La cocaína es una de las drogas que consumen más personas de las que puedes llegar a pensar. Hay gente que la toma por moda, para aguantar más el alcohol o incluso para poder trabajar más horas. El problema es que los síntomas, la adicción y el daño que le provoca a tu cuerpo, tanto la cocaína como las sustancias que le añaden al adulterarla, no merecen la pena.
Las drogas pueden hacer que una persona cambie a otra totalmente diferente y además arruina una familia entera sin que te des cuenta. Cuando la consumes, piensas que estás bien y que controlas, que llegar a ser adicto no te sucederá a ti. No obstante, la cocaína es de las drogas a las que antes se acostumbra tu organismo y de las que cada vez te pedirá más.
Tu cerebro te hace desear consumir. Si estás acostumbrado a meterte rayas mientras bebes, en el momento en el que tomes una cerveza tu cuerpo se pondrá en estado de alerta esperando su dosis. Lo más responsable es no probarla nunca y así evitas todo lo que puede acarrearte.
La cocaína contiene otros productos para cortarla y hacerla más pesada. Al venderse por gramos, cuanta menos cantidad saque de materia prima el camello, más margen de beneficio sacará sin importarle los daños.
El día siguiente de tomar cocaína tu cuerpo también reacciona y no te hará gracia cómo:
Fatiga por cocaína
La fatiga se trata de una falta de energía y sensación de desmotivación. Esta puede estar provocada por un gran esfuerzo físico o por no dormir. Ambos elementos serán algo habitual tras el consumo de cocaína.
Cuando tomas cocaína, tu cuerpo se altera y se tensa. Haces movimientos más bruscos y estás pendiente de casi todo lo que sucede a tu alrededor. Eso crea un agotamiento físico y mental considerable del que no te estás dando cuenta.
Al día siguiente de haber tomado la droga, tu organismo estará cansado y sin ganas de moverte. Si esto sucede repetidas veces y no descansas lo suficiente puedes llegar a sufrir episodios de ansiedad, estrés o incluso trastornos mentales más graves.
Somnolencia por consumo de cocaína
La somnolencia es tener la necesidad física e imperativa de dormir. Cuando te metes cocaína no duermes, estás totalmente despejado y no notas el cansancio por muchas horas que pasen. Además, el problema es que, a medida que tu cuerpo va eliminando la droga, tu cerebro te pide más.
Si al día siguiente de meterte droga tienes que conducir o trabajar puedes estar poniendo en peligro tanto tu vida como la de los demás. Tienes que descansar y recuperarte del “subidón” que de seguro ha durado hasta casi la mañana.
El sueño es algo que muchas veces no se puede controlar. En ocasiones, tu organismo decide que las persianas se te cierran y pegas el cabezazo. Mientras que estés en el sofá no pasa nada, pero si estás conduciendo piensa los resultados.
Irritable
Cuando no has descansado bien estás más irascible que de costumbre. Estás cansado física y anímicamente. La cocaína te altera y puedes llegar a ser peligroso. Ves amenazas donde no las hay, no notas el dolor igual que si estás sin drogar y el miedo desaparece casi por completo.
Al despertarte, no sabrás ni la hora que es ni casi dónde estás. Tan solo quieres morirte y que la luz no te dé directamente en los ojos porque puedes llegar a cometer un homicidio.
El resto de personas que conviven contigo sufren las consecuencias de tu “noche de fiesta”. No quieres que te hablen ni quieres sociabilizar. Si estás consumiendo de forma asidua, tu organismo te pedirá otra dosis para comenzar a pensar que se siente mejor.
Pérdida de apetito por cocaína
La cocaína hace que tu apetito disminuya. Al día siguiente no te apetece comer nada. Con la marihuana te entra hambre y puedes devorar un ñu, sin embargo, cuando consumes cocaína tus ganas de comer desaparecen.
Puede resultarte tentador para adelgazar, pero recuerda la cara y el aspecto que tienen los DROGADICTOS. Están delgados, pero en ningún momento eso es sinónimo de saludable.
Cuando llevas un tiempo consumiendo dejas de comer, tus pómulos se marcan, las ojeras se intensifican y tu rostro se transforma en el de un cadáver.
Náuseas
La cocaína está cortada con productos que pueden hacerte mucho daño. Esta se puede esnifar, fumar o lamer. En cualquiera de los casos, pasa al torrente sanguíneo afectando a todos los órganos de tu cuerpo.
La droga se metaboliza y puede hacer que tu organismo sufra las consecuencias. El vómito por la mañana o las náuseas son la respuesta por lo bien que lo has hecho.
Si no duermes, no comes y te metes porquerías como matarratas o disolvente que le echan a la cocaína para que sea más beneficiosa para el camello, lo mínimo que te puede pasar es tener náuseas.
Abstinencia
El síndrome de abstinencia es lo que hace que un drogadicto vaya por otra dosis más de cocaína. El cuerpo comienza a dolerte, tienes fatiga, náuseas, vómitos, inapetencia e irritabilidad.
Todos esos síntomas significan que se te ha ido de las manos
y que tu cuerpo te está exigiendo que consumas otra vez para poder estar
normal.
La abstinencia física es fuerte, pero en algunos casos la
psicológica a la cocaína es aún mayor. El síndrome de abstinencia puede hacerte
robar, agredir o incluso matar por dinero para conseguir más droga.
Disfunción sexual
Tras consumir cocaína, el sexo deja de ser normal. Puede ser que a los hombres les deje sin erección o que, al contrario, no sientan nada al tener sexo y el pene no se les baje ni lleguen al orgasmo.
En las mujeres el consumo de droga hace que nunca tengan un
orgasmo. Hay muchas personas que usan la cocaína para adormecer el miembro y
ponérselo más duro y así tardar más en terminar.
El sexo tiene que ser algo placentero y si tienes la necesidad de estar drogado para disfrutarlo tienes un grave problema y deberías acudir al médico.
Depresión
Cuando no te sientes bien, estás estresado, tienes sueño, cansancio, las fuerzas te abandonan y la energía ha dejado de estar a tu lado, la depresión es inminente.
Si la cocaína no ha destrozado tu vida lo terminará haciendo. Necesitas dinero para poder comprarla y si tu adicción es considerable lo quitarás incluso de la comida de casa sin importar las consecuencias.
En ocasiones, los drogadictos son conscientes de todo lo que les sucede y pueden entrar en depresión llegando a tener riesgo de suicidio.