EDP ha completado en el municipio de Tébar (Cuenca) la primera planta de la Península Ibérica que hibrida generación eólica, fotovoltaica y almacenamiento en un único punto de conexión. El conjunto, con una potencia total de 122 megavatios (MW), marca un hito en la integración de renovables y en la optimización de infraestructuras de red, uno de los cuellos de botella más acuciantes de la transición energética.
La empresa portuguesa, que opera el parque eólico de Las Lomillas desde 2005 con 49,5 MW, sumó en 2025 una planta solar de 36 MW y acaba de poner en marcha un sistema de baterías de ion-litio de 36 MW de potencia y 72 megavatios hora (MWh) de capacidad. La combinación, gestionada por un sistema de control energético centralizado, permite suavizar la intermitencia inherente a la eólica y la solar y adaptar la producción a las necesidades reales de la red.
El proyecto ha supuesto una inversión que, sin cifras oficiales totales, cuenta con una subvención máxima de 6,2 millones de euros procedente del Programa de Ayudas del IDAE a proyectos innovadores de almacenamiento hibridado con renovables, enmarcado en el Plan de Recuperación y financiado con fondos Next Generation EU.
La receta de la triple hibridación
La hibridación de tecnologías renovables no es nueva, pero enlazar eólica, solar y baterías en un mismo nudo de evacuación hasta ahora solo se había ensayado en proyectos piloto. La apuesta de EDP por esta fórmula responde a un problema crítico: la saturación de los puntos de conexión a la red eléctrica. Al compartir la infraestructura de evacuación de unos 50 MW, la planta multiplica la energía inyectada sin necesidad de tramitar nuevos accesos, un proceso que puede demorarse años.
Desde la óptica del sistema eléctrico, la inclusión de baterías aporta inercia y flexibilidad. El almacenamiento permite absorber los excedentes de generación en horas de viento o sol abundante y liberarlos cuando la demanda repunta, reduciendo vertidos y estabilizando la frecuencia. Esa capacidad de gestión convierte al complejo en un generador más predecible, cualidad cada vez más valiosa para el operador del sistema.
La verdadera innovación de Las Lomillas no es la tecnología en sí, sino la capacidad de extraer más megavatios de una misma conexión sin añadir nuevas líneas de evacuación.
La planta conquense se integra en la cartera ibérica de EDP, que ya suma cerca de un gigavatio (GW) de potencia hibridada entre España y Portugal y más de 260 MW en territorio español tras esta puesta en marcha. En Castilla-La Mancha, la compañía opera diez parques eólicos y dos plantas fotovoltaicas híbridas, con una capacidad total superior a los 480 MW.
En el conjunto de la Península Ibérica, EDP acumula más de 14 GW de capacidad instalada, 288.000 kilómetros de redes eléctricas y distribuye cerca de 60 teravatios hora anuales. La hibridación se ha convertido en uno de sus ejes estratégicos, con una cartera que abarca desde la eólica marina hasta sistemas de almacenamiento de gran escala, y Las Lomillas representa su proyecto más avanzado en tierra firme.
El papel de los fondos europeos y la visión de EDP

El respaldo de los fondos Next Generation EU ha sido determinante para viabilizar el proyecto. La línea del IDAE destinada a almacenamiento hibridado cubrió parte del sobrecoste que supone añadir baterías a instalaciones renovables ya amortizadas. Sin ese estímulo, el retorno económico de una instalación de 36 MW y 72 MWh sobre un emplazamiento con conexión limitada habría sido menos atractivo.
El consejero delegado de EDP, Miguel Stilwell de Andrade, ha subrayado que este avance “representa un avance significativo en la integración de tecnologías renovables y sistemas de almacenamiento energético” y ha aprovechado para reclamar mayor agilidad administrativa: “Los procesos deben acelerarse para facilitar la materialización de más proyectos similares”. La declaración no es casual: la compañía ha identificado la hibridación como uno de los vectores de crecimiento prioritarios para los próximos años.
Análisis: el verdadero valor es la conexión
La puesta en marcha de Las Lomillas no es solo un logro técnico; es un recordatorio de que la principal moneda de cambio en la transición energética española no son los megavatios de renovable instalados, sino los kilómetros de red capaces de evacuarlos. La planificación de la red de transporte y distribución arrastra un desfase de años respecto al aluvión de proyectos renovables, lo que convierte cada punto de conexión existente en un activo estratégico.
La hibridación ya no es un concepto de laboratorio.
El modelo de EDP, si se replica a escala, podría aliviar la presión sobre los concursos de capacidad de acceso sin necesidad de esperar a las grandes ampliaciones de red previstas en la Planificación 2025-2030. Sin embargo, no es una solución universal: exige emplazamientos con recurso eólico y solar suficiente, espacio para baterías y, sobre todo, una tramitación que, a día de hoy, sigue penalizando la innovación con plazos administrativos desproporcionados. La llamada de Stilwell de Andrade a acelerar los procesos refleja la frustración de un sector que, con los deberes técnicos hechos, choca una y otra vez con el muro burocrático.
El interrogante que queda abierto es si las reglas del mercado mayorista y los mecanismos de capacidad sabrán retribuir adecuadamente la flexibilidad que aportan este tipo de plantas. Una batería que arbitra precios en el intradiario puede ser rentable en un entorno de alta volatilidad, pero si la expansión masiva del almacenamiento aplanase los diferenciales, el valor económico se trasladaría al sistema en forma de menores precios para el consumidor. La ecuación, para inversores y reguladores, apenas empieza a despejarse.





