A estas alturas, llamar la atención en el ecommerce japonés no es fácil. Pero cuando el pasado mes de abril, el análisis de CNBC International desmenuzó la trayectoria de Rakuten, quedó claro que Hiroshi Mikitani construyó un imperio tecnológico saltándose todas las reglas del manual corporativo nipón. Y lo hizo, además, apostando por cosas que parecían aparentemente imposibles mucho antes de que nadie las tomara en serio.
La historia arranca en 1997, cuando Japón aún miraba con escepticismo el comercio electrónico. Mikitani, según narraba el reportaje, vio cómo la red empezaba a ser popular, pero pocos creían que pudiera generar dinero. Él pensó que era solo cuestión de tiempo. Con esa convicción, Rakuten se desmarcó con un modelo de tarifas planas y una obsesión por la estrategia a largo plazo que descolocó a gigantes mucho más conservadores. Aquella fue la primera gran apuesta de un fundador que pronto demostraría que romper lo establecido no le daba miedo.
Una revolución cultural: inglés o descenso
El vídeo de CNBC International subraya que el terremoto en Rakuten no fue solo tecnológico. A partir de 2010, Mikitani impuso que el inglés se convirtiera en la lengua oficial de la empresa. No era una sugerencia ni un plan progresivo: los empleados debían adoptarlo o enfrentarse a un descenso de categoría. En la grabación se resalta cómo este mandato desafiaba frontalmente la cultura laboral japonesa, donde la jerarquía y la tradición suelen primar sobre la disrupción.
Recuerdo que, durante el reportaje, se describía la medida como “agresiva” y se insistía en que, para el momento, nadie en Japón había intentado semejante cambio cultural en una gran corporación. No era cosmética: afectaba las evaluaciones de desempeño y la propia permanencia en la compañía. La apuesta tenía un fin muy claro: internacionalizar la compañía y prepararla para competir de tú a tú con Silicon Valley.
Si los empleados no cambiaban al inglés, se enfrentaban a una degradación. En el mundo empresarial japonés, aquella medida fue una auténtica revolución.
— CNBC International
Lo que aquel documental deja entrever es que la apuesta cultural y la apuesta tecnológica están íntimamente ligadas. No se puede entender Rakuten sin esa voluntad de hacer saltar por los aires los convencionalismos, incluso dentro de casa. Y esa lógica volvería a repetirse años más tarde con la entrada en las telecomunicaciones.
Rakuten Mobile: otra norma hecha añicos
En el vídeo, la historia da un salto hasta la creación de Rakuten Mobile, el operador con el que Mikitani se propuso agitar el triopolio de NTT Docomo, KDDI y SoftBank. Allí volvía a verse la misma fórmula: apostar por la disrupción técnica, precios agresivos y una red virtualizada que ningún operador tradicional se había atrevido a desplegar completamente. El análisis destaca que la compañía puso toda la carne en el asador, convencida de que el futuro pasaba por romper las barreras del mercado móvil.
Y cierto es que, aunque la unidad sigue en números rojos a mediados de 2026, la sola existencia de Rakuten Mobile obligó a sus rivales a reaccionar con tarifas más bajas y ofertas mucho más flexibles. Mikitani, una vez más, hacía lo que pocos se atrevían: jugar a largo plazo cuando los demás miraban el próximo trimestre.
El cerebro humano y la inteligencia artificial
En un momento de la pieza emergía una reflexión que conecta con los debates actuales. El reportaje mencionaba que si comparamos la red de Internet con el cerebro humano, no todo lo que hacemos puede ser reemplazado por la inteligencia artificial. Mikitani, según el vídeo, piensa constantemente en el futuro, y su manera de construir un imperio ha sido apostar por él antes que nadie. Pero esa misma visión reconoce límites: hay un factor humano irreductible que ninguna tecnología puede sustituir por completo.
La idea es relevante porque Rakuten, con su ecosistema que va desde la banca digital hasta los servicios de mensajería, ha invertido en inteligencia artificial sin perder de vista que detrás de cada transacción hay personas. Y eso, en un momento donde muchas compañías se obsesionan con automatizarlo todo, se ha convertido casi en un rasgo de identidad.
Qué significan estas reglas rotas para el lector de merca2TV
Conviene no quedarse solo con la anécdota. El análisis de CNBC International interpela también a quienes operan en mercados de habla hispana. Lo que enseña Rakuten es que las grandes transformaciones no se consiguen con pequeños retoques ni con consultorías de panel: piden decisiones incómodas, cambios culturales drásticos y, sobre todo, la paciencia para soportar años de incertidumbre. En un entorno donde el cortoplacismo domina las decisiones de inversión, comprender la diferencia entre una apuesta temeraria y una visión fundada es lo que separa una moda pasajera de un imperio tecnológico real.
Desde la atalaya de mayo de 2026, Rakuten sigue siendo un experimento en directo. Sus resultados financieros muestran luces y sombras, pero el efecto de su filosofía ya se ha dejado sentir en todo el ecosistema digital japonés. Y, mientras otras compañías se debaten entre copiar a Silicon Valley o refugiarse en la tradición local, el camino de Mikitani demuestra que rompiendo todas las reglas también se puede levantar un coloso.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de CNBC International en YouTube:





