Somos un país cervecero pero también muy de vinos. No en vano somos potencia, con muchísimas denominaciones de origen que triunfan no sólo en España sino en el resto del mundo. Todos creemos saber algo de vinos, pero lo cierto es que es complicado ser experto y reconocer los aromas, sabores, propiedades, por qué es mejor o peor un caldo u otro. Vamos a resolver todas esas dudas y destapar las grandes mentiras que hay alrededor del vino, o mejor dicho, de lo que te han contado. Ahora, cada vez que descorches una botella, sabrás lo que hay que saber y sobre todo ignorarás aquello que no se corresponde con la realidad. Vamos a verlo.
MENTIRA UNO: EL TINTO ES SOLO PARA LA CARNE

Seguro que es de lo primero que te vienen a la mente con el vino tinto: “lo uso para las carnes y el blanco para los pescados”. Pues es un mito o costumbre que no se basa en nada. Todo depende del estilo de vinificación y de la elaboración del plato. Lo fundamental es elegir bien el vino, no el tipo. La realidad completa es que los tintos con crianza combinan mejor con recetas potentes, como guisos o carnes, pero los pescados grasos admiten perfectamente un vino tinto más ligero.
Pero no hay que basarse en para esto tinto y para aquello blanco. Tiene más que ver con qué vino armoniza mejor según los ingredientes y la combinación de sabores. No hay reglas fijas.
LA CALIDAD Y LA BARRICA
Todos hemos escuchado comentarios en comidas y cenas de alguien que parece que sabe de vinos y lo quiere demostrar con frases como “uy, qué ligero, este tinto es normalucho”. Pues otro error más. La barrica no es el “santo grial” del vino, es más, últimamente la tendencia es a que el consumidor prefiera un vino con menor presencia en barrica.
Y es que no se trata de mayor o menor calidad, sino de gustos al final. Lo sibarita debe de estar en el sabor y lo que gusta, no en cómo se ha elaborado el vino y cuánto ha durado el proceso o dónde. Eso sí, la barrica es un elemento fundamental en el proceso de elaboración de un tinto. Bien usada estabiliza, equilibra, limpia y evoluciona los aromas, pero no define su excelencia.
UN MANTRA: EL VINO TINTO MEJORA CON EL TIEMPO

Tiene mucha relación con lo anterior, pero no es una afirmación categórica. Depende. Muchos vinos que consumimos habitualmente, de hecho, están hechos para beberse jóvenes, en el mismo año, de cosecha, y no para que descansen años y supuestamente ganen en calidad.
Y es que no hay que olvidar que todos los vinos tintos, al final, como cualquier producto, están para consumirse cuanto antes, aunque cada uno tengo su momento óptimo de consumo. Para ello hay que informarse del tipo de uva, la añada y la crianza, sabiendo así si conviene guardar un tiempo la botella o no.
MENTIRA 4: BEBERLO A TEMPERATURA AMBIENTE

¿Y eso qué significa? ¿Y si estamos en casa a 30 grados o a 10? Obviamente no se trata de eso, no es lo mismo tomar un vino tinto en Asturias que en Sevilla. Deberíamos hablar por tanto de temperatura óptima y no ambiente. Para un vino crianza, la ideal está entre 15 y 16 grados, y algo menos en los jóvenes: entre 12 y 14 años.
HAY QUE DECANTAR EL VINO TINTO

Es otra falsa creencia. Los vinos tintos no se decantan y muy pocos lo necesitan. En tal caso, se usa para eliminar posibles sedimentos de vinos muy viejos. También se puede decantar un vino para oxigenarlo, en el caso de que al abrir la botella percibamos olores desagradables. Pero cuidado, porque en este caso igual está para tirar, debido a su edad, acelerando su “muerte” al decantarlo. No obstante, puede que necesite oxigenarse unos minutos, aunque puede bastar con abrir la botella un rato para airear el vino y servir.
EL VINO TINTO CON ROSCA, MALO

Esto es más una cuestión de percepción, de tradición o de costumbres, nada más. Para los vinos del año, la rosca asegura con la misma fiabilidad que el corcho que el líquido se mantendrá en buen estado, sin evolucionar, y, además, estará libre de contaminaciones.
Muchas marcas optan por tapar con rosca, chapa o con corchos sintéticos no porque sea mejor o peor, sino por salud. Y es que hay una mínima posibilidad de la llamada TCA o enfermedad del corcho. Pero no es mejor ni peor unos u otros para la calidad el vino y su conservación.
A VUELTAS CON LA ACIDEZ

Es otro de los temas recurrentes para los “cuñados” del vino tinto. Es una afirmación no sólo falsa, sino que es lo contrario: un buen vino tinto o blanco debe tener acidez, si bien controlada, claro. La acidez es lo que ayuda al vino a equilibrarse y mantenerse vivo con el paso del tiempo. Si no tiene, su sabor queda plano y por tanto no marida bien con nada.
¿A MÁS CARO, MEJOR VINO?

Pasa en muchos órdenes, y con el vino tinto también. Lo más caro no es lo mejor a veces, y en este caso pasa eso. Hay mucha leyenda y postureo con esto, además de especulación, con botellas a precio de oro cuando en el mejor de los casos sabrá mucho peor que un vino del año, sino que igual no se podrá ni tomar.
No obstante fíate de los expertos de verdad para elegir la variedad, estilo, región, precio… Hoy en día está la ventaja de la gran oferta y por tanto poder comprar vinos muy baratos de gran calidad. Hablamos de vinos de marca blanca de 4 euros que nada tienen que envidiar a una recomendación de restaurante a 20 euros la botella.
VINO TINTO PARA EL INVIERNO, BLANCO PARA EL VERANO

¿Y el rosado para el entretiempo? Pues por esa regla de tres si, pero no es así. El vino y las estaciones no tienen relación a la hora de la calidad o conveniencia de su consumo. Aunque ante las altas temperaturas el cuerpo nos pida bebidas frías y sea más común encontrar esa sensación en blancos y rosados (sobre todo si tenemos a mano una hielera), también existen tintos para combatir el calor.
De hecho, si aprieta el calor, no pasa nada por servirlo a una temperatura más fría, como si fuera un refresco. No es ningún sacrilegio e igual te gusta más así, que es de lo que se trata.
NO LO CONSERVES NI LO METAS EN LA NEVERA

Otro mantra falso. El vino tinto, una vez abierto, lo puedes perfectamente guardar en la nevera hasta una semana, aunque haya perdido aroma y calidad día a día. Pero es bebible y no te fuerces a beber la botella entera o tirar lo que sobra si no se toma el vino tinto en el día.
Además, podemos ralentizar su degradación mediante condiciones de frío, humedad y oscuridad, y la nevera te da eso, sobre todo si no tienes una cava. Eso sí, cierra de nuevo la botella para evitar que entre más oxígeno, además de guardarla en vertical.













































































































