Abril no perdona a la industria: la luz sigue siendo 2,6 veces más cara que en Francia

La industria electrointensiva sufre los sobrecostes impositivos españoles. Sin medidas que corrijan estos desequilibrios, la brecha con Europa podría consolidarse.

AEGE ha presentado su barómetro energético de cómo se ha comportado abril para la industria electrointensiva española y el resultado no es nada optimista. La luz en España es hasta 2,6 veces más cara que en Francia y 1,2 más que en Alemania, dando pie a que la industria electrointensiva española se encuentre en una situación de baja competitividad frente a sus homólogos europeos.

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A partir de ahí, los datos del barómetro detallan con precisión el alcance de esta brecha. El coste final de la electricidad para un consumidor electrointensivo en España se sitúa en 71,1 €/MWh, frente a los 27,6 €/MWh de Francia y los 59,4 €/MWh de Alemania. Esta diferencia no responde únicamente al precio del mercado mayorista, sino a la estructura completa de la factura eléctrica, donde España acumula sobrecostes que no existen en los países vecinos.

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Uno de los elementos más determinantes son los servicios de ajuste del sistema, que en el caso español ascienden a 21,26 €/MWh y que, según el informe, no tienen equivalente en Francia ni en Alemania. Este concepto, por sí solo, amplía de forma significativa la distancia competitiva, encareciendo el precio final que afronta la industria nacional.

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Industria de acero. Fuente: Merca2.

A ello se suma el impacto de los cargos e impuestos. En España alcanzan los 4,56 €/MWh, muy por encima de los 0,95 €/MWh de Francia y los 1,25 €/MWh de Alemania. No obstante, y a pesar de los peajes de acceso a la red son relativamente bajos en comparación con un valor de 1,90 €/MWh frente a 3,05 €/MWh en Alemania, este menor peso no compensa el conjunto de costes adicionales que soportan las empresas españolas.

Además, la dificultad de competencia no solo está en la elevada carga impositiva, sino también en el sistema de compensaciones por emisiones indirectas de CO₂. Mientras que en Alemania estas ayudas alcanzan los 38,78 €/MWh y en Francia los 27,47 €/MWh, en España se limitan a 17,76 €/MWh. La diferencia, cercana a los 21 €/MWh respecto a Alemania, refleja una menor cobertura pública que, según AEGE, está condicionada por restricciones presupuestarias, que reduce la capacidad de la industria española para mitigar el impacto de los costes energéticos asociados a la transición climática.

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El informe también pone el foco en la evolución de los mercados energéticos que influyen en el precio de la electricidad. El gas natural es uno de los principales determinantes del mercado eléctrico europeo y se sitúa en torno a 45,8 €/MWh, mientras que el barril de Brent ronda los 108,2 dólares y los derechos de emisión de CO2 alcanzan los 72,7 dólares por tonelada. Estos niveles, aunque más moderados que los picos registrados en 2022, continúan presionando al alza los costes energéticos.

En perspectiva histórica, el barómetro muestra cómo los precios eléctricos experimentaron un fuerte incremento entre 2021 y 2022, con valores que superaron los 160 €/MWh en algunos mercados europeos. Aunque desde entonces se ha producido una cierta corrección, los niveles actuales siguen siendo elevados en comparación con la media de la última década, especialmente en España.

Para la industria electrointensiva, donde la electricidad puede representar hasta el 50% de los costes de producción, esta situación tiene implicaciones directas sobre su viabilidad y capacidad de competir en mercados internacionales. Sectores como el metalúrgico, químico o papelero son especialmente sensibles a estas diferencias de costes, que pueden traducirse en pérdida de inversiones o deslocalización de actividad hacia países con precios energéticos más competitivos.

Por ello, AEGE subraya la necesidad de revisar la estructura de costes del sistema eléctrico español y de reforzar los mecanismos de compensación para la industria. Sin medidas que corrijan estos desequilibrios, advierte el informe, la brecha con Europa podría consolidarse, comprometiendo el futuro de un tejido industrial clave para la economía.


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