La relación entre Estados Unidos y España ha entrado en una fase de abierto malestar. Me fijo en las declaraciones del embajador estadounidense ante la OTAN, Matt Whitaker, quien ha verbalizado la ‘decepción’ del presidente Donald Trump por el veto español al uso de las bases de Morón y Rota durante la operación ‘Epic Fury‘ contra Irán y por la negativa del Gobierno de Pedro Sánchez a elevar el gasto militar al 5% del PIB. Las palabras, recogidas ayer a las puertas de la cumbre de la Alianza que se celebra la semana que viene en Ankara, marcan un nuevo punto de fricción entre Washington y Moncloa.
Las dos líneas rojas de Washington
Dos asuntos han provocado el enfado de la Casa Blanca, según detalló Whitaker.
- Veto a las bases en la guerra de Irán: España impidió el sobrevuelo y la utilización de las instalaciones militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para la ofensiva aérea contra Irán. La administración estadounidense lo considera una falta de solidaridad aliada en una misión que, a sus ojos, era crucial para la seguridad del flanco sur.
- El 5% del PIB en defensa: Pese al compromiso unánime firmado en la cumbre de la OTAN de La Haya en 2025, España mantiene un gasto en Defensa estancado en torno al 1,3% del PIB. Muy lejos no solo del nuevo listón del 5% que exige Trump, sino incluso de la anterior meta del 2% que ya se consideraba insuficiente.
«No hay duda de que el presidente está decepcionado con España. Tanto por las cuestiones de restricción de acceso a las bases y al sobrevuelo que vimos durante ‘Epic Fury’, y también, ya saben, por su falta de voluntad para demostrar una trayectoria creíble hacia el 5%» — Matt Whitaker, embajador de EE.UU. ante la OTAN, declaraciones a la prensa, 1 de julio de 2026
Whitaker añadió que «los españoles entienden» las críticas y recordó que los 32 aliados suscribieron de forma unánime el compromiso de La Haya. Washington espera que «todos respondan» y se pongan en una «trayectoria creíble» hacia el 5%.
El coste de no alinearse con Washington
Lo que me parece más relevante de estas declaraciones no es la retórica de reproche, sino la advertencia velada que contiene. El embajador explicó que aquellos países que «hacen más» en defensa «deberían obtener beneficios por hacer más» en las relaciones bilaterales con Estados Unidos: más tiempo con los líderes estadounidenses y prioridad en las adquisiciones de material militar. La lectura inversa es clara: quienes no cumplen pueden ser marginados. No es una concesión diplomática; es una estrategia de incentivos y castigos que la Administración Trump ya aplicó durante su primer mandato —por ejemplo, al sancionar a empresas europeas implicadas en el Nord Stream 2— y que ahora vuelve a poner sobre la mesa.
En este contexto, Whitaker matizó que cumplir con el gasto «no da a nadie un pase libre» y que «todos los aliados» deben responder. La cumbre de Ankara del 9 y 10 de julio se convierte así en la primera prueba de fuego. Aunque no se esperan anuncios de represalias directas, la tensión podría traducirse en una pérdida de influencia para España en los foros de la OTAN y en un boicot tácito a la industria de defensa española por parte de los contratistas estadounidenses.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo sobre el Euríbor y las hipotecas españolas es prácticamente nulo, pero la presión de Washington para elevar el gasto militar tiene consecuencias presupuestarias. Un eventual aumento del presupuesto de Defensa hasta el 5% del PIB obligaría al Gobierno a realizar ajustes en otras partidas —sanidad, educación o pensiones— o a incrementar la deuda pública, lo que sí podría afectar a la prima de riesgo y al coste de financiación del Estado. Mientras tanto, el Ibex 35 observa con cautela: empresas como Indra o Airbus España podrían verse perjudicadas si las tensiones reducen la cooperación industrial con Estados Unidos. A nivel europeo, la disputa con Madrid debilita la cohesión de la OTAN en el flanco sur justo cuando la Alianza necesita unidad frente a los desafíos de Rusia y China.




