Factura de la luz en invierno: Ormuz y el frío dispararán el precio a 189 €/MWh

Tempos Energía cifra en 105 euros por megavatio hora el techo del gas si el estrecho sigue cerrado y llega el frío. Incluso el escenario más benigno deja la luz por encima de los 101 euros.

La factura de la luz del invierno se asoma ya a los 189 euros por megavatio hora. El bloqueo del Estrecho de Ormuz, unos depósitos de gas europeos que no han cumplido ni el objetivo rebajado de Bruselas y la llegada del frío dibujan un cierre de año que la consultora sevillana Tempos Energía sitúa como el más caro desde 2010, con la única excepción de 2021.

El director general de la firma, Antonio Aceituno, cifra en 105 euros por megavatio hora el techo del gas europeo si el estrecho permanece cerrado y el invierno llega con temperaturas por debajo de la media. Con ese combustible en el sistema, la electricidad del mercado mayorista se instalaría entre los 172 y los 189 euros por megavatio hora.

Publicidad

Septiembre acumula un precio medio de 140,94 euros por megavatio hora en el mercado diario que gestiona el operador OMIE, el más alto desde octubre de 2022 y el tercer septiembre más caro en dieciséis años. La subida acumulada desde junio es del 102,5%: de 69,59 euros se pasó a 104,75 en julio, 118,25 en agosto y 140,94 en septiembre. No fue un salto, sino una rampa.

Cuatro escenarios: de 101 a 189 euros por megavatio hora

El abanico que maneja Tempos Energía ordena el invierno en cuatro combinaciones. Si Ormuz sigue bloqueado y el frío aprieta, el gas escala a 105 euros y la luz se mueve entre 172 y 189. Si el invierno resulta suave y ventoso, como auguran los meteorólogos, pero el estrecho continúa cerrado, el gas cede a la franja de 73 a 78 euros y la luz baja a 137-145. Y si Ormuz reabre con el frío ya instalado, los metaneros no llegarían a tiempo para el último trimestre: gas entre 68 y 75 euros, electricidad entre 129 y 140.

Solo la cuarta combinación alivia de verdad el recibo. Con el estrecho abierto y un invierno benigno, el gas se quedaría entre 51 y 58 euros por megavatio hora y la luz entre 101 y 112. Aun así, no hay retorno a la primavera. El propio Aceituno lo resume con una advertencia incómoda: incluso en el mejor de los cuatro escenarios, vuelve la factura de 2025.

El mercado no descuenta un invierno barato en ninguna hipótesis: la horquilla más favorable deja la luz por encima de los 100 euros por megavatio hora.

Los tres relojes que tensionan el gas europeo

precio luz invierno 2026

Tres variables marcan el calendario. La primera son los depósitos, que cerrarán el año en un llenado máximo del 75%, lejos del 83% del ejercicio anterior y por debajo del 80% que Bruselas fijó como objetivo ya rebajado; con la llegada del frío, los almacenamientos se quedarán alrededor del 69%. La segunda es Qatar, cuya cláusula contractual vence a principios de noviembre, y su eventual prórroga será una señal más física que diplomática de lo que ocurre en el estrecho. La tercera es el excedente de gas licuado norteamericano, que ya ha sustituido a más de la mitad del volumen que Oriente Medio ha dejado de enviar.

La guerra imputa 47,6 euros de prima al gas y 77 a la luz. La paz se cobra en dos plazos: primero el titular, después el metanero.

La media mensual esconde, además, dos mercados dentro del mismo día. Entre las 13:00 y las 18:00, cuando la fotovoltaica empuja con más fuerza que nunca, el precio ronda los 36,20 euros por megavatio hora. De 19:00 a 22:00, con el gas en el mando, se dispara hasta los 217,77 euros. Seis veces más. La luz de la tarde y la luz de la noche no salen de la misma fábrica.

