma es el tsunami de inversión en infraestructura de IA. El BIS revela que los cinco mayores proveedores de servicios cloud invertirán más de un billón de dólares en gastos de capital entre 2025 y 2026, una cifra que ya obliga a algunas de estas compañías a emitir deuda para financiar sus compromisos. La presión competitiva está llevando a un superávit económico neto cada vez más reducido para el sector.

La historia demuestra que los avances tecnológicos que prometen revoluciones productivas suelen atraer más capital del que la rentabilidad comercial puede digerir.

El BIS tira de paralelismos históricos. Desde la fiebre de los canales en la década de 1830 hasta el estallido de las puntocom a finales de los noventa, todos esos episodios compartieron un patrón: un auténtico salto tecnológico que acabó en sobreinversión, corrección y recesión. La magnitud actual del gasto en IA, sumada a las expectativas de beneficios casi ilimitados, encaja con ese molde.

Además, los cuellos de botella en suministros como los semiconductores avanzados, los equipos de red y la propia electricidad están presionando ya los costes. Los centros de datos ya compiten por la energía con el resto de la economía, lo que podría trasladar presiones inflacionistas a los consumidores justo cuando su poder adquisitivo empiece a resentirse.

El cuello de botella que asusta al BIS: productividad sin consumidores

El organismo de Basilea dibuja un escenario en el que las empresas, al anticipar un mercado menguante de compradores potenciales, renuncian a seguir invirtiendo en innovación. La productividad se estanca no por límites tecnológicos, sino por falta de demanda. Es la primera vez que un informe de este calibre coloca el riesgo de demanda por delante del riesgo de oferta al analizar la disrupción de la IA.

En paralelo, el BIS advierte de que la IA compite directamente con las capacidades cognitivas humanas, al contrario de lo que ocurrió con tecnologías pasadas. Eso reduce el margen para que los trabajadores desplazados encuentren tareas de mayor valor añadido. Si la creación de nuevos empleos no compensa las pérdidas, el resultado será una contracción neta de la masa salarial y, por tanto, del gasto.

riesgos IA

Lecciones para España: blindaje del consumo o vulnerabilidad extrema

El análisis del BIS tiene una traducción directa para economías como la española, donde el consumo privado representa cerca del 56% del PIB, según datos del INE. Una ralentización de la demanda interna por automatización y destrucción de empleo afectaría de lleno a sectores con alta exposición al consumo doméstico: turismo, comercio minorista, automoción y servicios financieros.

Las grandes cotizadas del IBEX 35 no serían inmunes. Inditex, por ejemplo, depende del gasto en moda del consumidor medio; Telefónica, de la capacidad de hogares y empresas para contratar fibra y servicios cloud; y los bancos, del crédito al consumo. Un entorno de demanda debilitada castigaría tanto los ingresos recurrentes como las valoraciones bursátiles del selectivo.

Desde Merca2.es llevamos meses advirtiendo de que la brecha entre la inversión pública-privada en IA y la preparación del tejido productivo español sigue siendo preocupante. El informe del BIS añade una pieza más al puzle: no basta con fomentar la adopción de IA; hay que blindar al mismo tiempo la capacidad de compra de una ciudadanía que podría quedarse sin empleo y sin ingresos estables.

La publicación del informe anual del BIS, disponible en su web oficial, coincide con un momento en el que los reguladores europeos ultiman la aplicación de la AI Act. La paradoja es evidente: mientras se corre para regular los riesgos éticos y de seguridad de la IA, el mayor peligro podría ser de naturaleza macroeconómica. Y ese, de momento, no tiene supervisor asignado.


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