Nunca había visto tantos acuerdos de más de 10.000 millones de dólares en tan poco tiempo. En los primeros cuatro meses de 2026 ya se han anunciado 30 megaoperaciones, según revela Anu Aiyengar, responsable global de fusiones y adquisiciones de JPMorgan, en una entrevista con Bloomberg Television. Una cifra que, de mantenerse, podría superar los 71 mega deals de todo 2025.
El año del ‘mega deal’ y la fiebre por la escala
La sorpresa, confiesa Aiyengar, hace tiempo que se disipó. 2025 fue el año en que los acuerdos de más de 10.000 millones de dólares —los llamados mega deals— pasaron de ser una rareza a la norma. Y 2026 no se ha quedado atrás: con 30 operaciones de este calibre en solo cuatro meses, la banca de inversión vive una de sus rachas más intensas. La razón, según la ejecutiva, es una prima de escala que el mercado otorga con una generosidad inédita.
“Si comparas 2019 con 2025, el tamaño que necesitas para estar en el S&P 500 o en el S&P 600 se ha triplicado”, explica. Y el premio por ser grande es contundente: una empresa de mayor capitalización en el mismo sector puede cotizar con un múltiplo hasta cuatro veces superior al de una más pequeña. Así, las compañías han interiorizado una consigna clara: vamos a por lo grande. La fragmentación de las cadenas de suministro, la irrupción de la inteligencia artificial y el cambio demográfico no han hecho sino acelerar esa pulsión.
Lo que importa es cuánto vale para el comprador
Ante la pregunta de si las valoraciones de estos mega acuerdos están descontando los riesgos extremos —desde la amenaza de la IA hasta la posibilidad de que el sueño tecnológico se desinfle—, Aiyengar despliega un análisis a tres bandas. Por un lado, en los mercados públicos cerca del 20% de los valores de cualquier índice importante cotiza aún con un descuento profundo frente a su máximo de 52 semanas o a su valor intrínseco. “No es una marea que levante todos los barcos”, matiza; el sector y el tamaño dictan la suerte de cada empresa.
Por otro, las valoraciones en el mercado privado se han mantenido sólidas y, en ocasiones, permiten un mejor entendimiento del valor real gracias a una diligencia más pausada. Además, ya no hace falta salir a bolsa para acceder al capital, lo que ha engordado el universo de compañías en manos de fondos, familias o private equity. La tercera pata es la más determinante: qué vale la empresa adquirida para el comprador. “Puede parecer que alguien paga 1.500 millones por algo que valía 1.000, pero si esa tecnología desplegada en mi plataforma me reporta 3.000 millones, el precio está más que justificado”, ilustra la responsable de M&A de JPMorgan.
«Lo que el mercado te dice es: si eres grande, te premio con un múltiplo mayor. A veces hasta cuatro veces más que una empresa más pequeña de la misma industria».
— Anu Aiyengar, responsable global de M&A de JPMorgan
El freno de abril y la dualidad del mercado
Pese a la inercia de los grandes números, Aiyengar admite que abril ha sido un mes algo más desafiante. “Ha habido un poco de stop and start”, explica, vinculado a las expectativas de un alto el fuego en algunos conflictos geopolíticos. Cuando los inversores intuyen que en unas semanas el panorama puede ser materialmente distinto, es comprensible que frenen momentáneamente el pie. Sin embargo, los acuerdos de mayor envergadura sortean mejor estos baches porque las empresas que los protagonizan razonan en ciclos de cinco, diez o veinte años, no en la reacción bursátil del día siguiente.
Esa capacidad de maniobra no existe en la zona baja del mercado. Las operaciones por debajo de los 2.000 millones de dólares han retrocedido de forma notable. “El trabajo que requiere comprar algo por 500 millones es casi el mismo que para una transacción de 10.000 millones”, señala Aiyengar, “así que muchos se dicen: hagamos que cuente, busquemos algo que realmente mueva la aguja”. Además, los cambios regulatorios y arancelarios golpean con mucha más fuerza a las empresas pequeñas, justo el motivo por el cual los grandes grupos se refugian en la escala: tener más palancas para desplazar producción, absorber costes y sortear la incertidumbre.
La sed de liquidez que impulsa los mercados secundarios
En paralelo, crece una demanda de liquidez embalsada durante años. El universo del private equity, repleto de participadas que necesitan una salida, ha encontrado en los mercados secundarios liderados por gestores (GP-led secondaries), los fondos de continuidad, las OPV privadas y los vehículos evergreen un cauce cada vez más transitado. “Es otra válvula de escape de esa necesidad de liquidez”, explica Aiyengar. La tendencia, añade, no solo refleja una búsqueda de escala sino tambien una respuesta creativa a la falta de ventanas tradicionales de desinversión.
Mientras los grandes se hacen más grandes, el mercado se parte en dos velocidades: las mega fusiones que parecen inmunes al ruido y un segmento medio y pequeño que sufre cada coletazo. Para los inversores, el mensaje de JPMorgan es que la consolidación seguirá siendo el motor del M&A en 2026, siempre que el apetito por la escala siga recibiendo el favor del mercado. La incertidumbre no ha desaparecido —aranceles, conflictos y dudas sobre la IA siguen sobre la mesa—, pero las compañías han aprendido a convivir con ella.
El ruido geopolítico y los aranceles no han apagado el apetito por las grandes fusiones. Más bien, lo han redirigido hacia la seguridad de la escala. Veremos si 2026 se convierte en otro año récord para los mega deals. Mientras tanto, el relato de Aiyengar deja claro que, en Wall Street, el tamaño sí importa.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.




