3Qué ver en el casco medieval: callejones de pizarra, casas con dinteles y miradores
El casco histórico de Patones de Arriba se recorre a pie y sin prisa, y ahí está buena parte de su valor: no hay un monumento mayor que el propio conjunto, declarado Bien de Interés Cultural en 1999 en la categoría de Conjunto Histórico. Las calles son de lajas de pizarra, estrechas y en cuesta, con desagües centrales tallados en la propia piedra, y las fachadas mezclan mampostería oscura, madera, adobe y teja árabe. La ruta oficial por los espacios de interés apenas mide 600 metros y se cubre en una hora, pero conviene estirarla: sobre las puertas aparecen dinteles de madera, algunos con la fecha de construcción grabada, y junto a ellos hornos de leña, lavaderos y viejos establos que explican cómo se organizaba la vida en esta aldea colgada de la ladera, a 832 metros de altitud.
Lo que más justifica la escapada es la parte alta, donde las eras de trilla —bancales de piedra levantados para vencer la pendiente— funcionan hoy como miradores sobre el valle del Jarama y la Sierra Norte. Desde allí se lee la lógica del pueblo: casas apiñadas, tejados de pizarra escalonados y el arroyo de Patones atravesando el núcleo. El paseo arranca en la plaza del Llano, ante la antigua iglesia de San José, convertida en Oficina de Turismo, y sigue por el ecomuseo al aire libre dedicado a la pizarra, que detalla la técnica de las lajas superpuestas casi sin mortero. El coche no puede entrar si no es de un residente: se aparca en Patones de Abajo y se sube por la Senda del Barranco, unos 800 metros de ascenso, para un pueblo que está a 65 kilómetros de Madrid y a poco más de una hora en coche.



