El sector electrointensivo reclama coherencia entre política energética e industrial: «son dos caras de la misma moneda»

El fuerte crecimiento de las energías renovables debería convertirse en una ventaja competitiva para la actividad industrial.

La AEGE (Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía) ha organizado el Foro de Energía, donde miembros del sector industrial electrointensivo han debatido sobre los principales problemas que encara el sector. En este caso hay un consenso: es muy difícil avanzar en la producción, mientras se busca la descarbonización de la industria, debido a los elevados precios de la energía en Europa. Por lo que, el sector sufre y pierde competitividad ante una industria mucho más desarrollada como la china, especialmente cuando se trata del desarrollo y refino de materiales críticos para la electrificación de la economía como es el caso del cobre o del silicio ferroso.

Es decir, Europa tiene un déficit estructural en la creación de la cadena de valor que da coherencia a su transición energética, dejándola expuesta y dependiente a países terceros.

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El sector electrointensivo europeo en riesgo

Esta preocupación estuvo presente durante todo el encuentro. Los representantes industriales han coincidido en señalar que la Unión Europea se encuentra en una posición paradójica: mientras impulsa objetivos cada vez más ambiciosos de electrificación, digitalización y descarbonización, pierde capacidad para producir dentro de sus fronteras muchos de los materiales imprescindibles para alcanzar esas metas.

Esther Alonso, directora general de Transición Energética de Atlantic Copper, ha puesto el foco en las materias primas críticas. La directiva recordó que China domina gran parte de las cadenas globales de valor, no necesariamente porque disponga de todos los recursos minerales, sino porque ha desarrollado durante décadas una potente capacidad de transformación y refino. Europa, por el contrario, mantiene una elevada dependencia exterior precisamente en aquellos materiales que resultan esenciales para la transición energética.

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Mina de cobre. Fuente: Merca2

En este contexto, Alonso ha defendido que la política industrial y la política energética deben avanzar de forma coordinada. A su juicio, resulta imposible fortalecer la autonomía estratégica europea si las industrias encargadas de producir o reciclar materiales esenciales operan con costes energéticos muy superiores a los de sus competidores internacionales. De hecho, ha advertido de que en sectores como el cobre, el aluminio o el acero el reto ya no consiste tanto en ampliar capacidad productiva como en evitar que siga desapareciendo.

La electrificación de la industria ya es posible: la receta de Eurelectric para escalar su despliegue

La situación también preocupa a Ferroglobe, uno de los principales productores de silicio ferroso y otras aleaciones estratégicas para la industria. Su director general de operaciones, Alberto Fuentes, ha alertado que la competitividad europea no sólo está condicionada por el precio de la electricidad, sino también por una creciente presión internacional derivada de la sobrecapacidad industrial de determinados países. Cuando mercados como el chino reducen su demanda interna, ha explicado, los excedentes de producción terminan llegando a los mercados internacionales, presionando los precios y dificultando aún más la viabilidad de las plantas europeas.

El resultado es una competencia desigual. Mientras las empresas europeas afrontan elevados costes energéticos, exigentes requisitos regulatorios y ambientales y una creciente incertidumbre sobre los costes asociados al sistema eléctrico, otros productores cuentan con energía más barata, mayores economías de escala y un respaldo público más decidido. Para la industria electrointensiva, esta diferencia amenaza directamente la continuidad de inversiones industriales consideradas estratégicas para el futuro económico y tecnológico del continente.

Por ello, el sector reclama que Europa y los estados miembros adopten medidas que permitan trasladar a la industria las ventajas derivadas del desarrollo renovable. En el caso español, los participantes señalaron que el fuerte crecimiento de las energías renovables debería convertirse en una ventaja competitiva para la actividad industrial. Sin embargo, consideran que distintos costes regulatorios y mecanismos asociados a la factura eléctrica impiden aprovechar plenamente ese potencial.

El mensaje lanzado desde el Foro de Energía de AEGE fue claro: la transición energética sólo será sostenible si va acompañada de una política industrial capaz de preservar la producción europea. Sin energía competitiva, estable y predecible, advirtieron los representantes empresariales, la autonomía estratégica de Europa corre el riesgo de convertirse en una aspiración difícil de materializar.


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