Inversión de jóvenes en España: MyInvestor y Trade Republic lideran el abandono de los depósitos

Por primera vez en la historia, la inversión directa supera al efectivo y los depósitos como principal destino del ahorro familiar. Las plataformas digitales, con MyInvestor y Trade Republic a la cabeza, impulsan este cambio de mentalidad en las generaciones de 25 a 45 años.

Hay algo que está pasando desapercibido en las sobremesas de los domingos. Mientras muchos padres miran de reojo sus cartillas amarillas, sus hijos sacan el móvil y operan en bolsa desde una app. No es una anécdota: es el mayor trasvase de ahorro a inversión desde que existen registros.

En 1985, las cartillas de ahorro acaparaban el 63% del patrimonio financiero de las familias españolas. Hoy, según un análisis de El Economista, apenas suponen un tercio, el porcentaje más bajo jamás registrado. Por primera vez, la inversión directa —participaciones en empresas no cotizadas, acciones y bonos— está a punto de superar al efectivo y los depósitos como principal destino del ahorro de los hogares.

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La cifra es contundente: los depósitos y el efectivo representan solo un 33% del patrimonio financiero, frente al 63% de hace cuatro décadas. El ahorro acumulado durante la pandemia y la posterior recuperación de rentas tras tras el repunte inflacionista llevaron el porcentaje hasta cerca del 38% en 2021. Pero desde entonces, la tendencia ha seguido desinflándose sin pausa.

El desplome histórico de las cartillas

El movimiento no es nuevo, pero acelera. Desde 2020, el peso de la renta variable dentro del ahorro familiar ha pasado del 9% al 13,5% en 2025. La transformación es generacional y financiera. Y tiene dos motores: los costes y la tecnología.

La irrupción de los neobancos ha pulverizado las comisiones. Invertir antes costaba un riñón; ahora, plataformas como MyInvestor o Trade Republic permiten comprar acciones o fondos indexados con dos clics y por un puñado de euros. Eso ha rebajado la barrera psicológica que separaba al ahorrador tradicional del inversor.

El segundo factor, quizás más decisivo, es la digitalización. La inversión se ha convertido en una actividad de bolsillo. Las generaciones de entre 25 y 45 años, nativas digitales, son las protagonistas: no recuerdan un mundo sin internet y manejan las finanzas con la misma naturalidad con la que piden comida a domicilio.

El ahorro es la escalera, pero la inversión es el ascensor. Las nuevas generaciones lo han entendido a tiempo.

MyInvestor y Trade Republic, los aceleradores del cambio

Ambas entidades simbolizan la nueva ruta del ahorro. MyInvestor, respaldada por Andbank España y con más de 300.000 clientes, ha logrado que el inversor novel acceda a fondos indexados sin comisiones de custodia. Trade Republic, de origen alemán, ha irrumpido con una propuesta aún más radical: planes de ahorro automatizados y un catálogo de acciones y ETFs que simplifica al máximo la operativa.

Su éxito no es solo tecnológico; es cultural. Han conseguido que una parte de los ahorradores españoles, harta de la nula rentabilidad de los depósitos, vea en la inversión un camino para que el dinero trabaje. Y no son solo los jóvenes: los perfiles de mediana edad también se están sumando.

La penetración es tal que, según los datos recogidos por El Economista, el ahorro en fondos de inversión ha crecido un 18% en el último año. La banca tradicional ha reaccionado tarde, y ahora compite a la desesperada con sus propias apps y fondos, pero la ventaja inicial de los neobancos se ha convertido en una brecha difícil de cerrar.

Lo que la revolución silenciosa esconde

Sin embargo, conviene ponerle algunos peros a este entusiasmo. El acceso masivo a la inversión también implica riesgos que antes estaban acotados. La cultura financiera, aunque mejora, sigue siendo la asignatura pendiente. Invertir sin formación es como conducir sin carné. Y en un contexto de elevada volatilidad, los errores se pagan al contado.

No es baladí: la CNMV ya ha advertido del aumento de reclamaciones relacionadas con productos de inversión complejos vendidos a través de apps. La democratización no puede ser sinónimo de desprotección. Aquí entra el papel del regulador, que debe pisar el acelerador normativo sin asfixiar la innovación.

Creo que la clave no está tanto en poner puertas al campo como en asegurarse de que los inversores novatos entiendan qué están comprando. Porque si se produce un desplome de los mercados y los pequeños inversores huyen en manada, el daño reputacional podría frenar la migración del ahorro durante años. El recuerdo de las preferentes sigue demasiado fresco.

La buena noticia es que el cambio cultural es real. No es una burbuja: responde a un reajuste profundo del comportamiento financiero de varias generaciones. De hecho, la economía española se está reconfigurando en torno a una mayor participación en los mercados de capitales, lo que, a la larga, debería traducirse en una mejor asignación del ahorro y en más músculo inversor para las empresas.

El siguiente hito será ver si la inversión directa culmina el adelantamiento definitivo en 2027. De momento, los jóvenes ya han tomado la delantera. Y con MyInvestor y Trade Republic como estandartes, el ascensor está en marcha.


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