Inversión small caps: Estos son los fondos que pueden liderar la próxima década

El Russell 2000 ya supera al S&P 500 en 2026 como anticipo del cambio de ciclo. Gestores como los de Janus Henderson y Royce apuestan por una década de dominio de las pequeñas cotizadas.

Las small caps tecnológicas comienzan a devorar a los gigantes bursátiles. El índice Russell 2000, que agrupa a las 2.000 empresas de menor capitalización de Estados Unidos, acumula una rentabilidad del 17,6% en 2026, frente al 9,8% del S&P 500. Europa sigue la misma estela y los gestores anticipan un cambio de ciclo que puede extenderse durante la próxima década.

Claves de la operación

  • El Russell 2000 se impone al S&P 500 en 2026. Las small caps globales revierten años de dominio de las Big Tech, y los gestores creen que es el inicio de un ciclo de diez años de rentabilidad superior.
  • La segunda derivada de la IA favorece a las pequeñas compañías. Tras la concentración del mercado en los ganadores obvios, el foco se desplaza hacia los habilitadores y los beneficiarios indirectos de la tecnología.
  • Tres fondos españoles rompen la barrera del 15% anualizado a tres años. Alken Small Cap Europe, Cinvest Nogal Capital y Valentum destacan por su exposición a tecnología, energía e industria en Europa.

El sorpasso del Russell 2000: ¿ha llegado la hora de las small caps?

Durante años, las siete magníficas (Apple, Microsoft, Nvidia y compañía) monopolizaron las ganancias de la renta variable. La subida de tipos y la búsqueda de liquidez premiaron a los grandes valores. Ahora los indicadores han girado. El Russell 2000 bate al S&P 500 por casi ocho puntos porcentuales, la mayor brecha desde el ciclo de 2016-2017.

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Frank Gannon, de Royce Investment Partners —filial de Franklin Templeton especializada en pequeña capitalización—, asegura que «cuando las small caps comienzan a superar al mercado, lo hacen durante más de una década. Creemos que estamos justo al comienzo de esto». La tesis encuentra eco en Janus Henderson, donde Nick Sheridan subraya que «el mercado se está ampliando. El foco pasa de invertir en lo que ha funcionado a reevaluar de dónde pueden venir los rendimientos futuros».

El cambio se apoya en varios motores: un crecimiento de beneficios más sólido, valoraciones con descuento frente a las grandes compañías y programas públicos que impulsan el gasto interno. En Estados Unidos, la CHIPS Act, la Ley de Inversión en Infraestructuras o la One Big Beautiful Bill están canalizando capital hacia sectores domésticos, lo que beneficia a las small caps por su mayor sesgo hacia la economía local.

Los tres fondos españoles que ya lideran en small caps europeas

Elegir directamente qué compañía comprar resulta especialmente complejo en las small caps, porque la cobertura de los analistas es más escasa. Sin embargo, esa misma opacidad se convierte en una ventaja para los gestores activos, que pueden explotar las ineficiencias del mercado para detectar valor antes que el consenso, donde otros aun no han mirado.

El mercado subestima a las pequeñas cotizadas con la misma constancia con que premia a los gigantes. La oportunidad está en romper esa inercia.

El primero es Alken Small Cap Europe A, gestionado por Marc Festa. El fondo acumula un rendimiento anualizado del 31,62% a tres años, con un 57,75% de retorno en el ejercicio anterior —cuando la categoría apenas alcanzó el 15,84%—. Su cartera de 72 valores, con una fuerte presencia francesa, se apoya en firmas industriales y tecnológicas de nicho.

El segundo es Cinvest Nogal Capital, un fondo de autor asesorado por Rodrigo Cobos que ha obtenido las cinco estrellas Morningstar —la máxima calificación, reservada al 10% de los productos con mejor rendimiento ajustado al riesgo—. Con apenas 30 posiciones, el 35,7% del patrimonio está invertido en energía, con nombres como BW Offshore o Diversified Energy, y registra un 17,21% anualizado a tres años.

El tercero, Valentum, combina la filosofía value con el momentum. La gestora busca compañías infravaloradas de calidad y las mantiene hasta que el mercado reconoce su valor. Los sectores industrial y tecnológico pesan cada uno alrededor del 14% de la cartera. Su rentabilidad a tres años anualizada es del 16,96%, y el producto también luce las cinco estrellas de la firma de análisis.

fondos tecnología

Todos ellos comparten un patrón: evitan los grandes nombres tecnológicos que dominan los índices y, en cambio, pescan en las cadenas de suministro, la fabricación de precisión o las materias primas que la transición digital demanda.

La segunda derivada de la IA y el viento favorable de las políticas industriales

Carlos Val-Carreres, gestor de MyInvestor Value, aporta un argumento adicional que explica por qué las small caps pueden prolongar su ventaja. «Cada vez que surge una nueva tendencia estructural —como la inteligencia artificial—, las pequeñas cotizadas lo hacen mal a corto plazo porque el capital se concentra en los nombres más evidentes: los Microsoft, Amazon, Terra de turno. Pero al cabo de unos años, son las compañías de la segunda y la tercera derivada las que acaban ganando», explica. Esta teoría —contrastada con datos desde 1926, donde un dólar invertido en small caps value se habría convertido en 441.700 dólares— otorga a las pequeñas compañías un papel de grandes beneficiarias silenciosas de la revolución digital.

En paralelo, las políticas industriales están tejiendo una red de contratos y subvenciones que refuerzan esa inercia. Los programas de estímulo en Estados Unidos, el rearme europeo y la inversión en infraestructuras energéticas disparan la demanda de componentes, software industrial y servicios locales, justo donde las small caps tienen su fortaleza.Lombard Odier identifica en este segmento un descuento superior al 10% frente al conjunto de la renta variable de los países desarrollados y añade que la posición reducida de los inversores en small caps deja margen para entradas de capital adicionales.

El riesgo más visible es que el ciclo manufacturero pierda fuelle o que la adopción de la IA se ralentice, porque las pequeñas cotizadas son más sensibles a la desaceleración económica. No obstante, los catalizadores apuntan en dirección favorable: la normalización de los precios energéticos, el aumento de las operaciones corporativas (fusiones y adquisiciones) y la mejora de la productividad impulsada por la propia IA. Observamos, además, que los fondos mencionados han demostrado capacidad para navegar entornos volátiles gracias a su rotación sectorial y a la selección de compañías con balances sólidos.

En el mercado español, históricamente concentrado en grandes valores como Inditex, Iberdrola o Santander, esta ola de small caps tecnológicas puede abrir una vía de diversificación que hasta ahora habían estado reservada a los inversores profesionales. Los fondos de Alken, Cinvest y Valentum —dos de ellos con sello español— muestran que la oportunidad es real y medible. La siguiente prueba de fuego llegará con la publicación de resultados del segundo trimestre y, si las cifras acompañan, el relevo generacional de los índices podría acelerarse.


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