Brasil prohíbe Bitcoin y cripto en pagos transfronterizos

El Banco Central justifica el veto en la lucha contra el lavado de capitales y el control cambiario. La medida cierra una vía clave para remesas y pagos en stablecoins, y previsiblemente marcará el rumbo regulatorio del resto de Latinoamérica.

Brasil ha cerrado la puerta al uso de bitcoin y criptomonedas en pagos que crucen sus fronteras. El Banco Central del país ha publicado una norma que prohíbe expresamente liquidar operaciones internacionales con activos digitales, una decisión que afecta a empresas, plataformas y particulares que llevaban años utilizando esta vía como atajo para mover dinero fuera del sistema bancario tradicional.

La medida no es menor. Brasil es el mayor mercado cripto de Latinoamérica y uno de los diez más activos del mundo en volumen, así que cualquier movimiento del regulador brasileño marca tendencia regional. Y esta vez el mensaje es contundente: si quieres enviar o recibir dinero desde el extranjero, tendrás que hacerlo por los canales habituales, los que pasan por bancos, casas de cambio reguladas y supervisión fiscal.

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Qué prohíbe exactamente la nueva norma del Banco Central

La regulación se centra en los pagos transfronterizos, es decir, las transacciones en las que el dinero entra o sale de Brasil. A partir de su entrada en vigor, las plataformas autorizadas para operar con divisas no podrán aceptar bitcoin, ether, stablecoins (criptomonedas diseñadas para mantener una paridad estable con el dólar u otra moneda, como USDT o USDC) ni ningún otro activo digital como medio de liquidación en estas operaciones.

Esto incluye remesas familiares, pagos a proveedores extranjeros, comercio electrónico internacional y cualquier otra forma de mover valor entre Brasil y el exterior. El uso de criptomonedas dentro del país, entre dos brasileños, no queda prohibido por esta norma concreta. Lo que se cierra es la puerta de salida y de entrada.

El regulador justifica la decisión con dos argumentos principales: la lucha contra el lavado de capitales y la necesidad de que toda divisa que entre o salga del país pase por el filtro del control cambiario. Dicho de otro modo, el Banco Central quiere ver y registrar cada flujo, algo que las criptomonedas, por diseño, dificultan.

A quién afecta y por qué importa más allá de Brasil

Los más afectados son los exchanges (las plataformas donde se compran y venden criptomonedas) que ofrecían servicios de pagos internacionales, las fintech que usaban stablecoins como puente para abaratar remesas y las empresas exportadoras que cobraban en cripto a clientes extranjeros para esquivar comisiones bancarias. Todas ellas tendrán que reestructurar sus operaciones o salir del mercado brasileño.

El uso de stablecoins en dólares había crecido con fuerza en Brasil precisamente como vía para acceder a divisa estadounidense sin depender de la banca tradicional. Según los datos publicados por la propia autoridad cripto local, una parte sustancial del volumen operado en el país correspondía a USDT y otras stablecoins, en muchos casos vinculado a flujos transfronterizos. Ese canal queda ahora cortado por norma.

Para el resto de la región, la decisión es una señal de alerta. Argentina, Colombia o México llevan tiempo observando cómo regular un fenómeno que ha desbordado a sus bancos centrales. Si Brasil, que hasta ahora había mantenido una postura relativamente abierta, da este giro, es probable que otros sigan. Conviene seguir de cerca lo que decida la autoridad monetaria brasileña en los próximos meses, porque suele marcar el ritmo regulatorio del continente.

Una decisión que se inscribe en una tendencia global

La medida brasileña no llega en el vacío. Encaja con un movimiento más amplio que viene desde 2024, cuando la Unión Europea activó por completo su reglamento MiCA, el primer marco integral para criptoactivos en un bloque económico relevante. Estados Unidos, por su parte, ha endurecido el cerco sobre las stablecoins tras los sustos que dejó la caída de Terra-Luna en 2022, aquel colapso de un proyecto que prometía estabilidad y se evaporó en 72 horas, llevándose por delante unos 40.000 millones de dólares en valor.

Hay un patrón claro: los bancos centrales no quieren que el dinero programable sustituya a la tubería tradicional sin pasar por su control. Y, en mi lectura, la prohibición brasileña es coherente con esa lógica, aunque también tiene un coste. Las remesas, que en Latinoamérica suelen pagar comisiones del 5% al 7% por la vía bancaria, encontraban en las stablecoins una alternativa más barata. Esa puerta, para los brasileños, se cierra.

Queda por ver cómo se aplicará la norma en la práctica. La frontera entre un pago transfronterizo y una operación interna puede ser borrosa cuando hablamos de redes que funcionan 24 horas y no entienden de jurisdicciones. La supervisión efectiva exigirá cooperación con los exchanges y, probablemente, con plataformas extranjeras. Si el regulador consigue cerrar el grifo o si simplemente lo desplaza al mercado informal es una pregunta que solo tendrá respuesta con el paso de los meses.

El próximo episodio relevante será la regulación complementaria que el Banco Central tiene pendiente publicar sobre activos virtuales en general, prevista para los próximos trimestres. Ahí se verá si la línea dura se mantiene o si deja resquicios para usos innovadores. De momento, el mensaje es claro: en Brasil, el cripto no cruza la frontera.


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