Si para cualquier mujer trabajadora afrontar la maternidad ya es todo un reto, la cosa se complica todavía más si se trata de una autónoma. Aunque puede parecer que los trabajadores por cuenta propia lo tienen más fácil para conciliar su vida personal y laboral, lo cierto es que no es así. Con frecuencia trabajan más horas que un empleado por cuenta ajena.
Esto, sumado a la menor protección social que tienen los autónomos, hace que una autónoma se lo piense todavía más cuando se trata de ser madre. Sin embargo, son muchas las valientes que se atreven a dar el paso, aún a sabiendas de que a partir de ese momento van a tener que hacer auténticos malabares para atender a su negocio sin desatender a su familia. Ser madre y autónoma es todo un reto.
Preparando la maternidad

Es cierto que hay niños que llegan en el momento menos esperado, pero en la mayoría de los casos las personas planifican la ampliación de la familia, y esto es algo que juega a favor de la autónoma. Si tiene planteado ser madre en un plazo breve de tiempo puede aprovechar y aumentar sus cotizaciones.
La prestación de maternidad de la autónoma depende de la base de cotización que tuviera en el momento de ser madre. De ahí que sea aconsejable que la profesional que está intentando tener un hijo aumente su base de cotización, así, tiene la seguridad de que cuando nazca el niño o la niña tendrá una prestación algo más alta de la que le correspondería si cotiza por la base mínima.
La necesidad de proteger a las autónomas

Poco a poco se va rompiendo la brecha de género en el trabajo por cuenta propia. En la actualidad 1 de cada 3 autónomos es una mujer, de ahí la necesidad de otorgar a estas personas una protección extra cuando deciden ser madres, de forma que la maternidad no suponga para ellas tener que dejar su profesión.
Es por ello que en los últimos años se han ido aprobando diferentes ayudas destinadas a ayudar a las profesionales que trabajan por cuenta propia. Entre ellas destaca el permiso de maternidad e incluso una prestación no contributiva por maternidad que está destinada a aquellas madres autónomas que no han cotizado lo suficiente.
Baja de maternidad de la autónoma

Hasta hace unos años la autónoma que decidía emprender el camino de la maternidad prácticamente no tenía ayudas, pero en la actualidad puede disfrutar de un permiso remunerado de 16 semanas cuya cuantía se calculará atendiendo a las bases de cotización de los seis meses anteriores a la baja.
Para poder acceder a esta prestación por maternidad es necesario que la autónoma tenga cubierto un período de cotización de 180 días en 7 años o 360 días en toda su vida laboral si tiene más de 26 años. Si tiene entre 21 y 26 años deberá haber cotizado al menos 90 días en los 7 años anteriores o 180 días en toda la vida laboral. En el caso de las madres autónomas de menos de 21 años no se exige ningún período mínimo de cotización.
Prestación por maternidad no contributiva

Puede ocurrir que en el momento de ser madre como autónoma no hayas cotizado lo suficiente como para cobrar la prestación de maternidad a la que acabamos de hacer referencia. Pero en este caso no te quedas desamparada, puedes optar a una pensión no contributiva de maternidad.
El subsidio tiene una duración de solo 42 días desde el momento del parto, aunque se puede ampliar en ciertos casos como los de parto múltiple o familia monoparental. La cuantía que se cobra es el 100% del indicador público de renta de efectos múltiples (IPREM). Tanto en este caso como en el supuesto de prestación por maternidad contributiva las autónomas están exentas de pagar la cuota a la Seguridad Social mientras dure su baja de maternidad.
Maternidad no debe ser sinónimo de abandono del trabajo

Compaginar los roles de madre y profesional por cuenta propia es tan complicado que hasta un 70% de las autónomas que se convierten en madres acaban dándose de baja del RETA. Por eso en los últimos años se han intentado buscar soluciones a este problema, con alternativas que permitan a la profesional seguir adelante con su negocio.
Ahora, aquellas autónomas que abandonaron el RETA tras ser madres pueden volver a darse de alta y disfrutar de la tarifa plana o bien de una bonificación del 80% de la cuota si escogen una base de cotización que no sea la mínima. Se busca así aumentar la presencia de mujeres en el colectivo de autónomos y que la maternidad no sea un obstáculo en el desarrollo laboral y profesional de las mujeres.
La madre autónoma con negocio físico

Aquellas autónomas madres que tienen un negocio físico no lo tienen fácil para compaginar su vida personal y su vida laboral, ya que cada día deben cumplir con un horario laboral estricto, aunque se lo hayan impuesto ellas mismas. En muchas ocasiones es un horario comercial que difícilmente encaja con los horarios de los niños.
Esta situación hace que los niveles de estrés sean notablemente más elevados entre este perfil de autónomo, que tiene que afrontar el difícil reto de gestionarlo y organizarlo todo bien en su negocio y también en su vida familiar.
La madre autónoma que trabaja desde casa

Puede parecer que trabajar desde casa es toda una ventaja si se busca conciliar, pero no es así. Con frecuencia las madres autónomas que tienen su oficina en casa sufren también altos niveles de estrés. No es nada sencillo mantener la concentración en el trabajo mientras hay un bebé llorando o si se tiene que estar pendiente del horario de salida de los niños del cole.
En definitiva, ser madre y trabajadora por cuenta propia es un reto que solo está al alcance de las más valientes. Sí, las cosas han mejorado con respecto a hace unos años, pero todavía queda mucho por hacer. Si eres autónoma madre tienes que armarte de paciencia y ser muy organizada.











































