EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Una avería en la catenaria entre Benifaió y Silla mantiene desde el lunes el caos en las líneas C1 y C2 de Cercanías Valencia, con trayectos de hasta tres horas para un recorrido de 33 minutos.
- ¿Quién está detrás? La incidencia es de Renfe, que ha limitado la circulación a una sola vía en ese tramo durante tres días consecutivos y a la que los vecinos acusan de falta de inversión.
- ¿Qué impacto tiene? Supresiones puntuales, retrasos que multiplican por cinco la duración del viaje y una creciente oleada de indignación social que ha llevado a varios ayuntamientos de la Ribera a aprobar mociones de protesta.
Un trayecto en tren entre València y Algemesí dura, según los horarios oficiales, 33 minutos. El pasado lunes 9 de junio, al joven Eduard Sarrió le llevó tres horas completarlo. Salió a las 7:30 de la mañana y no llegó a su pueblo hasta las 10:30, tiempo más que suficiente para grabar dos vídeos de denuncia en TikTok que acumulan ya cientos de visualizaciones y un malestar que, lejos de disiparse, se consolida en mociones municipales y grupos de WhatsApp de afectados.
La causa de este colapso es una avería en la catenaria detectada a las cinco de la madrugada del lunes entre las estaciones de Benifaió y Silla, que afecta a las líneas C1 y C2 de Cercanías Valencia. Tres días después, la circulación sigue interrumpida: los trenes transitan por una única vía en ese tramo, lo que obliga a reducir frecuencias y a suprimir convoyes de manera puntual. Renfe asegura que “desde el lunes los trenes de la línea C2 circulan al doble de su capacidad habitual”, pero la medida no ha evitado un goteo constante de incidencias y quejas. La tarde del miércoles, a las 18:00 horas, un nuevo fallo en los sistemas de señalización y regulación del tráfico en Xàtiva obligó a circular por vía única entre la Pobla Llarga y l’Alcúdia de Crespins, aunque esa incidencia concreta quedó resuelta a las 18:33.
“Si no trabajo, no gano dinero”
Eduard Sarrió no es un usuario ocasional de Cercanías. Padece una discapacidad visual que le impide conducir, por lo que depende del tren para desplazarse hasta su puesto en la ONCE. Aquella mañana perdió parte de la jornada laboral. “No puedo conducir porque tengo una discapacidad visual y dependo del tren —explica—. Si no estoy trabajando, no gano dinero”. La impotencia se convirtió también en oportunidad para visibilizar la precariedad del servicio. Durante las largas horas de espera, un interventor de Renfe les explicó a los viajeros que los problemas recurrentes se deben “a la falta de inversión” y les animó a presentar denuncias individuales y, sobre todo, a convertir la queja en presión social.
El propio Sarrió vivió un momento de tensión cuando los pasajeros tuvieron que bajar del tren en Silla para esperar un autobús. “Había gente con prisa por llegar a trabajar y querían colarse —relata—. Y te has de enfadar con gente que está como tú”.
La suma de averías en la catenaria, la reducción de vías y la sensación de abandono han cristalizado en un movimiento vecinal que ya supera los 400 integrantes en un grupo de WhatsApp bautizado como “Indignats amb Renfe!”.
De las redes sociales a los plenos municipales
Ese grupo de afectados no solo comparte información sobre incidencias y retrasos, sino que ha llevado la protesta a las instituciones. La última iniciativa ha sido presentar una moción al pleno del Ayuntamiento de Carcaixent, aprobada por unanimidad con la abstención de Vox. El texto denuncia un parque móvil “viejo y con notable falta de mantenimiento” y exige “situar el servicio de Cercanías en el centro de la planificación ferroviaria”, con más recursos en personal e infraestructuras. En la misma línea, el Ayuntamiento de Alzira aprobó en su última sesión plenaria otra moción, impulsada por la asociación Amas de Casa Tyrius, para reclamar al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible el “restablecimiento y mejora del servicio de cercanías en la línea C2”.
Sarrió, que ya había protagonizado vídeos de denuncia durante las restricciones de acceso a València en Fallas, considera que “para lo mal que funciona hay poca indignación”. El interventor que les acompañó en Silla le insistió en que la denuncia colectiva era más eficaz que las reclamaciones individuales. En su perfil de TikTok (@capitafantasia), los vídeos han encendido la conversación local y han sacado a la luz una realidad que los usuarios de la Ribera sufren a diario.
Hoja de Ruta del Viaje
El colapso de tres días en las líneas C1 y C2 de Cercanías Valencia es un síntoma más de un problema estructural que arrastra la red desde hace años. La avería en la catenaria afecta directamente a la conexión de la Ribera, la Safor, la Costera y l’Horta Sud con la capital, y el hecho de que las incidencias se hayan encadenado —al fallo inicial se sumó un problema de señalización en Xàtiva— revela una fragilidad crónica en una infraestructura que canaliza miles de desplazamientos diarios. Cuando un trayecto de 33 minutos se convierte en una odisea de tres horas, el viajero no solo pierde el tiempo, sino que pierde también la confianza en el ferrocarril como alternativa al vehículo privado.
La chispa de la indignación en Algemesí se ha propagado ya a plenos municipales, donde todas las formaciones políticas han respaldado mociones de protesta, un hecho poco habitual que evidencia la presión vecinal. El fenómeno recuerda a otras movilizaciones ciudadanas que, en corredores como el de la C-2 Sur en Cataluña o el de Cercanías de Madrid, transformaron la queja en exigencia de inversión. Mientras Renfe insiste en que se opera al doble de capacidad, los vecinos replican con datos: el lunes los retrasos superaron cualquier previsión y las compensaciones no han llegado. La clave del viaje está en si este nuevo movimiento social logrará el mismo eco que sus predecesores y obligará al Mitma a acelerar los planes de modernización de una red que, en palabras de los propios interventores, “carece de inversión suficiente”.
De momento, la circulación sigue limitada y los viajeros de la Ribera se enfrentan a una nueva jornada de incertidumbre. El pulso entre la indignación ciudadana y la respuesta institucional marcará los próximos pasos de un servicio que, como el propio Sarrió recuerda, no es un lujo sino la única opción de movilidad para quienes no pueden conducir.





