Los ETFs de Ethereum registran tres semanas consecutivas de entradas semanales y superan a Bitcoin

Los fondos cotizados de ether suman 104 millones de dólares en flujos netos positivos mientras los de bitcoin pierden capital. Los analistas ven en este patrón la primera rotación institucional hacia Ethereum desde el lanzamiento de los ETFs.

Por primera vez desde su lanzamiento en julio de 2024, los fondos cotizados (ETFs) de ether al contado en Estados Unidos encadenan tres semanas consecutivas de entradas netas positivas. Un hito que contrasta con las salidas semanales que registran sus homólogos de bitcoin en el mismo periodo. Los datos agregados de los nueve ETFs de ether suman 104 millones de dólares en flujos netos, según los informes publicados por los propios emisores.

En paralelo, los ETFs de bitcoin al contado —que llevan más de dos años en el mercado— han visto reembolsos netos que superan los 80 millones de dólares en ese mismo intervalo. Es la primera vez que ambos activos divergen de forma tan clara en el apetito institucional desde que conviven en el parqué estadounidense.

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El giro es significativo. Hasta ahora, el capital profesional había tratado a ether como una apuesta secundaria o un derivado de la tesis del oro digital. Pero algo está cambiando. Tres semanas seguidas de compras netas, con el bitcoin perdiendo fuelle, sugieren que los gestores de fondos empiezan a otorgar a Ethereum un espacio propio en sus carteras.

Las razones detrás del giro: más que un ‘segundo bitcoin’

Los analistas apuntan a varios factores. En primer lugar, la narrativa de Ethereum como plataforma de contratos inteligentes y finanzas descentralizadas (DeFi) gana tracción entre los inversores que buscan exposición a la tokenización de activos los sistemas de pagos y las aplicaciones descentralizadas. Algo que bitcoin, por diseño, no puede ofrecer.

Además, el ecosistema de capa 2 —rollups como Arbitrum, Optimism o Base— ha multiplicado la capacidad de la red sin disparar las comisiones, lo que convierte a Ethereum en una infraestructura más escalable y, por tanto, más atractiva para el dinero institucional. La combinación de utilidad tecnológica y una oferta de ether que, desde la Fusión de 2022, es ocasionalmente deflacionaria, dibuja un perfil de inversión diferente al de bitcoin.

El capital institucional está empezando a distinguir entre el oro digital y la plataforma de aplicaciones descentralizadas.

Una señal de madurez que llega dos años después

No hay que perder de vista la escala. Ciento cuatro millones en tres semanas es una cifra modesta si se compara con los miles de millones que mueven a diario los ETFs de bitcoin. Pero la tendencia pesa más que la cantidad. El hecho de que el interés comprador se mantenga estable durante tres semanas —y que coincida con salidas en el activo rey— indica que la correlación entre ambos criptoactivos podría estar aflojando.

Para el inversor particular, este movimiento refuerza la tesis de que ether no es simplemente un bitcoin más volátil, sino una apuesta diferenciada por la infraestructura financiera del futuro. Que los grandes fondos empiecen a tratarlo así es una validación que hasta ahora solo existía en el plano teórico.

Lo que este flujo dice sobre la confianza institucional en Ethereum

Conviene recordar que los ETFs de ether llegaron al mercado con escepticismo. Su lanzamiento en julio de 2024, apenas unos meses después de que la SEC diera luz verde a los de bitcoin, fue recibido con flujos tibios. Muchos analistas dudaban de que la demanda institucional por un activo que no es reserva de valor puro pudiera compararse. Hoy, dos años más tarde, esos flujos semanales positivos empiezan a contar una historia distinta.

En este contexto, la rotación no es casual. Coincide con un momento en que la red Ethereum consolida su posición como capa de liquidación global y en que los reguladores —tanto en Estados Unidos como en Europa, con MiCA— han aportado algo más de certidumbre. Eso no elimina los riesgos: la concentración del staking en pocos proveedores, la dependencia de un puñado de rollups o la posibilidad de que surjan alternativas más eficientes son amenazas reales. Pero, por ahora, el dinero institucional elige Ethereum.

La pregunta que queda en el aire es si esta tendencia se mantendrá cuando el apetito por el riesgo fluctúe. De momento, los datos de flujos sugieren que el ether ha dejado de ser el acompañante perpetuo del bitcoin en las carteras. Y eso, para un activo que aspira a ser algo más que un depósito de valor, es una noticia de primera plana.


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