Juan Marcos Fernández conoce el sector inmobiliario desde dentro. Durante años fue promotor y hoy observa con preocupación cómo el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas sociales de España y de buena parte del mundo. Para él, la raíz del conflicto no está solo en los precios, sino en una combinación de factores estructurales que dificultan cualquier solución rápida.
El exdirectivo sostiene que la crisis actual de la vivienda responde a dos causas principales: la falta de mano de obra en la construcción y el aumento generalizado de los costes. A su juicio, mientras estos elementos sigan presentes, será muy difícil ofrecer casas económicas para los jóvenes y las familias que hoy buscan independizarse.
Falta de trabajadores y encarecimiento de los costes de la vivienda

Fernández es claro al señalar el primer gran obstáculo. “Uno de los grandes problemas de la vivienda es que no hay mano de obra en la construcción”, afirma. Cada vez resulta más complicado encontrar profesionales dispuestos a trabajar en el sector. Muchos oficios tradicionales se han perdido y las nuevas generaciones no se sienten atraídas por estas tareas.
Esa escasez de trabajadores tiene consecuencias directas. Construir se vuelve más lento y más caro. Ante este escenario, explica, las empresas están comenzando a cambiar su forma de producir. La construcción industrial y modular aparece como una alternativa para reducir la dependencia del trabajo manual. Hoy ya existen baños, cocinas e incluso casas completas fabricadas en fábricas y ensambladas luego en el terreno.
El segundo problema que identifica es económico. En su opinión, los costes de levantar una vivienda se han disparado no solo por la falta de personal, sino también por la pérdida de valor del dinero. “Hace años construir podía costar unos 600 euros por metro cuadrado. Hoy esa cifra se ha duplicado o incluso más”, señala. El resultado es evidente: lo que antes era accesible para muchos, ahora se ha vuelto inalcanzable.
Según su análisis, un joven podría afrontar sin demasiados problemas la compra de una vivienda de 150.000 euros. Lo que resulta imposible es hacerlo cuando el precio sube a 300.000. Ahí es donde el mercado se vuelve excluyente y deja fuera a buena parte de la población.
La industrialización como posible salida
Frente a este panorama, Juan Marcos Fernandez cree que la única vía realista pasa por cambiar el modelo de construcción. La clave estaría en producir viviendas de forma industrial, tal como ya se hace en otros países. En China, por ejemplo, existen módulos prefabricados que permiten fabricar casas a precios muy competitivos y con buena calidad.
El problema, explica, es que traer esos módulos desde Asia resulta extremadamente caro. El transporte prácticamente duplica el valor final y hace inviable la operación. Por eso insiste en que la solución debe desarrollarse dentro de España. “La tecnología existe. Lo que hace falta es producirla aquí”, sostiene.
Para lograrlo, considera imprescindible una implicación activa del Estado. Serían necesarias inversiones en investigación y desarrollo, ayudas a empresas del sector y facilidades administrativas. También propone que las administraciones cedan terrenos a bajo coste para impulsar proyectos de vivienda industrializada dirigidos especialmente a jóvenes.
El modelo tradicional de construir ladrillo a ladrillo, afirma, ya no tiene sentido en el siglo XXI. Sin embargo, reconoce que la transición no es sencilla. Incluso las soluciones modulares que hoy se aplican en España siguen siendo, en muchos casos, más caras que la construcción convencional. Reducen tiempos y requieren menos personal, pero todavía no han logrado abaratar de verdad el precio final.
Aun así, Fernández está convencido de que ese es el camino inevitable. “Alguien dará con la tecla para producir módulos a costes asumibles”, asegura. Cuando eso ocurra, será posible volver a ofrecer vivienda a precios razonables y equilibrar un mercado que hoy parece desbordado.
El ex promotor también descarta que se pueda repetir el modelo expansivo del pasado. Volver a construir miles de casas de forma masiva, como ocurrió antes de la crisis de 2008, no resolvería el problema actual. La falta de trabajadores seguiría estando ahí y haría imposible mantener ritmos tan elevados.






