La DGT lo aclara: manipular esta pieza del coche no es una multa, es un posible delito

Vivimos tiempos en los que parece que todo vale con tal de arañar unos euros o ganar un poco de tiempo al volante. Sin embargo, la DGT ha puesto el foco en prácticas que van mucho más allá de la simple picaresca, rozando o incluso cruzando de lleno la línea de lo delictivo. Ya no hablamos solo de la típica multa que llega a casa y nos fastidia el mes, sino de actuaciones que pueden tener consecuencias mucho más serias de lo que la mayoría imagina, afectando a la seguridad de todos y al medio ambiente que compartimos.

El asunto es más peliagudo de lo que muchos creen, afectando a elementos clave para la seguridad vial y el medio ambiente cuya manipulación puede salir muy cara. La intervención sobre componentes como el tacógrafo en vehículos profesionales o los sistemas anticontaminación en cualquier coche ha dejado de ser, en determinados supuestos de especial gravedad, una mera infracción administrativa sancionable con una multa. Ahora, bajo circunstancias específicas de fraude continuado o riesgo considerable para la seguridad o el entorno, puede abrir las puertas a un proceso penal con consecuencias devastadoras para el infractor, algo que conviene tener muy presente antes de caer en la tentación.

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LA DGT AL ATAQUE: MÁS CONTROLES Y TECNOLOGÍA CONTRA EL FRAUDE

Fuente Propia

Ante la constatación de la proliferación de estas prácticas fraudulentas y peligrosas en nuestras carreteras, la DGT no se ha quedado de brazos cruzados ni mucho menos. En los últimos años se han intensificado notablemente los controles específicos en carretera, tanto para vehículos dedicados al transporte de mercancías o viajeros como para turismos particulares, con unidades de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil especializadas y dotadas de formación específica para detectar estas manipulaciones. Además, la tecnología juega un papel cada vez más importante y decisivo en esta lucha, permitiendo detectar alteraciones sofisticadas que antes podían pasar desapercibidas mediante el uso de herramientas de diagnosis electrónica avanzada conectadas a los vehículos, un esfuerzo constante y una inversión tecnológica por parte de la DGT.

El mensaje lanzado desde la Dirección General de Tráfico (DGT) es rotundo y no deja lugar a dudas: la tolerancia con este tipo de manipulaciones graves, tanto en tacógrafos como en sistemas anticontaminación, es absolutamente cero. La posibilidad real y cada vez más cercana de enfrentarse no solo a una fuerte multa, sino a un complejo y costoso proceso penal, con todo lo que ello implica a nivel personal, profesional y económico, debería ser un elemento disuasorio suficientemente potente para cualquiera que se plantee alterar estos componentes esenciales del vehículo. Ya no es solo una cuestión de ‘librarse’ de una sanción o de ahorrar unos euros en mantenimiento o combustible; estamos hablando de la posibilidad cierta de cometer un delito con consecuencias que pueden marcar de por vida al infractor, una advertencia muy seria que la DGT reitera constantemente y que todos los conductores y profesionales del transporte conviene que se tomen muy en serio, porque la propia DGT está más vigilante que nunca.

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