Por qué el color de tu coche puede salvarte la vida, o ponerla en peligro

Parece mentira, pero algo tan aparentemente trivial como el color de nuestro vehículo puede tener implicaciones que van mucho más allá de la simple estética o la moda del momento. Pocas veces reparamos en ello al elegir montura, pero la tonalidad de la carrocería de nuestro coche influye directamente en su visibilidad, y por ende, en nuestra seguridad y la de quienes nos rodean en la carretera. Es un factor silencioso, casi invisible a la hora de firmar los papeles en el concesionario, pero que susurra constantemente datos cruciales sobre el riesgo en cada kilómetro recorrido.

Las estadísticas y diversos estudios llevados a cabo en distintas partes del mundo, como el referenciado en el propio planteamiento inicial proveniente de análisis serios sobre siniestralidad, no dejan lugar a muchas dudas. Existe una correlación bastante clara entre ciertos colores y la probabilidad de verse involucrado en un accidente de tráfico, especialmente cuando las condiciones lumínicas no son las óptimas, como ocurre al amanecer, al atardecer, durante la noche o en días de climatología adversa con lluvia intensa o niebla. Comprender esta relación es el primer paso para tomar conciencia de un elemento más a considerar en la compleja ecuación de la seguridad vial.

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LA PALETA DE LA SEGURIDAD: QUÉ DICE LA CIENCIA SOBRE EL COLOR DE TU COCHE

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Fuente Pexels

Investigaciones concienzudas, como las realizadas por el Centro de Investigación de Accidentes de la Universidad de Monash en Australia hace ya algunos años, arrojaron luz sobre esta cuestión de manera bastante contundente. Analizando miles de accidentes reales, se constató que los coches de colores claros presentaban una menor tasa de siniestralidad en comparación con sus homólogos de tonalidades oscuras. No se trata de una casualidad ni de una preferencia estadística caprichosa, sino de una cuestión física fundamental ligada a cómo percibimos los objetos en nuestro entorno visual, especialmente cuando estamos al volante y el tiempo de reacción es crítico.

El quid de la cuestión reside, fundamentalmente, en el contraste y la visibilidad inherente que cada color ofrece frente a los diversos fondos con los que se encuentra un vehículo en movimiento. Un coche claro resalta mucho más contra el asfalto oscuro, las sombras de los edificios o el paisaje crepuscular, mientras que un vehículo oscuro tiende a mimetizarse peligrosamente con ese mismo entorno, especialmente cuando la luz escasea. Esta diferencia en la percepción visual puede traducirse en décimas de segundo vitales para que otro conductor nos detecte a tiempo y pueda reaccionar adecuadamente para evitar una colisión.

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