Meta recurre a un préstamo sindicádo de unos 13.000 millones de dólares para financiar su centro de datos en El Paso, Texas. Morgan Stanley y JPMorgan lideran la operación, la mayor muestra del apetito de las grandes tecnológicas por la deuda para sostener la infraestructura de la IA. La financiación, aún en negociación, refleja un cambio en la estrategia de las Big Tech: antes recelosas del crédito, ahora lo abrazan para no quedarse atrás en la carrera por la inteligencia artificial.
Claves de la operación
- Financiación de 13.000 millones, la mayor de Meta para un centro de datos. Supera con creces la inversión media en este tipo de activos y marca un nuevo techo en el sector.
- Morgan Stanley y JPMorgan encabezan el préstamo sindicado. La banca de inversión tradicional capitaliza el boom de la IA con operaciones de doble dígito que combinan deuda sénior y líneas de crédito.
- El centro de El Paso será uno de los mayores del mundo para entrenar modelos de lenguaje. Su capacidad de proceso equivale a más de 100.000 GPU de última generación, según fuentes del sector.
La noticia, adelantada por Bloomberg, confirma que la compañía de Mark Zuckerberg ha elegido el camino de la deuda para escalar su infraestructura. Meta atesora más de 50.000 millones en caja, pero prefiere financiar el centro con crédito para preservar liquidez para adquisiciones y recompras de acciones. Esta decisión se produce en un momento en el que los tipos de interés en EE.UU. se mantienen en el 5,5%, encareciendo el coste del capital ajeno. Aun así, la empresa valora que el retorno potencial de la IA justifica el riesgo.
El centro de datos de El Paso se suma a una larga lista de macroproyectos en Estados Unidos. Microsoft, Google y Amazon han anunciado inversiones conjuntas por más de 120.000 millones en centros de datos solo para 2026, según estimaciones de Synergy Research. La carrera por la IA generativa está disparando la demanda de capacidad de cómputo y la industria necesita gigavatios de electricidad. Meta no quiere perder el tren. En septiembre de 2025, la compañía ya desveló planes para invertir 30.000 millones en infraestructura de IA en los próximos dos años.
La deuda se convierte en la nueva arma de las grandes tecnológicas para dominar la IA
Observamos una tendencia clara: las tecnológicas están recurriendo al crédito como nunca antes. En 2025, las Big Tech emitieron más de 100.000 millones en bonos, casi el doble que en 2023, según datos de Bloomberg. El factor diferencial no es la falta de efectivo, sino la necesidad de flexibilidad. Con la deuda, pueden financiar proyectos faraónicos sin descapitalizarse ni depender de la volatilidad de sus acciones. El caso de Meta es paradigmático: con un centro de datos que consumirá más electricidad que la propia ciudad de El Paso, el compromiso de capital es tan elevado que recurrir a los bancos es casi inevitable.
Sin embargo, este apalancamiento masivo no está exento de riesgos. El coste anual de la deuda para Meta por este préstamo rondará los 800 millones, asumiendo un tipo medio del 6%. La compañía tendrá que generar ingresos incrementales significativos con sus servicios de IA para cubrir ese gasto sin mermar sus márgenes. El mercado, de momento, parece confiar: las acciones de Meta suben un 18% en lo que va de año, pero el desafío es mayúsculo.
El préstamo de 13.000 millones no garantiza el éxito en IA, pero sí demuestra que Meta está dispuesta a pagar cualquier precio por intentarlo.
La operación tiene también un reverso para la banca de inversión. Morgan Stanley y JPMorgan se aseguran suculentas comisiones y refuerzan su relación con una de las compañías más valiosas del mundo. Las entidades financieras han encontrado en la infraestructura de IA un filón de negocio que compensa la ralentización de otras áreas, como las salidas a bolsa. Para Meta, contar con estos gigantes no solo aporta músculo financiero, sino también cobertura regulatoria y política.
El regulador observa mientras la banca de inversión toma posiciones
No todo son luces. La concentración de deuda en el sector tecnológico despierta recelos en los supervisores. La SEC ha mostrado interés en evaluar el riesgo sistémico de los préstamos masivos a las Big Tech, especialmente si las inversiones en IA no generan los retornos esperados. En Europa, el BCE también monitoriza la exposición de los grandes bancos a los valores tecnológicos y a la deuda corporativa de estas compañías. Aunque la operación de Meta se circunscribe a Estados Unidos, sus implicaciones son globales.
Además, el centro de datos de El Paso se ubica en una zona de alto consumo energético, lo que reabre el debate ambiental. Texas ha sufrido apagones recurrentes y el proyecto requerirá varios cientos de megavatios, equivalentes al consumo de un millón de hogares. La presión para que estos centros utilicen fuentes renovables es creciente, pero la realidad es que muchos recurren a gas natural. Meta ha prometido que el centro será neutro en carbono para 2030, pero los grupos ecologistas ya han expresado dudas.

La apuesta por Texas se mide con el mercado europeo y el retorno a largo plazo
Desde esta redacción analizamos el fenómeno con una mirada puesta en el mercado español. Mientras Meta invierte cifras récord en Texas, España se ha consolidado como un polo de atracción para centros de datos gracias a su red de fibra, suelos baratos y alta irradiación solar. Amazon ha inaugurado su región en Aragón, Microsoft tiene dos centros en Madrid y Google ultima su llegada a la capital. Sin embargo, los números de Meta dejan en evidencia la diferencia de escala: los 13.000 millones de este préstamo equivalen a toda la inversión total prevista en centros de datos en España entre 2025 y 2028, según el informe anual del Data Center Market.
El proyecto de El Paso ilustra la brecha que separa a los hiperscalares estadounidenses del resto del mundo. No se trata solo de dinero: es una cuestión de potencia eléctrica, de permisos gubernamentales y de capacidad para atraer talento especializado. En Europa, la burocracia y la fragmentación regulatoria limitan la velocidad de despliegue, algo que en Texas no ocurre. Y eso marca la diferencia en la carrera por la IA.
No obstante, el retorno de estas inversiones sigue siendo una incógnita. Los modelos de lenguaje grande aún no generan los ingresos publicitarios que Meta necesita para justificar semejante desembolso. La compañía ha integrado IA en sus plataformas, pero la monetización directa es incipiente. Si el ciclo de inversión no se traduce en beneficios tangibles, el apalancamiento podría pasar factura en forma de rebajas de rating o menor margen de maniobra para futuras recompras. Como antecedente, recordamos la burbuja de infraestructura de telecomunicaciones de principios de siglo, que dejó elevadas deudas y proyectos sobredimensionados.
El tiempo dirá. De momento, la proxima junta de accionistas de Meta prevista para el 21 de mayo será la primera prueba de fuego para que Zuckerberg detalle la rentabilidad esperada de estos megacentros. Habrá que seguir de cerca los próximos resultados trimestrales.





