La búsqueda de clientela es una de las labores más importantes que debe llevar a cabo todo aquel que tenga un negocio. Sin embargo, como emprendedor es importante que aprendas a identificar a los malos clientes.
Son aquellos que acaban dando más quebraderos de cabeza que alegrías. Incluso puede que te arrepientas de trabajar con ellos, y que conviertan tu día a día en algo mucho menos agradable de lo que debería ser.
¿Por qué es importante identificar a los malos clientes?

Justo por lo que señalábamos antes. Un mal cliente es capaz de lastrar todo tu trabajo, reducir tu productividad y acabar con tu motivación. Incluso aunque pague bien, e incluso sea una buena fuente de ingresos, a veces es mejor decirle adiós a este tipo de clientela.
Un mal cliente complica mucho tu trabajo, y puede ocurrir que te cueste deshacerte de él. Por eso, es más recomendable actuar con precaución y detectar a este tipo de personas o empresas lo antes posible.
¿Cómo es un mal cliente?

No hay un prototipo específico, un cliente puede ser malo para ti en función de muchos parámetros diferentes. Por ejemplo, no te conviene un cliente que acaba siendo un moroso, pero tampoco uno que paga, pero lo hace siempre tarde.
Otros ejemplos de clientes no recomendables son aquellos que no saben exponer bien qué es lo que quieren y te obligan a hacer constantes cambios en tu trabajo. Ni aquellos que acaban siendo demasiado exigentes y consumen todo tu tiempo.
El tiempo de convicción a la hora de identificar a los malos clientes

Ya en la primera toma de contacto con un posible cliente puedes hacerte una idea de cómo es. Si se muestra demasiado resistente a tus argumentos y lo rebate todo de forma constante, te está dando pistas sobre su forma de ser y trabajar.
No tiene que aceptar tu propuesta necesariamente a la primera, pero si ves que es demasiado “peleón”, esto puede ser síntoma de que estás ante una persona tozuda que puede llegar a complicar mucho tu trabajo si se convierte en un cliente.
Observa su forma de comunicarse

Desde el momento en que empiezas a comunicarte con un posible cliente debes prestar atención a su forma de ser y de expresarse. Revisando tanto la comunicación verbal como la no verbal.
Si ya has notado que es una persona con cierta tendencia a faltar el respeto, que no sabe escuchar, que quiere imponer siempre su opinión, que te trata como si fueras inferior a él, etc., lo mejor es no trabajar con alguien así.
Infórmate sobre la reputación

Una de las claves para identificar a los malos clientes es saber algo más sobre su reputación. Esto no es posible en todos los casos, pero sí suele serlo cuando se trabaja para empresas u otros profesionales.
Consultando con otras personas que trabajen en tu mismo sector, e incluso con una búsqueda online, puedes ponerte al día de con qué tipo de empresa o persona estás tratando.
Revisa sus cuentas anuales

Si tu posible cliente es una persona jurídica que está obligada a presentar cuentas anuales, sería interesante que pidieras la información correspondiente en el Registro Mercantil. Así puedes saber en qué situación financiera se encuentra.
Algo tan sencillo como esto puede evitar que acabes prestando tus servicios o vendiendo tus productos a alguien que va a pagar tarde y mal o que incluso podría dejarte una deuda.
Expón claramente tus condiciones

A veces, no es que como emprendedor te encuentres con un mal cliente. Se trata sencillamente de que no ha habido una buena comunicación desde el principio y no os habéis entendido bien en cuanto a las obligaciones de ambas partes.
Antes de empezar a trabajar asegúrate de hacer una buena negociación, todavía mejor si dejáis las condiciones por escrito. Si ves que el cliente muestra resistencia a ello, ahí tienes una información importante sobre su forma de trabajar.
La fórmula del descarte

Para los emprendedores dejar marchar a un cliente es algo muy complicado de asumir, porque implica perder dinero. Sin embargo, debemos ser conscientes de que hay clientes que nos quitan mucho más de lo que nos aportan.
Una de las claves para alcanzar el éxito es ser capaz de dejar atrás todo lo que puede lastrar la evolución de tu negocio y, en muchos casos, esos lastres son clientes que no te aportan realmente nada.
Aplica el principio de Pareto

Según esta teoría, un 20% de tus clientes pueden reportarte hasta un 80% de tus ingresos. Eso quiere decir que es en esta parte de tu clientela en la que de verdad debes centrar tus esfuerzos.
Está claro que debes seguir buscando clientes, pero no debes tener miedo a dejar ir a aquellos que no te están aportando cosas buenas. Incluso aunque paguen bien tus servicios, muchas veces es más inteligente dejar que este tipo de clientes, si son malos, se marchen.
Si eres rápido descartando, tendrás más éxito

No todo vale con tal de aumentar la rentabilidad. Debes centrar tus esfuerzos en dar con aquellos clientes que de verdad son valiosos para ti y para tu negocio. No merece la pena que te centres en aquellos que no son rentables.
Aunque a priori te parezca que estás perdiendo dinero, en realidad estás ganando tiempo para buscar a clientes realmente interesantes.
























































