JPMorgan ha encendido una luz amarilla en el mercado de las criptodivisas. El banco estadounidense advierte de un riesgo bajista para bitcoin al detectar que los ingresos de los mineros han caído hasta niveles que no se veían desde el duro mercado bajista de 2022. La combinación de una retirada de los grandes flujos de dinero que apostaban por la devaluación de las divisas y una minería que trabaja a pérdidas está generando una presión vendedora que, de intensificarse, podría marcar el rumbo de las próximas semanas.
JPMorgan: se deshace la apuesta por la devaluación
El detonante, según los analistas de JPMorgan, es el deshielo de las tensiones entre Estados Unidos e Irán. Hace apenas unos meses, la escalada geopolítica había canalizado miles de millones de dólares hacia activos como bitcoin y el oro, considerados refugio frente a la depreciación de las monedas. Ahora, ese impulso ha desaparecido.
Los datos de flujos lo reflejan con claridad. Los ETF al contado de bitcoin en Estados Unidos han registrado salidas por 2.100 millones de dólares desde principios de junio, mientras que los fondos cotizados de oro perdieron 20.000 millones de dólares en la semana que terminó el 5 de junio. Desde el 12 de octubre de 2025, los ETF de bitcoin acumulan unos 10.500 millones de dólares en retiradas, la mayor hemorragia desde el lanzamiento de estos productos, según el analista Darkfost.
Fabian Dori, director de inversiones del banco suizo de activos digitales Sygnum, matiza que la mayor parte de esa venta es mecánica, no por convicción. Explica que se trata del desarme de posiciones de arbitraje cash-and-carry, donde los operadores compran bitcoin y venden futuros cuando la prima de estos últimos se comprime. Las stablecoins siguen fluyendo hacia los exchanges y la oferta no se ha secado, lo que apunta a que no hay una fuga generalizada del activo.
Mineros de bitcoin en modo capitulación: los datos que inquietan
La debilidad del precio está golpeando con dureza a los mineros, y las métricas on-chain empiezan a parecerse a las del verano de 2022, cuando la industria vivió una capitulación que marcó el suelo de aquel mercado bajista.
El multiplicador de Puell (un indicador que mide los ingresos diarios de los mineros en relación con la media del último año) ha pasado del 0,83 a finales de mayo al 0,74 en las dos últimas semanas. El analista on-chain Axel Adler Jr. recuerda que lecturas cercanas a 0,50 suelen asociarse a apagones masivos de equipos, justo lo que ocurrió en 2022. Aunque aún no hemos llegado ahí, la dirección es inequívoca.
El indicador de capitulación de mineros, que compara el coste de producción con el precio de mercado, se sitúa en un -21%, muy por debajo del umbral de -15% que señala tensión financiera severa. Traducido: una parte importante de la red está minando cada bloque con pérdidas o en el punto de equilibrio. JPMorgan ya había advertido a principios de año que el coste medio de producción de un bitcoin había caído de unos 94.000 dólares a finales de 2025 a aproximadamente 77.000 dólares por el apagado de los equipos menos eficientes. Con el precio rondando los 63.800 dólares, todavía está 13.000 dólares por debajo de ese coste, lo que obliga a algunos mineros a vender parte de sus reservas para financiar las operaciones.

Cuando los mineros pierden dinero se ven forzados a liquidar bitcoin, y eso añade más presión bajista a un precio que ya cojea.
¿Repite el mercado bajista de 2022 o es solo una corrección?
A pesar de las alertas de corto plazo, JPMorgan no ha renunciado a sus objetivos de precio a largo plazo. Su estimación para los próximos 6 a 12 meses se mantiene en 170.000 dólares, y su objetivo estructural a largo plazo de 266.000 dólares se basa en un modelo que compara el tamaño de mercado de bitcoin con los aproximadamente 8 billones de dólares (8 trillion) que atesora el oro en manos privadas, ajustado por la brecha de volatilidad.
Desde el punto de vista técnico, el gráfico semanal muestra a bitcoin aferrándose a la media móvil simple de 200 semanas, un nivel que históricamente ha funcionado como suelo en mercados bajistas prolongados. El rebote desde los 59.353 dólares de la semana pasada, sin quebrar ese soporte, ha abierto la puerta a una posible estructura de doble suelo. Si el precio logra superar los 64.000 dólares y después los 71.500 (la media de 20 semanas), la proyección técnica apuntaría hacia los 82.000 dólares, y más tarde hacia los 115.000–116.000 dólares si se confirma la ruptura de la línea de cuello.
Pero el escenario bajista sigue latente. Un cierre semanal por debajo de los 62.000 dólares, seguido de un quiebre de los 60.000, anularía la tesis del doble suelo y activaría una bandera bajista con proyección hasta los 51.000 dólares. Con el RSI semanal en 34,57 y el precio por debajo de las medias de 20 y 50 semanas, la recuperación todavía no está confirmada.
En 2022, el estrés minero acabó marcando el suelo del ciclo tras varios meses de purga. Ahora, la pregunta es si los mineros resistirán lo suficiente como para no provocar una espiral de ventas que lleve al precio a poner a prueba zonas mucho más bajas. Mientras tanto, el mercado deja abiertas las dos puertas: una corrección que limpie el exceso y dé paso a un nuevo tramo alcista, o una repetición del guion de 2022 que castigue con dureza a los últimos en llegar.




