El Gobierno británico ha puesto fecha al cierre del último resquicio que mantenía vivas las sanciones al crudo ruso. A partir del 1 de enero de 2027, quedará prohibida la importación de diésel y combustible de aviación refinados en terceros países a partir de petróleo ruso. La decisión, anunciada el viernes, cierra una de las rutas por las que los productos petrolíferos de Moscú aún llegaban al mercado del Reino Unido.
Un vacío legal que se cierra con fecha
La medida se suma al anuncio de mayo, cuando Londres ya prohibió la importación de petróleo refinado elaborado con crudo ruso, aunque en aquel momento no se especificó una fecha de entrada en vigor. Aquella ambigüedad mantenía activo el comercio de diésel y queroseno procesado en países como India, Turquía o Emiratos Árabes Unidos a partir de barriles rusos, un agujero que las refinerías del Golfo y del sur de Asia aprovechaban para colocar producto en el mercado británico.
Desde la invasión de Ucrania, el Reino Unido había prohibido la importación directa de crudo y derivados rusos, pero no existía restricción para los productos refinados en terceros países. Según datos de la consultora Vortexa, en 2025 alrededor del 11% del diésel consumido en el país procedía de refinerías indias que utilizaban crudo ruso, una cifra que ha ido en aumento a medida que la India se convertía en el principal comprador del petróleo de los Urales.
El diésel y el queroseno de aviación, en el punto de mira
El fin de ese suministro barato obligará a los distribuidores británicos a buscar alternativas: el diésel del Golfo Pérsico, el Mar del Norte o Estados Unidos, todos ellos con un sobrecoste logístico y de producción. Los analistas prevén un encarecimiento del combustible en surtidor de entre 3 y 5 peniques por litro, lo que se traduciría en un golpe adicional para el bolsillo de los consumidores ya castigados por la inflación energética.
La medida, más que cerrar un agujero legal, es una declaración de intenciones: la presión sobre los flujos de divisas rusos se mantendrá mientras dure la guerra, aunque los mercados encuentren desvíos para el crudo.
En el sector aéreo, las aerolíneas que repostan en aeropuertos británicos deberán ajustar sus contratos de suministro. El queroseno de aviación es un producto con márgenes más estrechos y cualquier restricción adicional podría repercutir en el precio de los billetes, si bien las compañías suelen cubrirse con contratos a largo plazo.
La prohibición británica se alinea con las restricciones impuestas por la Unión Europea, que ya vetó en 2023 la importación de productos refinados con crudo ruso, aunque con excepciones temporales para algunos países. El Ejecutivo de Sunak, heredero de las políticas de Johnson y Truss, mantiene así una postura de máxima dureza frente a Moscú en el ámbito energético.

Análisis: ¿Un golpe real a los ingresos de Moscú o una reubicación de flujos?
La pregunta de fondo es si esta prohibición consigue su objetivo último: asfixiar la principal fuente de divisas del Kremlin. Los datos del comercio internacional sugieren que la respuesta no es sencilla. Rusia ha redirigido con éxito sus exportaciones de crudo hacia Asia, principalmente India y China, donde se refina y se vende a Occidente como producto transformado. La eficacia del precio máximo del crudo ruso impuesto por el G7 ya era limitada, y la nueva restricción británica ataca la fase de refinado, no la producción.
Para los hogares y las empresas británicas, el impacto será tangible. El mercado del diésel en el noroeste de Europa ya ha registrado primas elevadas en los últimos meses por la reconfiguración de los flujos rusos. Una retirada abrupta de los volúmenes indios —que en 2025 representaron, según Vortexa, unos 2,5 millones de toneladas de diésel, cerca del 8% del consumo británico— no se sustituye de la noche a la mañana. Los fletes desde el Golfo Pérsico o Estados Unidos son más largos y costosos, y los contratos de suministro se negocian con meses de antelación.
No obstante, el mensaje político es claro. El Reino Unido, ahora fuera de la UE, quiere demostrar que sus sanciones no se quedan atrás. La fecha de enero de 2027 da tiempo a la industria para adaptarse, pero si la guerra en Ucrania persiste, es probable que la presión para acelerar el veto aumente, especialmente ante los informes que revelan que las refinerías indias siguen procesando crudo ruso comprado por debajo del tope. La pregunta incómoda que quedará flotando es si la factura de la solidaridad con Kiev la pagan los consumidores británicos en cada repostaje, mientras el barril del Ural sigue encontrando comprador en otros destinos.




