DW Español: el 25% de la pobreza y la minería son los mayores retos de la economía peruana

La economista Rosa Barrantes analiza las prioridades económicas de Keiko Fujimori y los desafíos estructurales que enfrenta el país andino, desde la elevada pobreza hasta la urgencia de una reforma fiscal.

Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú con un panorama económico que exige mucho más que buenas intenciones. El 25 % de la población sigue sumido en la pobreza, la informalidad laboral ahoga a más del 70 % de los trabajadores y la dependencia de la exportación de minerales convierte cada vaivén de los precios internacionales en un terremoto fiscal. En su último programa, DW Español conectó con Rosa Barrantes Cáceres, directora de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica del Perú y miembro del directorio del Banco Central de Reserva, para diseccionar los desafíos que tiene por delante la nueva mandataria.

Prioridades de Keiko Fujimori: el servicio civil y la ausencia de reforma fiscal

Barrantes valoró que la presidenta haya colocado el fortalecimiento del servicio civil como una de sus primeras banderas. “Eso es clave para que los servicios lleguen con calidad y oportunidad a la gente”, comentó durante la entrevista. Sin embargo, la economista advirtió que el discurso de investidura dejó un vacío preocupante: la sostenibilidad fiscal. Fujimori anunció un aumento del salario mínimo con compensaciones para las pymes, pero no mencionó la reforma tributaria que el país necesita con urgencia. Perú, recordó Barrantes, tiene una de las presiones fiscales más bajas de América Latina, y sin un rediseño del sistema de ingresos, cualquier promesa de gasto se tambalea.

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Reducir la pobreza del 25 %: la clave está en el empleo de calidad

Para Barrantes, el alivio inmediato de la pobreza es ineludible, pero la solución estructural pasa por generar empleo formal. “La mejor política para sacar a la gente de la pobreza es ofrecer trabajo de calidad”, subrayó. Eso, explicó, solo se consigue promoviendo la inversión privada, un motor que en los últimos años se ha frenado por la debilidad de la seguridad jurídica. La economista dejó claro que sin reglas estables y un poder judicial que inspire confianza, el capital se mantendrá retraído.

Diversificar la economía: un proceso que llevará años

La dependencia de los minerales sigue siendo un lastre. Barrantes señaló que los esfuerzos de diversificación productiva en Perú han sido “muy debiles” y carecen de un consenso mayoritario en el sector empresarial. Cualquier cambio profundo, añadió, requerirá mejorar la educación, la salud y las condiciones para que surjan inversiones capaces de crear puestos de trabajo de calidad. No hay atajos.

Durante la conversación, Barrantes fue tajante: la diversificación productiva debe ser un esfuerzo de Estado que trascienda a los gobiernos de turno. Sin seguridad jurídica y visión de largo plazo, será imposible atraer el capital que saque al país de la trampa de los commodities.

“La mejor política para sacar a la gente de la pobreza es ofrecer empleo de calidad, y para eso necesitas promover la inversión privada con seguridad jurídica.”

— Rosa Barrantes Cáceres, economista y miembro del BCRP

El 25 % de pobreza que registra el INEI no es solo una estadística: implica que uno de cada cuatro peruanos no cubre sus necesidades básicas, una realidad que apenas retrocede a los niveles de hace una década. La informalidad laboral, que supera el 70 % en varios departamentos, perpetúa la exclusión social y limita la recaudación fiscal. Mientras, la minería representa cerca del 60 % de las exportaciones, lo que amarra el presupuesto público a la volatilidad del cobre y el oro. Cualquier enfriamiento de China o una guerra comercial desata inmediatamente ajustes en la inversión pública y en los programas sociales.

Implicaciones para el gobierno y los ciudadanos

El nuevo Ejecutivo se enfrenta a un equilibrio endiablado: atender las urgencias sociales sin disparar el déficit y sin espantar al sector privado. Las advertencias de Barrantes sobre la falta de una reforma tributaria profunda y la fragilidad institucional encienden las alertas entre inversores y organismos multilaterales que siguen de cerca a Perú. Si la presidenta no logra articular un pacto fiscal y garantizar reglas claras, la promesa de un crecimiento inclusivo se quedará en un simple eslogan de campaña.

La economista no ofreció recetas mágicas, pero sí un espejo incómodo: Perú necesita reconstruir su capacidad estatal y convencer al sector privado de que el país es un destino fiable. La pregunta que flota en el ambiente es si el nuevo Gobierno tendrá la fortaleza política para ir más allá de los anuncios y emprender las reformas que durante años se han pospuesto.

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