Nos hemos acostumbrado a leer noticias en los medios de comunicación -casi diarias- en las que se informa sobre nuevos avances en los distintos campos de la medicina. Y es que, desde hace apenas algo más de un siglo -con el descubrimiento de la penicilina- se han producido los mayores logros en el bienestar de las personas.
Tristemente, esta realidad choca con la situación anterior, con miles de años en los que el ser humano tuvo que vivir con un desconocimiento más que generalizado en este campo que llevó a los médicos a cometer algunas de las aberraciones y barbaridades más sonadas de la historia.
También cabe destacar que a pesar de los logros de los últimos años, durante el siglo XX también se han producido alguna de las prácticas más sorprendentes, ya que se juntaban los descubrimientos reales con otros menos ciertos y con las verdades a medias.Un claro ejemplo es la intervención psicoquirúrjica de la lobotomía cerebral en pacientes con patologías mentales.
La lobotomía cerebral
Una de las prácticas más aberrantes de la historia de la medicina, específicamente de la psicología. La misma consistía en la sección quirúrjica de alguno de los fascículos nerviosos del lóbulo cerebral.
A pesar de que su origen se podría centrar en Lisboa, en la primera mitad de la década de los años 30′, se popularizó espantosamente en todo Estados Unidos por culpa de Walter Freeman, que usaba un picahielos y un mazo, que golpeaba hasta separar por completo e interrumpir las conexiones entre el lóbulo frontal y el resto del cerebro.
Hay que recordar que en 1949 Egas Moniz ganó el premio Nobel de medicina por haber descubierto la lobotomía, y que gozó de una popularidad aplastante. Muchos de los cirujanos que se prestaban a realizar este tipo de operación acudían a la razón de que la alternativa de un sanatorio mental era mucho peor. Sin embargo, los pacientes perdían cualquier atisbo de su personalidad tras someterse a este tratamiento.
Lo cierto es que el carácter -considerado en la actualidad como barbarie- de esta intervención psicoquirúrjica llevó a que el método solo fuera utilizado durante apenas treinta años en la primera mitad -aproximadamente- del Siglo XX. La última lobotomía registrada en la historia se realizó en 1965.
El quaalude

Un concentrado químico creado originalmente para luchar contra problemas de insomnio, fueron finalmente prohibidas en 1984. Este medicamento saltó a la fama mundial -aunque ya la tenía en el mundo de los negocios como droga- gracias al Lobo de Wall Street, película dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo Di Caprio.
En la misma cinta se explica como este fármaco fue retirado del mercado, pero como triunfaba como droga en el centro financiero de Nueva York en los años 90′, ya que si se supera la etapa de sueño -sin dormirse- puede llevar a estados de euforia excesiva.
Uso de sanguijuelas
Es una de las imágenes más extendidas de la medicina antigua, recogida en diversas series, textos, documentales o películas -tanto de carácter ficticio como histórico-. Hay que remontarse a las civilizaciones más antiguas del mundo para comenzar a advertir su uso como tratamiento; como en Roma, Grecia o Siria.
Sin embargo, a lo largo del tiempo se extendió este tratamiento, llegando hasta las farmacias europeas del Siglo XVIII y XIX. Este parásito se extendía por el cuerpo de los pacientes con el objetivo de que absorbieran la sangre de una zona concreta del mismo.
De los mismos parásitos, se creía que podían curar todo tipo de enfermedades, desde dolores o procesos inflamatorios hasta enfermedades oculares e incluso obesidad. Se llegaron a convertir en un remedio bastante extendido en la cura de las patologías mentales.
Cabe recordar, en cualquier caso, que se trata de un sistema acorde a los pensamientos y conocimientos de la época en los que fueron utilizados, aunque hoy en día se vea como una aberración, y una curiosa imagen característica de las películas medievales.
El ángel de la muerte nazi
Fueron auténticas las barbaridades que cometió este doctor alemán, al servicio del régimen del Tercer Reich, a través de una serie de experimentos que supuestamente actuaban en pos del avance científico. Unas intervenciones que llevaron a Josef Meongele -su nombre real-, ganarse el apelativo de el ángel de la muerte.
Su pasión por la antropología se unió a los pensamientos de la época en el país germano, donde triunfaba la idea de que algunas razas eran superiores a otras. Un hecho que marcó su camino como médico -aunque antes hubiera participado como voluntario en algunas asociaciones solidarias como Cruz Roja-.
En cualquier caso, el campo de exterminio de Auschwitz -en Polonia- se convirtió en el principal escenario donde tuvo lugar su representación de terror. Allí encontró un auténtico laboratorio de pruebas humanas.
Los gemelos fueron la auténtica predilección de este médico alemán, ya que pensaba que en ellos podría encontrar la clave de la clonación humana, lo que podría permitir la reproducción selectiva de la raza aria. Ese era su fin principal, el triunfo de esta raza humana por encima de las demás.
