2Las cascadas del Barranco de Patones: la Cascada del Cancho y otros saltos de agua
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El arroyo de Patones es el que ha excavado el barranco en la caliza y la pizarra que rodean el pueblo, y su agua explica que el kilómetro escaso que separa Patones de Abajo de Patones de Arriba sea algo más que un atajo. La senda ecológica del Barranco, antigua vía de vecinos y pastores y único acceso al casco alto hasta los años treinta, salva unos 100 metros de desnivel en 25 o 30 minutos de subida entre paredones, encinas, jaras y romero. El agua aparece donde menos se espera: un salto junto al puente de piedra del tramo alto, pasado el lavadero y la fuente Nueva, y pequeñas chorreras y pozas repartidas por el cauce. Ninguna compite con las grandes cascadas de la sierra: son brincos cortos y charcas que en agosto quedan reducidos a un hilo y que, tras un temporal, transforman la subida en un rosario de saltos de agua y en una de las estampas más repetidas de la Sierra Norte.
Conviene una precisión que ahorra frustraciones: la célebre Cascada del Cancho no está en Patones, sino en Navalafuente. Ese nombre designa el salto del arroyo Gargüera, a unos 55 minutos de Madrid por la A-1 y a 1,2 kilómetros del casco urbano de ese municipio, con tres tramos, marmitas de gigante y roca que obliga a extremar el cuidado cuando está mojada. Lo que hace especial al barranco de Patones es el conjunto: la garganta, el agua, la pizarra de las casas y el Cancho de la Cabeza (1.263 metros), la cima que cierra el valle, con el embalse de El Atazar a la vista y rutas de 9,5 a 12 kilómetros y unos 500 metros de desnivel. Como el acceso en coche al pueblo alto está restringido, la senda es la forma lógica de subir; tras las lluvias el firme resbala y ha habido cierres temporales por riesgo de desprendimiento.


