Soberanía de la IA: por qué EE. UU. y China se juegan el control de los datos

El CEO de Cohere y coautor del paper de los transformers explica por qué la dependencia de unas pocas tecnológicas es un riesgo de seguridad nacional. La entrevista de CNBC International recorre datos, infraestructura, APIs y el futuro de los agentes autónomos.

Medio siglo de liderazgo tecnológico estadounidense ha dejado una dependencia incómoda en Europa, Canadá y otras democracias. En el último episodio de The Tech Download, el canal CNBC International conversó con Aidan Gomez, CEO de Cohere y coautor del paper que dio origen a los transformers, sobre un concepto que está redefiniendo la geopolítica digital: la soberanía de la IA.

El origen de todo: un paper que cambió la industria

Antes de fundar Cohere, Gomez fue uno de los coautores del artículo científico Attention Is All You Need, publicado en 2017. Aquel trabajo presentó la arquitectura transformer, que enseña a los modelos de lenguaje a prestar atención a las piezas más relevantes de una frase o un documento de forma simultánea. Según CNBC International, muchos consideran ese paper el documento fundacional del boom actual de la IA generativa porque hizo los modelos más potentes, escalables y útiles para las empresas.

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Las tres capas del control soberano

Gomez definió la soberanía tecnológica como, ante todo, control. En la conversación con el presentador del programa desglosó tres elementos que, a su juicio, componen ese control: saber dónde residen los datos y evitar que se usen para entrenar modelos de competidores; controlar la infraestructura en la que corre el sistema y saber qué gobierno puede forzar un acceso; y, por último, garantizar que el proveedor no pueda apagar la tecnología de un día para otro.

Según el CEO de Cohere no se trata de prescindir de todos los proveedores, sino de evitar depender de un solo país o de un solo actor. En su análisis, una cadena de suministro diversificada permite cambiar de proveedor si alguien intenta cortar el acceso y devuelve capacidad de negociación al cliente. La concentración tecnológica, en cambio, se convierte en un punto único de fallo.

El directivo llevó el argumento al terreno de las infraestructuras críticas. Si una economía no controla su suministro tecnológico, explicó, un apagón digital puede afectar al tratamiento de aguas, a la red eléctrica o al sistema financiero. Para Gomez, no es solo una cuestión empresarial: es un asunto de seguridad nacional.

La soberanía es control: control sobre los datos, sobre la infraestructura y sobre la posibilidad de que nadie apague el sistema.

— Aidan Gomez, CEO de Cohere

El riesgo silencioso de las API y la propiedad intelectual

Gomez recordó una entrevista viral reciente en la cadena CBC en la que se advertía que las empresas que trabajan con laboratorios de frontera podrían estar entregando propiedad intelectual y datos. Para el fundador de Cohere, el problema no se limita a esos grandes laboratorios: ocurre cada vez que una compañía envía datos a un tercero a través de una API. Aunque el proveedor prometa no entrenar con ellos, explicó, todavía puede generar datos similares y aprovecharlos.

La alternativa que plantea Cohere pasa por desplegar los modelos dentro de la infraestructura del propio cliente, ya sea en una nube privada, en servidores locales o incluso en entornos aislados sin conexión a internet. Según Gomez, esa privacidad impide que el proveedor observe los datos, los copie o apague el acceso. También, sostuvo, da una ventaja económica: un coste fijo conocido frente a los picos de gasto de las APIs por uso.

De la ciberseguridad a la autonomía: el futuro inmediato

El CEO describió los modelos de frontera actuales como el arma cibernética más potente jamás creada, capaz de encontrar y explotar vulnerabilidades a escala. Su propuesta, según expuso en The Tech Download, es reconducir esas mismas capacidades hacia la defensa: en lugar de explotar fallos, los sistemas deberían detectarlos y entregar parches para corregirlos. Para Gomez, la guerra en Ucrania convirtió el ciberespacio en la frontera del conflicto y la IA está ampliando esa superficie de riesgo.

A largo plazo, anticipó un salto de los asistentes conversacionales a los agentes autónomos. En su visión, estos sistemas actuarán como empleados con acceso a múltiples herramientas, pedirán permiso antes de ejecutar tareas y mantendrán supervisión humana. La adopción empresarial, matizó, ya es intensa: los empleados usan la tecnología a diario, pese a las barreras de gobernanza, coste y miedo a la fuga de datos.

Por qué Google pierde talento y qué significa

La entrevista también abordó los recientes cambios en Google y DeepMind. Gomez opinó que construir dentro de grandes tecnológicas se ha vuelto casi imposible por su lentitud y burocracia, y que la marcha de investigadores no responde a un único talento, sino a un bloqueo estructural. Celebró, en cambio, que esos perfiles salgan a crear nuevas compañías, porque a su juicio refuerza un ecosistema diverso de proveedores soberanos.

Sobre la venta de DeepMind a Alphabet en su día, el directivo la calificó como una pena: el Reino Unido perdió lo que pudo ser un campeón nacional en IA. Aun así, no quiso dar un veredicto cerrado sobre Google. Reconoció que Gemini 3 fue extraordinario, pero observó que la posterior ralentización y la salida de talento siembran dudas razonables sobre la asignación de recursos en la compañía.

Lectura editorial: la soberanía como ventaja estratégica

La conversación entre CNBC International y Aidan Gomez deja un mensaje claro para empresas y gobiernos: la dependencia tecnológica concentrada es un riesgo político tanto como comercial. Para las compañías europeas y canadienses, la decisión de adoptar IA no solo implica elegir modelos, sino decidir quién ve sus datos, quién puede apagar el sistema y qué margen de negociación conservan frente al proveedor.

En la práctica, esto empuja a rediseñar la forma en que se compran servicios de IA. Los contratos por API resultan atractivos por su rapidez, pero introducen costes variables y una cesión potencial de control. La alternativa privada, en cambio, exige más inversión inicial y capacidades propias. El nuevo debate de soberanía no es ideológico: es una cuestión de resiliencia económica y de poder de negociación en un mundo donde la IA se ha vuelto infraestructura crítica.

También obliga a mirar con otros ojos la carrera entre Estados Unidos y China. Gomez advirtió que las democracias occidentales no pueden permitirse depender de un único bando ni ignorar el avance técnico chino. La mejor defensa, según su postura, no pasa por frenar el desarrollo, sino por construir una oferta propia y diversificada. El riesgo no es solo que alguien apague el sistema: es no tener alternativas cuando eso ocurra.

La pregunta para los próximos años es si Europa, Canadá y otros actores serán capaces de convertir la preocupación por la soberanía en capacidad industrial real. Gomez cree que el momento es inusual: un cambio geopolítico y un salto tecnológico ocurren a la vez, y quien no se prepare perderá relevancia. La soberanía de la IA, de ser un eslogan, ha pasado a definir quién podrá tomar decisiones autónomas en la economía digital.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de CNBC International en YouTube.


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