Florentino Pérez se ha impuesto en las elecciones a la presidencia del Real Madrid con un 65% de los votos (21.741 papeletas), según los datos oficiales publicados en la web del club. Sin embargo, el resultado esconde un varapalo para el presidente de ACS: su plan de abrir la propiedad del club vendiendo el 5% a un inversor ha quedado bloqueado de facto por la oposición de Enrique Riquelme, su rival en las urnas. El empresario alicantino, que obtuvo el 35% de los sufragios (11.814 votos), ha convertido en bandera la defensa del modelo societario actual y advierte de que no permitirá ‘ni un movimiento sin el control de los socios’.
El triunfo electoral que no despeja el horizonte de ACS
Con esta victoria, Florentino Pérez inicia su octavo mandato —el sexto consecutivo— tras 26 años al frente del club. La distancia sobre Riquelme fue más corta de lo que muchos esperaban, y la impugnación de cerca de 1.000 votos por correo por un defecto formal —doble sello en el sobre— ha dejado un regusto amargo. El presidente ya ha anunciado que recurrirá la decisión, lo que augura una resaca de semanas en los juzgados.
El verdadero asunto de fondo no es el recuento, sino el cambio societario. Desde hace meses, el máximo responsable de ACS venía trabajando en un plan para vender una participación minoritaria del club a un inversor externo a través de una filial, con el argumento de fijar el valor real del Real Madrid y dotar a los socios de una propiedad económica tangible. La operación no suponía la salida a bolsa ni la conversión en sociedad anónima, pero sí la entrada de capital ajeno en el órgano de gobierno. Y eso era, para Riquelme, una línea roja.
‘Hemos parado la venta’: la resistencia de un rival desconocido

Enrique Riquelme, presidente de Cox, irrumpió en la campaña con un mensaje diáfano: ‘La venta del 5% del club no se va a producir’. Su discurso caló entre un sector del madridismo que recela de cualquier desviación del modelo de propiedad de los socios, y le valió un 35% de las papeletas. ‘Quiero felicitar a la candidatura de Florentino por su victoria. El Real Madrid no volverá a estar 20 años sin elecciones. Para nosotros esto no es el final, es el principio. Hemos parado la venta del club. Hay que seguir poniendo al socio en el centro de todo’, declaró tras conocer el resultado.
Los números dan la razón a ese freno: sin un respaldo abrumador, la asamblea general de socios que debe aprobar la operación se prevé dividida. Fuentes del club reconocen que la idea de la venta no está enterrada, pero sí aparcada sine die. El socio ha hablado: quiere seguir siendo el único dueño.
La campaña fue bronca. Riquelme acusó a Florentino de querer ‘maquillar el preocupante estado económico del Real Madrid’ con la inyección de capital externo, mientras que el presidente replicó que el proyecto de su rival era ‘bochornoso y ridículo’. La grieta ha dejado al club con dos almas: la del gestor que busca músculo financiero y la del socio que defiende la pureza del modelo 1902.
El socio ha hablado: quiere seguir siendo dueño del club, pero también exige resultados deportivos y transparencia económica.
Análisis: ACS, el coste reputacional y el futuro del negocio blanco
Para ACS, el desenlace electoral tiene un coste indirecto. Florentino Pérez es la cara visible del grupo constructor y su prolongada etapa en el Real Madrid ha sido utilizada como un activo reputacional en mercados internacionales. Una victoria sin la holgura esperada —lejos del histórico 74% que obtuvo en 2004— puede leerse como un debilitamiento de su imagen, especialmente cuando la fallida Superliga o los problemas en la reforma del Santiago Bernabéu ya habían arañado su crédito.
El fracaso de la Superliga, que Pérez impulsó como un salvavidas financiero, ha dejado al club sin el maná de ingresos que prometía y ha reforzado la desconfianza de parte de la masa social, que ve en la venta parcial otro paso hacia una mercantilización que rechazan. De hecho, el Real Madrid se ha llevado cero títulos de 12 posibles en la temporada recién terminada, un dato que resuena en los despachos de ACS: cuando el equipo no gana, la marca se devalúa, y con ella, el paraguas que protege al presidente en los negocios.
Además, el plan de venta frustrado deja al club sin una vía de financiación que, según fuentes cercanas, pretendía capitalizar la entidad para abordar fichajes sin tensionar los límites salariales de LaLiga. La promesa de Florentino de realizar ‘la oferta más cuantiosa de la historia por un gran jugador’ —que podría ser Michael Olise, del Bayern— deberá ser respaldada con recursos propios o con más deuda. Y la apuesta por José Mourinho como entrenador ya representa un desembolso de 15 millones de euros para liberarlo del Benfica, un sobrecoste que enrarece aún más la ecuación financiera.
En definitiva, el pulso entre Florentino y Riquelme refleja un debate más amplio en el fútbol español sobre la conveniencia de abrir los clubes al capital privado, en un momento en que la Premier League absorbe cada vez más patrocinio y talento. Si la próxima temporada no llegan los títulos, las preguntas sobre el modelo de gestión —dentro y fuera del Bernabéu— arreciarán.
La irrupción de Riquelme supone, además, una anomalía en el sistema de poder madridista. Con un discurso de transparencia y retorno al socio, ha logrado instalar la semilla de una oposición que promete ser recurrente. Si el Real Madrid no levanta títulos en la próxima temporada —este año se fue de vacío en fútbol, baloncesto y fútbol femenino— la presión sobre el modelo de gestión de Florentino podría aumentar, y con ella, el ruido en los consejos de ACS.





