Las acciones tokenizadas: la SEC abre la vía a las bolsas con 5 años de exención

La orden, emitida el 17 de septiembre, crea los Tokenized Securities Venues: plataformas con acceso restringido que deberán replicar los derechos de voto y dividendo de la acción. Los primeros avisos formales podrían llegar en el cuarto trimestre.

La SEC ha abierto una vía regulada para negociar acciones tokenizadas de empresas estadounidenses sobre blockchains públicas. La orden, emitida el 17 de septiembre y bautizada como Innovation Exemption, concede a las plataformas que se acojan a ella una exención de cinco años para operar sin registrarse como bolsa formal.

Tokenizar una acción consiste en representarla como un activo digital en una cadena de bloques, de forma que pueda comprarse y venderse con la misma mecánica que un token cualquiera. Hasta ahora ese mercado vivía en un limbo legal: los reguladores estadounidenses no tenían claro si esas plataformas eran bolsas encubiertas. La orden de la SEC responde justamente a esa pregunta, y lo hace sin esperar al Congreso.

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Qué permite exactamente la exención de cinco años

La orden crea la figura de los Tokenized Securities Venues (TSV), algo así como centros de negociación de valores tokenizados. Estas plataformas podrán dar acceso a versiones en blockchain de acciones que ya cotizan en bolsas estadounidenses, sin pasar por el registro completo que exige la ley para un mercado de valores tradicional. La protección se extiende durante cinco años, el tiempo que la Comisión se ha dado para decidir si el experimento se convierte en norma permanente.

El mecanismo de negociación también rompe con lo habitual. En lugar de un libro de órdenes —el sistema clásico en el que compradores y vendedores cruzan sus precios—, los TSV usarán piscinas de liquidez y algoritmos de fijación automática de precios, la misma lógica que emplean los protocolos de finanzas descentralizadas. Eso sí, con una diferencia de fondo: aquí hay una empresa identificable detrás, responsable de cumplir la normativa, y no un contrato anónimo.

Los primeros operadores podrían empezar a moverse en el cuarto trimestre de 2026. Taylor Lindman, asesor jefe del grupo de trabajo sobre cripto de la SEC, ha explicado en una entrevista junto a la comisionada Hester Peirce que ya hay varias compañías interesadas y que algunas presentarán sus avisos formales en los próximos meses. El texto de la orden sigue abierto a comentarios en la web oficial de la SEC.

La SEC no ha legalizado las acciones tokenizadas de golpe: ha diseñado un corredor vigilado con fecha de caducidad.

Las reglas que deben cumplir las plataformas

El marco llega con barandillas. Un TSV tendrá que ser una entidad estadounidense, cumplir las sanciones internacionales que vigila la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y operar con acceso restringido. Es decir, aunque los tokens vivan en cadenas públicas, no podrá entrar cualquiera con una cartera de criptomonedas: hará falta pasar un control previo de identidad.

Más delicado es el segundo requisito: los tokens deben representar propiedad real, con los mismos derechos de dividendo, y voto que la acción subyacente. Los productos que solo replican el precio sin conceder esos derechos, conocidos como tokens sintéticos, quedan fuera. La distinción no es menor: separa una acción de verdad, envuelta en tecnología, de una simple apuesta sobre su cotización.

Las empresas cotizadas ganan además una herramienta de veto. Cualquier plataforma que quiera tokenizar sus acciones deberá avisarle con treinta días de antelación, y si la compañía se opone dentro de ese plazo, el token no sale al mercado. Es un gesto que da a los emisores un control que no tenían en anteriores intentos de tokenización.

Queda un detalle técnico que había frenado proyectos previos. Los proveedores que aportan capital a esas piscinas de liquidez habrían sido clasificados como dealers, es decir, como intermediarios bursátiles, con un registro adicional a cuestas. La orden les concede una dispensa equivalente, y con eso despeja uno de los obstáculos más silenciosos del sector.

SEC tokenización

Una vía intermedia entre la ley que no llegó y la DeFi pura

El movimiento se entiende mejor mirando la semana previa. Dos días antes, la CLARITY Act, la ley llamada a ordenar el mercado cripto estadounidense, cayó en una votación de procedimiento del Senado por 49 votos a 50, muy lejos de los 60 que necesitaba para avanzar. Con el Congreso atascado, la SEC optó por usar las competencias que ya tenía. El presidente del organismo, Paul Atkins, ha descrito la exención como un puente hacia una regulación duradera.

Peirce ha salido al paso de quienes dudan de que esto tenga recorrido comercial. Los límites actuales sobre cuántos valores puede listar una plataforma y cuánto volumen puede soportar bastan para el uso previsto, sostiene. Y rechaza la etiqueta de DeFi: prefiere hablar de finanzas en cadena, porque detrás hay una empresa con nombre y apellidos que responde ante el regulador, y no una gobernanza anónima escrita solo en código.

Puestos a buscar precedentes, el más obvio es la aprobación en 2024 de los primeros fondos cotizados de bitcoin al contado. Aquello no fue una legalización del sector, sino un envoltorio regulado que abrió la puerta al dinero institucional. Algo parecido se intenta ahora con la renta variable. El riesgo, sin embargo, es distinto: aquí no se tokeniza un activo nuevo, sino una acción que ya existe y que ya tiene dueños con derechos reconocidos.

El otro flanco abierto es el reloj. La ventana de cinco años no es una licencia indefinida, y si el Congreso no aprueba una ley marco en ese plazo, las plataformas que hayan construido su negocio sobre la exención podrán encontrarse sin suelo. Nadie sabe todavía si esto acabará siendo una ley, una regla más ambiciosa de la propia SEC o un piloto que se apaga solo.

Lo que sí está claro es que la pelota vuelve al Capitolio. El primer TSV podría empezar a operar antes de que termine el año, y su funcionamiento será la prueba de fuego. Si las primeras plataformas cumplen y el volumen llega, la SEC tendrá argumentos para defender el modelo. Si no, la exención habrá servido para demostrar que el problema no era la falta de permisos, sino de compradores.


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