La escasez de combustible en Rusia obliga a Moscú a importar gas por primera vez

Los ataques con drones ucranianos han dejado fuera de servicio un tercio de la capacidad de refino rusa y forzado al Kremlin a una medida inédita para el mayor exportador energético mundial. Las colas en las gasolineras llegan a Siberia y el racionamiento se extiende por todo el

Rusia, el país que durante décadas se ha presentado como la gran gasolinera del mundo, se enfrenta a una situación insólita para la que ni el Kremlin tenía un plan. La campaña de ataques con drones de Ucrania contra sus refinerías ha sido tan efectiva que Moscú se ha visto obligada a planificar la importación de gas por primera vez en su historia reciente. He seguido de cerca la evolución de esta crisis, y lo que revelan las cifras es un golpe directo al corazón logístico de la maquinaria bélica rusa y a la vida cotidiana de sus ciudadanos.

Refinerías en llamas: las cifras del colapso energético ruso

Los datos que he recopilado de los análisis de Energy Intelligence y las fuentes consultadas por The Wall Street Journal dibujan un panorama devastador. Los bombardeos ucranianos, que comenzaron en marzo y se han intensificado hasta alcanzar objetivos a casi 2.000 kilómetros de la frontera, han dejado fuera de servicio un porcentaje muy significativo de la capacidad de refinado del país. Me detengo en las estimaciones más fiables:

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  • Gary Peach, analista de mercados petroleros de Energy Intelligence, sitúa la caída del procesamiento de crudo en junio en un 25 % interanual, hasta los 3,95 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en más de dos décadas.
  • Sergey Vakulenko, exjefe de estrategia de Gazprom Neft, estima que el 28 % de la capacidad de refinación rusa está inactiva.
  • Chris Wwafer, director ejecutivo de la consultora Macro-Advisory Ltd, eleva esa proporción hasta un tercio del total, añadiendo que las plantas no confirman públicamente el alcance real de los daños.

Estas cifras no son meras estadísticas. Se traducen en colas de varias horas en las estaciones de servicio, racionamiento en numerosas regiones e incluso en la instalación de baños portátiles para los conductores en la ciudad siberiana de Irkutsk. La inflación en el surtidor y la frustración ciudadana son fenómenos que el Kremlin ya no puede ocultar tras sus canales de propaganda.

“Un tercio de la capacidad de refinación de petróleo de Rusia está fuera de servicio.” — Chris Wwafer, director ejecutivo de Macro-Advisory Ltd, en declaraciones a Associated Press.

Análisis: por qué importar gasolina es un síntoma de debilidad estructural

Lo que observo en esta coyuntura no es solo un problema logístico puntual, sino un cambio de paradigma que afecta a la percepción de invulnerabilidad energética del Kremlin. Durante años, Moscú utilizó el suministro de hidrocarburos como herramienta de presión geopolítica; ahora, necesita comprar en el exterior el combustible que antes exportaba. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, lo confirmó con una naturalidad que no disimula la gravedad del momento, y el propio Vladimir Putin admitió que “persisten los problemas tanto para los automovilistas como para las empresas”. Incluso está sobre la mesa la prohibición de las exportaciones de diésel, una medida que pondría en jaque a varios socios comerciales aún dependientes de esos flujos.

Sin embargo, hay un riesgo adicional que va más allá del malestar doméstico. Si la capacidad de refino sigue mermada, Rusia podría verse forzada a desviar crudo destinado a la exportación para alimentar sus pocas plantas operativas, lo que tensionaría aún más el mercado global de productos refinados. En un contexto de sanciones occidentales ya asentadas, este shock añade una prima de riesgo sobre los precios internacionales del diésel y la gasolina spot, justo cuando Europa intenta consolidar su desacoplamiento energético del este. El verdadero termómetro para el siguiente capítulo de esta crisis será la cifra de actividad de las refinerías rusas en julio: si no se recupera, el impacto en las cotizaciones y en la estabilidad social dentro de Rusia será difícil de contener.

🌍 El impacto en España y Europa

Aunque la Unión Europea vetó las importaciones de productos petrolíferos rusos en 2023, la disrupción de una pieza tan grande del tablero global del refino tiene consecuencias directas para los consumidores españoles. Lo explico paso a paso:

  • Precios de los carburantes: una menor disponibilidad de diésel y gasolina a escala mundial presiona al alza las cotizaciones internacionales (ICE Gasoil, RBOB Gasoline), y España, como importador neto de estos productos, trasladará ese incremento al precio final en las gasolineras. Las familias y los transportistas notarán el encarecimiento en pocas semanas.
  • Inflación y Euríbor: un repunte sostenido del precio energético es un freno automático al proceso de desinflación en la eurozona. Si el BCE interpreta que el riesgo de segunda ronda inflacionista es real, retrasará nuevos recortes de tipos. Eso mantendrá el Euríbor elevado más tiempo, lo que encarece las cuotas de las hipotecas variables y enfría el consumo interno.
  • Empresas exportadoras: las compañías españolas con intereses en mercados emergentes que dependen del diésel ruso (algunos países asiáticos o del Mediterráneo oriental) podrían enfrentarse a una ralentización de la demanda si esos socios sufren escasez de combustible.

En definitiva, lo que empezó como una página más de la guerra en Ucrania se ha convertido en un factor macroeconómico de primer orden para la inflación europea. Seguiré atento al dato de producción de refino en Rusia del próximo mes: si la caída persiste, los mercados de renta fija empezarán a descontar un horizonte de tipos altos más prolongado del que hoy reflejan las curvas.


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