El célebre superviviente Bear Grylls ha dado un giro radical: de vegano a defensor del consumo de vísceras, un cambio que ha compartido en sus redes y que pone el foco en nutrientes ancestrales. Las vísceras, consideradas superalimentos por generaciones anteriores, destacan por su densidad en vitamina B12, hierro altamente disponible, zinc y coenzima Q10, compuestos que la ciencia asocia con una producción de energía más eficiente y un rendimiento físico y mental sostenido.
De vegano a carnívoro: el cambio que resucita los superalimentos de la abuela
Bear Grylls, el aventurero de 52 años conocido por sus hazañas extremas, pasó de eliminar todos los productos animales a adoptar una dieta carnívora y, según declaraciones recogidas por The Telegraph, ahora anima a sus hijos a comer hígado y otras vísceras. Este cambio no es solo una anécdota personal: refleja una tendencia creciente hacia el consumo de casquería, esos cortes olvidados que nuestras abuelas valoraban como auténticas bombas de nutrientes.
Para Grylls, el cambio obedeció a una búsqueda de bienestar y energía. “Ya no me siento fatigado”, ha comentado en entrevistas, señalando que la reintroducción de carne y vísceras le devolvió la vitalidad. Aunque cada cuerpo es distinto, su historia pone sobre la mesa un dato incómodo: muchos alimentos que descartamos hoy concentran justo lo que necesitan los profesionales ocupados para rendir sin altibajos.
El arsenal oculto de las vísceras: nutrientes que encienden tu motor
Las vísceras —esa familia que incluye el hígado, el riñón, el corazón o los sesos— son, con diferencia, los alimentos más densos en micronutrientes que existen. Un solo filete de 100 gramos de hígado de ternera cubre sobradamente las necesidades diarias de vitamina B12, aporta hierro hemo (el que mejor se absorbe), zinc y una generosa dosis de coenzima Q10. ¿Por qué importa esto para tu rendimiento?
La vitamina B12 es un engranaje imprescindible del metabolismo energético y del mantenimiento del sistema nervioso. Sin suficiente B12, la transformación de los alimentos en ATP —la moneda energética de tus células— se ralentiza, y eso se traduce en niebla mental y agotamiento. El hierro de las vísceras, por su parte, es clave para transportar oxígeno a los músculos: cada inspiración se convierte en fuerza útil en tu entrenamiento o en resistencia durante una jornada laboral intensa.
El zinc merece un capítulo aparte: actúa como cofactor en más de 300 reacciones enzimáticas, incluidas las que reparan el tejido muscular después del esfuerzo y las que regulan la función cognitiva. Y la coenzima Q10, que el cuerpo produce pero que también necesita de la dieta, participa directamente en la cadena de transporte de electrones dentro de las mitocondrias. Dicho sin tecnicismos: más Q10 significa un motor celular que quema combustible con eficiencia y te mantiene activo.
📊 La pauta en cifras
- Porción semanal recomendada: 80-100 gramos de hígado de ternera o 100-150 gramos de corazón o riñones, una o dos veces por semana.
- Calidad del producto: elige vísceras de animales alimentados con pasto o de producción ecológica —acumulan más ácidos grasos beneficiosos y menos metales pesados.
- Precaución con la vitamina A: el hígado es muy rico en retinol; no conviene superar la cantidad semanal para evitar una acumulación excesiva. El corazón o los riñones permiten un consumo más frecuente sin ese riesgo.
- Sinergia con vitamina C: acompañar las vísceras con un cítrico o pimiento rojo multiplica la absorción del hierro hasta tres veces.
Cómo meter las vísceras en tu plato sin poner cara de supervivencia
La mayor barrera no es nutricional, sino sensorial. Sin embargo, con dos o tres trucos estas menudencias pasan de ser un castigo a convertirse en un aliado silencioso. La clave está en camuflarlas: pica hígado muy fino y mézclalo con carne picada para albóndigas, boloñesa o hamburguesas. El sabor se integra y la textura desaparece, pero el plus de nutrientes sigue ahí.