La época de los tónicos milagrosos -con droga-
Algunas de las sustancias prohibidas, por dañinas y su alto valor adictivo, fueron otrora las principales valedoras de algunas de las medicinas que triunfaban en el Viejo Continente y Estados Unidos entre mediados y finales del Siglo XVIII y comienzos del XIX.
Y para muestra un botón, Bayer, el famoso laboratorio alemán, lanzó al mercado Heroin, un jarabe para paliar la tos de los niños y que contenía grandes cantidades de esta droga destructiva. Una pócima que se lanzó al mercado en 1898.
Pero no fueron los únicos; de hecho, la International Medical Magazine informaba en 1902 acerca de las bondades de esta sustancia, especialmente recomendada para hacer frente a la tos y bronquitis.
Para hacer frente, sin embargo, a los dolores y afecciones de dientes y boca se utilizaba otra sustancia, no menos peligrosa: la cocaína. De hecho, hasta 1904, la Coca Cola contaba con esta sustancia entre sus ingredientes estimulantes. Otro de los medicamentos más populares de la época eran aquellos que contenían morfina para los niños.
Las muelas las sacaba el barbero
A nadie se le ocurriría hoy en día sacarse una muela en una peluquería, pero hubo un tiempo en el que la práctica era habitual. Desde la Edad Media existía la figura del barbero sangrador, un singular gremio que lo mismo recortaba el cabello y cuidaba la barba de sus clientes como les realizaba sencillas operaciones bucales, aunque sus servicios iban más allá.
En su labor, enfrentada con la de los cirujanos con estudios, ejercían cortes en el craneo para frenar las migrañas y los dolores de cabeza, ya que la creencia popular admitía que era un método eficaz para relajar la presión craneal. Los documentos históricos cuentan como los representantes de esta variante profesional ejercían auténticas sangrías en sus pacientes. La trenapación y las sangrías eran algunas de las prácticas más repetidas en estos locales.
Por otro lado, y como dato llamativo, los postes que dan vuelta y que se han convertido en todo un símbolo -hoy en día vintage– histórico de las barberías para caballeros nacen de esta tradición, donde el poste representa el soporte en el que algunos pacientes apoyaban sus brazos y el color rojo el de la sangre de sus venas. Mientras que el blanco es el color clásico de las vendas que se ataban antiguamente.
Enemas de humo de tabaco
La mera lectura del tratamiento suena sorprendente, y es que -en la actualidad- se mira con reparo y extrañeza un remedio que introdujera humo de tabaco a través del ano de los pacientes, apoyándose en unos dispositivos especialmente creados para este fin.
La variedad de las afecciones contra las que se creía que era efectiva se muestra bastante extensa: cólera, todo tipo de problemas respiratorios o bronquitis. Su uso se extendió hasta los primeros años del siglo XX.
Hoy en día somos conscientes de todos los problemas para la salud que acarrea el humo de los cigarros, pero en aquella época no se tenia constancia de tales efectos negativos. Otra de las prácticas médicas sorprendentes a los ojos de un ciudadano del siglo XXI.
Las supuestas bondades del mercurio
El mercurio es uno de los elementos químicos más tóxicos, sin embargo hace unos cientos y miles de años no se conocía mucho acerca de los efectos negativos que este elemento químico podía conllevar para la salud de las personas.
Es más, por el contrario, se le atribuían factores y propiedades curativas a lo largo y ancho de todo el mundo conocido -que viene a coincidir con Euroasia-. Por ello, se aplicaba en modo de aceite sobre la piel, pero incluso se ingería. Se convirtió durante el siglo XIX en una de las sustancias más populares para curar la sífilis.
La terapia del descanso

Los médicos contaban con una solución mágica para calmar la histeria en las mujeres que presentaban este mal como patrón: no pensar, no moverse, no hablar, no levantarse de la cama, y en definitiva, no hacer nada.
Es decir, buscaban anular su personalidad, con lo que se creía que no se alterarían en absoluto. Esta terapia de choque fue utilizada por primera vez a mediados del siglo XIX por el médico Silas Weir Mitchell.
Bonus Track: Homeopatía
La homeopatía es una especie de tratamiento médico que ahonda sus raíces en los estudios realizados por el doctor alemán, Sammuel Hahnemman, durante el siglo XVII. Las tesis principales que defienden la homeopatía se basan en la creencia de que la misma sustancia que crea un mal, puede a su vez curarlo.
Este científico se cansó de los métodos médicos de su época, los cuales consideraba más perjudiciales que beneficiosos para la salud, y en parte no le faltaba razón.
Por lo tanto, se habla de un tratamiento que tuvo sentido en la época contemporánea de su autor, ya que los adelantos en este campos que se conocen en nuestros días ni se imaginaban en aquellos tiempos.
El problema viene cuando ciertos sectores, laboratorios y farmacias siguen vendiendo y exponiendo las supuestas ventajas de estos productos en nuestros días, con el consiguiente negocio que se hace a través de su producción y puesta a la venta.