El gas de referencia europeo cerraba en 79,54 euros por megavatio hora, después de duplicar su precio en ochenta días. En junio costaba 40; hace un año, 33. En agosto solo un cargamento catarí logró cruzar el estrecho, cuando antes del bloqueo lo hacían tres al día. Los futuros eléctricos ya descuentan un último trimestre en 146,80 euros y un primer trimestre de 2027 en 126,70. Primavera y verano han dejado de actuar como refugio.

Tampoco el crudo ofrece alivio. El Brent se apoya en los 121,18 dólares por barril, sin una referencia clara, y la consultora dibuja tres escenarios hasta diciembre: entre 105 y 125 dólares si el oleoducto saudí reaparece a plazos y el conflicto se frena; entre 130 y 150 si Washington retoma la ofensiva sobre Irán o los daños del oleoducto resultan más graves de lo previsto; y entre 85 y 100 si las elecciones de medio mandato de noviembre en Estados Unidos cambian el tablero.

Hay un tercer contrapeso que explica por qué el gas sube pero no se desboca. Asia ha dejado de pujar: China y Pakistán compran menos y los cargamentos que antes iban a esos mercados acaban en Europa. Esa competencia desviada eleva el precio, pero evita el disparo. El problema es que el colchón también se consume, y desde Bank of America se anticipa un superávit relevante de gas licuado cuando la guerra concluya, aunque esa abundancia llegará después de este invierno, no durante él.

Un invierno sin colchón: el margen que Europa dejó estrecharse

Los amortiguadores que han absorbido los últimos años de pérdidas de suministro se están agotando. La menor demanda china, la liquidación de inventarios, la flexibilidad de la flota de metaneros y el aumento de la producción estadounidense ha permitido que cada sobresalto se traduzca en un precio más alto, pero no en un desabastecimiento. Esa es la frontera entre una factura incómoda y una crisis. Mientras aguanten, el sistema resiste; el día que salten, el problema dejará de ser el precio.

El dato incómodo es el calendario. Europa afronta este otoño con los depósitos por debajo de sus objetivos y con una previsión de cierre que ni Bruselas considera ya alcanzable. La política energética de los últimos ejercicios apostó por diversificar proveedores y por acelerar la instalación renovable. Ambas cosas han funcionado. Lo que no ha cambiado es la dependencia del gas en las horas sin sol, precisamente las que fijan el precio marginal del día completo.

Ahí aparece la contradicción que el mercado no termina de resolver. La fotovoltaica española produce a mediodía electricidad a 36 euros por megavatio hora, pero el recibo doméstico se calcula con lo que cuesta la última tecnología que entra en el sistema, y esa sigue siendo el ciclo combinado. Sin almacenamiento suficiente para trasladar el excedente solar a la noche, el país exporta electricidad barata mientras importa gas caro.

El precedente de 2022 no sirve de brújula. Aquel episodio tuvo un origen identificable y desencadenó una respuesta europea coordinada. El riesgo que dibuja el escenario actual es distinto: una acumulación de bloqueos parciales, ninguno decisivo por sí solo, que van estrechando el margen sin llegar a romperlo. Los precios suben por suma, no por impacto.

Ningún escenario de la tabla es cómodo. Si el invierno es suave, los depósitos aguantan y Ormuz no reabre, el gas se queda entre 73 y 78 euros y la luz entre 137 y 145. El precio de septiembre se prolongaría hasta diciembre, sin picos extremos pero sin tregua. La pregunta que el sector debe responder antes de que acabe el año no es cuánto subirá la luz, sino cuánto margen queda antes de que el sistema deje de absorber sobresaltos. El vencimiento de la cláusula catarí a principios de noviembre será la primera respuesta.

Nada de esto es irreversible. Un otoño ventoso, una reapertura real del estrecho y una inyección sostenida en los depósitos devolverían la luz al entorno de los 101 a 112 euros por megavatio hora. La diferencia entre ese escenario y el de 189 euros no la decidirá la meteorología. La decidirá el calendario de Ormuz.


Publicidad