El supermercado está lleno de envases que prometen salud en la cara delantera y la desmienten en la trasera. Por eso, el criterio de esta lista que te dejamos a continuación es contrastar el reclamo grande —«0% materia grasa», «integral», «100% fruta», «sin azúcar añadido» o «fuente de proteínas»— con la información nutricional y la lista de ingredientes de la letra pequeña. La referencia para los azúcares es el Reglamento (CE) 1924/2006, que solo autoriza la mención «bajo contenido en azúcares» por debajo de 5 g por 100 g en sólidos y 2,5 g por 100 ml en líquidos. Varios de los siete lo superan.
Los siete comparten un patrón: el adjetivo que los vende describe una ausencia (sin grasa, sin azúcar añadido) o un origen (de avena, de fruta), no un efecto sobre el organismo. Cuando se retira la grasa se añade azúcar, sirope o edulcorante para recuperar el sabor; cuando la harina es refinada se compensa con sal, jarabe de glucosa y grasa vegetal; y un zumo conserva el azúcar de la fruta, pero pierde la fibra que modera su absorción. Las cifras salen de comparar etiquetas de marcas corrientes, con trabajos como los de la OCU o el estudio del grupo BADALI sobre barritas.
6Galletas «digestive», «de avena» e «integrales»
El problema empieza por el nombre. Las «digestive» nacieron en el siglo XIX ligadas al bicarbonato sódico y a la harina integral, pero el horneado anula el efecto antiácido del bicarbonato y hoy son una etiqueta puramente comercial. Lo admiten las propias marcas: en el reverso del envase se lee que «la palabra digestive no significa que la galleta contenga características digestivas». El nutricionista Pablo Ojeda lo resume con un gesto simple, girar el paquete y mirar la parte de atrás. Ahí aparecen entre 16 y 19 gramos de azúcar por cada 100 gramos en las versiones clásicas, integrales y de avena, y hasta 25 gramos o más en las que llevan chocolate. Teniendo en cuenta que la OMS aconseja no superar los 25 gramos de azúcares libres al día, una ración generosa de estas galletas puede agotar el cupo diario completo.
La grasa tampoco ayuda a sostener el reclamo saludable. Muchas se elaboran con aceite de palma y rondan los 20 gramos de grasa por 100 gramos, con cifras de saturadas que alcanzan los 9,7 gramos en algunas marcas y superan los 12 en las chocolateadas. La fibra que se anuncia en el frontal —cuando existe, porque en bastantes productos la harina integral es casi testimonial— no compensa el resto de la fórmula, insisten los expertos. El resultado es un ultraprocesado que se vende más caro que una galleta convencional y que, en el análisis de la OCU sobre 286 referencias, aparece mayoritariamente con las notas más bajas de Nutriscore. Por eso los nutricionistas lo sitúan en la categoría de dulce ocasional, no de desayuno diario.



