El déficit público se produce ocurre cuando un país gasta más dinero del que ingresa durante un tiempo determinado (normalmente un año). Así, para financiase necesita pedir prestado; esto es emitir deuda pública (Bonos o Letras del Tesoro) para que inversores o bancos le presten dinero a cambio de devolverlo con intereses.
El problema surge cuando el déficit no es sólo de un año y el importe de la deuda pública crece por esta acumulación de compromisos de pago (emisiones de deuda pública). Eso hace que al final los intereses se vuelvan impagables, lo que puede generar desconfianza y problemas económicos graves del estado deudor frente a esos países o empresas que tienen esos activos de deuda pública.
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¿Y es el déficit un problema para Estados Unidos ahora?
Sí. Una reciente nota de la agencia de calificación financiera Fitch pone de relieve que el creciente déficit y la deuda en aumento de EE. UU. suponen un reto clave para la calificación soberana.
Fitch aclara que el déficit es claramente un riesgo estructural y creciente (sobre todo a medio y largo plazo), pero no una crisis inmediata; es más -según la agencia- un problema de sostenibilidad futura que de estabilidad actual.
La nota de Fitch aclara que el déficit de EE. UU. sí es un problema, pero con matices importantes. Por el lado negativo, se trata de déficits estructuralmente altos: no es algo puntual, sino persistente. Se espera que el déficit público se mantenga elevado, lo que implica que el país sigue gastando bastante más de lo que ingresa de forma continuada.
Por otro lado, esos déficits empujan la deuda pública por encima de niveles ya altos (más del 120% del PIB). Esto sitúa a EE. UU. claramente peor que otros países con la misma calificación crediticia.

Y el tiempo juega en contra del país norteamericano porque el gasto en pensiones y sanidad (Seguridad Social y Medicare) va a aumentar, lo que complica aún más la sostenibilidad fiscal a medio plazo.
Pero también porque las dificultades para aprobar presupuestos, riesgo de cierres del gobierno y tensiones futuras con el techo de deuda reflejan un deterioro en la gobernanza fiscal, lo que agrava el problema del déficit.
Además, porque parte del equilibrio fiscal depende de ingresos por aranceles o decisiones políticas (como gasto en defensa), que son volátiles o inciertos.
Pese a todo, Fitch considera que el déficit no es un problema crítico a corto plazo, porque EE. UU. tiene fortalezas muy importantes como son el tamaño y dinamismo de su economía, el papel del dólar como moneda de reserva global y la profundidad de sus mercados financieros.
Todas estas características permiten que el país pueda sostener déficits elevados durante más tiempo que otros.

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Fitch y por qué el déficit público es un problema en EE. UU.
Explican los analistas de la agencia que los déficits fiscales estructuralmente elevados mantendrán la carga de la deuda de EE. UU. muy por encima de la de otros países con calificación AA. Las elecciones legislativas de mitad de legislatura de noviembre serán importantes para la gobernanza fiscal y la ejecución de las políticas.
La situación fiscal se deteriorará en 2026 debido a los recortes fiscales de la Ley One Big Beautiful Bill (OBBBA), aunque los ingresos por aranceles compensarán la mitad del impacto fiscal de la OBBBA.
“Hemos rebajado nuestra estimación de ingresos por aranceles (netos de reembolsos) en 150.000 millones de dólares para 2026 después de que el Tribunal Supremo anulara los aranceles de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional”, aclaran.
“Prevemos un déficit de las administraciones públicas del 7,9% del PIB este año y el próximo, lo que, según nuestra hipótesis de referencia, elevará la ya elevada deuda pública por encima del 120% para el año que viene. Las presiones de gasto relacionadas con el envejecimiento de la población están aumentando, y se prevé que los fondos fiduciarios de la Seguridad Social y de Medicare se agoten en el plazo de una década”, añaden los expertos.

Por otro lado, la nota de Fitch indica que otras incertidumbres fiscales incluyen la durabilidad y el rendimiento de los aranceles, así como la petición del presidente Donald Trump de aumentar el gasto en defensa. La guerra con Irán ha incrementado las incertidumbres económicas, aunque el crecimiento de EE. UU. se ha mostrado resistente hasta ahora.
Así, concluye la agencia, la calificación AA+/Estable de EE. UU. ya incorpora un deterioro prolongado de la gobernanza, especialmente en la formulación de políticas fiscales. Entre 2015 y 2024, la posición percentil de EE. UU. en los Indicadores Mundiales de Gobernanza del Banco Mundial cayó hasta el 76,8 situándose por debajo de la mediana de la calificación AA (82).
La imposibilidad de aprobar ningún proyecto de ley de asignaciones presupuestarias antes de la fecha límite del 30 de septiembre de 2025 y los cierres del Gobierno, cada vez más frecuentes y prolongados, refuerzan este deterioro en la formulación de políticas.
Las elecciones de mitad de mandato podrían proporcionar controles y contrapesos adicionales a los poderes ejecutivos si los demócratas obtienen el control de una o ambas cámaras del Congreso.
Sin embargo, un gobierno dividido podría dificultar la negociación de paquetes fiscales y aumentar los riesgos de políticas arriesgadas, incluso en relación con el techo de la deuda, que esperamos que se alcance en el segundo semestre de 2027.
Una economía grande y dinámica, el papel del dólar como moneda de reserva y la profundidad y liquidez de los mercados de capitales estadounidenses son puntos fuertes clave de la calificación soberana.





