Parece mentira, pero algo tan aparentemente trivial como el color de nuestro vehículo puede tener implicaciones que van mucho más allá de la simple estética o la moda del momento. Pocas veces reparamos en ello al elegir montura, pero la tonalidad de la carrocería de nuestro coche influye directamente en su visibilidad, y por ende, en nuestra seguridad y la de quienes nos rodean en la carretera. Es un factor silencioso, casi invisible a la hora de firmar los papeles en el concesionario, pero que susurra constantemente datos cruciales sobre el riesgo en cada kilómetro recorrido.
Las estadísticas y diversos estudios llevados a cabo en distintas partes del mundo, como el referenciado en el propio planteamiento inicial proveniente de análisis serios sobre siniestralidad, no dejan lugar a muchas dudas. Existe una correlación bastante clara entre ciertos colores y la probabilidad de verse involucrado en un accidente de tráfico, especialmente cuando las condiciones lumínicas no son las óptimas, como ocurre al amanecer, al atardecer, durante la noche o en días de climatología adversa con lluvia intensa o niebla. Comprender esta relación es el primer paso para tomar conciencia de un elemento más a considerar en la compleja ecuación de la seguridad vial.
3NEGRO, GRIS Y AZUL OSCURO: LAS SOMBRAS QUE ACECHAN EN LA CARRETERA
En el extremo opuesto del espectro de la seguridad se encuentran los colores oscuros, con el negro a la cabeza como el estadísticamente más propenso a estar involucrado en accidentes. Su bajísima reflectancia lo convierte en una auténtica sombra rodante, especialmente durante la noche, el amanecer o el atardecer, momentos en los que puede ser tremendamente difícil distinguirlo contra el asfalto o en zonas poco iluminadas. Los estudios sugieren que los coches negros pueden tener un riesgo significativamente mayor, estimado en algunos análisis en hasta un 12% más de probabilidades de sufrir un accidente durante el día y casi un 50% más por la noche en comparación con los blancos.
Los tonos grises oscuros y los azules marinos o muy oscuros comparten una problemática similar a la del negro, aunque quizás en un grado ligeramente inferior. Estos colores tienden a fundirse con el entorno vial, especialmente en condiciones de baja luminosidad o climatología adversa como lluvia o niebla, reduciendo drásticamente el tiempo de detección por parte de otros usuarios de la vía. Elegir un coche en estas tonalidades puede ser una decisión estética muy personal y elegante, pero es innegable que conlleva una pequeña, pero medible, penalización en términos de visibilidad pasiva.



