Bután liquida 13.000 Bitcoin: Rallo revela la estrategia detrás de la venta masiva

El reino himalayo ha vendido 10.000 bitcoins en un año para financiar una ciudad futurista. Juan Ramón Rallo desvela la lógica detrás de la polémica liquidación y la lección económica que deja.

Cuando pensamos en grandes tenedores estatales de bitcoin, vienen a la mente Estados Unidos o El Salvador. Pero un diminuto reino budista de 800.000 habitantes se coló en el top 5 mundial minando criptoactivos con la fuerza de los glaciares. Ahora, según acaba de analizar Juan Ramón Rallo, Bután está liquidando aceleradamente ese tesoro. Y la razón es tan fascinante como desconocida: financiar la construcción de una ciudad de la atención plena en medio del Himalaya.

La fortuna minera que nació del hielo

Bután lleva desde 2019 minando bitcoin con electricidad hidroeléctrica generada por el deshielo de sus ríos glaciares. Rallo explica que el país produce muchísima más energía electrica de la que consume. No tiene capacidad para exportar ese excedente a la India y su consumo doméstico es ínfimo, por lo que el coste de oportunidad del kilovatio es prácticamente cero durante buena parte del año. Ante ese despilfarro, el fondo soberano butanés decidió instalar granjas de minería. Fue una jugada brillante: transformar electricidad que se dilapidaba en un activo digital global.

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De 13.000 a 3.000 bitcoins: el deshielo de una tesorería estatal

En su momento álgido, Bután atesoró cerca de 13.000 unidades. Esa cifra lo convirtió en el quinto mayor poseedor soberano del mundo, superando a muchas potencias desarrolladas. Sin embargo, Rallo destaca que en el último año las reservas se han desplomado en unos 10.000 bitcoins, equivalentes a alrededor de 1.000 millones de dólares. Hoy apenas conservan 3.000 tokens. La pregunta es si los han vendido sistemáticamente o si los están utilizando como colateral para obtener financiación.

La Ciudad de la Atención Plena: cuando el cripto se hace ladrillo

La clave está en el megaproyecto de Gelephu. A finales de 2023, el rey de Bután anunció la creación de una zona económica especial bautizada como “Ciudad de la Atención Plena”. Ocupará 2.600 kilómetros cuadrados —el 5% del territorio nacional, algo así como la provincia de Guipúzcoa— y se concibe como una jurisdicción soberana paralela al estilo de las Charter Cities que propugna el Nobel Paul Romer, aunque con un filtro budista: solo podrán instalarse empresas que compartan los “valores de Bután”. Rallo subraya que el proyecto requiere una inversión colosal y que Bután está convirtiendo sus bitcoins en activos tangibles: carreteras, edificios, infraestructura.

Llama la atención el paralelismo que Rallo traza con la tesis del libro Micros, de Álvaro de María. En esa obra se describe cómo una micropolítica puede monetizar un activo digital para construir un territorio soberano desde cero. Bután, dice Rallo, está haciendo exactamente eso: “está convirtiendo bitcoins en una nueva ciudad que constituye una zona económica especial”. No es una mera venta para hacer caja, sino una transformación estratégica de capital digital en capital físico.

Bitcoin funcionó como un traductor que convirtió kilovatios atrapados en valor económico tangible, y ahora ese valor se transforma en calles y edificios.

— Juan Ramón Rallo

La gran lección económica: Bitcoin como transformador energético

Rallo profundiza en la lección que deja este caso. En su opinión, Bitcoin ha servido como un conversor de recursos energéticos varados en capacidad de financiación internacional. Al igual que otros lugares con excedentes de energía renovable no exportable —como ciertas regiones de Islandia o Kazajistán—, Bután encontró en la minería una vía para capitalizar un recurso que de otro modo se perdería. La clave, apunta, es que el criptoactivo no solo almacena valor, sino que moviliza capital donde otros mecanismos fallan.

Implicaciones para el mercado y otros países con energía atrapada

Desde el punto de vista del mercado, una liquidación de 10.000 bitcoins no es una anécdota. Aunque Bután probablemente ha dosificado las ventas para no hundir el precio, el caso reaviva el debate sobre la estabilidad de los tenedores soberanos. Rallo no anticipa un desplome catastrófico, pero sí advierte que movimientos de esta envergadura pueden generar volatilidad temporal. Más relevante es el precedente que sienta para otras naciones con energía abundante y coste marginal cero. La experiencia butanesa demuestra que la minería de Bitcoin no es solo especulación, sino una herramienta de desarrollo para regiones con electricidad sobrante y sin acceso a los mercados energéticos tradicionales. Si Bután logra transformar su energía atrapada en infraestructura real a través de Bitcoin, ¿lo intentarán otros estados fallidos o regiones autónomas? La tentación es alta.

La historia de Bután es la de un país que supo leer la oportunidad donde otros solo veían glaciares y aislamiento. Convertir agua en bitcoins y luego en calles y templos puede sonar a utopía budista, pero es pura economía aplicada. Ahora toca comprobar si la Ciudad de la Atención Plena será el espejo en el que se mire una nueva generación de micronaciones criptofinanciadas.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo:

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