Otra opción es el paté casero: saltea hígado de pollo con cebolla, ajo y un toque de brandy, tritúralo y tendrás una crema untable con una densidad de B12 difícil de igualar. Para los más atrevidos, el corazón de ternera fileteado y hecho a la plancha recuerda a la carne magra, pero con el doble de coenzima Q10. Y si el tiempo apremia, empieza por solo 30 gramos una vez a la semana: el impacto en tu energía puede notarse sin que tu paladar proteste.
La densidad nutricional de un pequeño filete de hígado supera a la de casi cualquier suplemento, y lo hace en una matriz que el cuerpo reconoce y absorbe con eficacia.
Vamos por partes: la clave del éxito con las vísceras es igual que en el entrenamiento: carga progresiva. Primero poca cantidad, luego más frecuencia. Y, sobre todo, busca una fuente de confianza. Los mercados tradicionales o los productores locales suelen tener casquería más fresca que los lineales del supermercado industrial, y la trazabilidad del animal es tan importante como la de una pieza de solomillo.
Análisis crítico: ¿necesitas vísceras de verdad para rendir mejor?
Aquí el matiz que cambia todo: las vísceras no son un requisito innegociable para una buena energía, pero sí representan un atajo nutricional de primer orden. Una dieta omnívora variada, con carnes magras, pescado azul, huevos, legumbres y verduras de hoja verde, aporta casi los mismos nutrientes, aunque normalmente en dosis más diluidas. Lo que distingue a las vísceras es su densidad: en muy poco volumen consigues lo que necesitas de varios micronutrientes críticos.
La evidencia científica avala esa densidad. Un metaanálisis sobre calidad de la dieta y rendimiento cognitivo señala que ingestas generosas de B12, hierro y zinc —justo lo que las vísceras ofrecen de golpe— se asocian con mejor función ejecutiva y menor sensación de fatiga percibida. Pero ojo, ningún alimento es mágico. Si tu patrón de sueño es un desastre o tus niveles de estrés están por las nubes, un filete de hígado no lo arreglará. A efectos prácticos, integrar vísceras una o dos veces por semana es una manera cómoda de blindar tu motor energético sin recurrir a pastilleros interminables.
Para quienes siguen dietas veganas o vegetarianas, las vísceras obviamente no son una opción. La buena noticia es que esos mismos nutrientes se pueden cubrir con cereales enriquecidos, legumbres, frutos secos y, cuando haga falta, suplementos específicos —siempre bajo supervisión profesional—. Aunque hay que ser realistas: la biodisponibilidad del hierro de origen vegetal es menor, y la B12 activa no se encuentra en el mundo de las plantas, así que el suplemento suele ser obligatorio.
En resumen, las vísceras son una herramienta legítima y avalada por la tradición y la ciencia para para maximizar tu rendimiento cotidiano y tu energía estable. No son imprescindibles, pero descartarlas por prejuicio es perderse una de las fuentes de micronutrientes más completas que tengas al alcance de la mano.
⚡ Rutina de Optimización Diaria
- Añade una dosis semanal: programa una comida a la semana con 80-100 g de hígado de ternera o 100 g de corazón. Empieza con una porción pequeña y acompáñala de zumo de limón o pimiento rojo para mejorar la absorción del hierro.
- Revisa tus niveles de energía: antes de gastar en suplementos, hazte una analítica para ver si tienes déficits de hierro o B12. Si los valores están bajos, las vísceras pueden ser la primera línea de acción natural antes que las pastillas.
- Camufla y disfruta: mezcla hígado picado con carne de ternera y especias; prepara un paté casero para tus tostadas de media mañana o simplemente filetea corazón y hazlo a la plancha. En dos semanas notarás el efecto acumulativo.




