Bizum a las fintech: la oportunidad de España para ser el hub europeo de pagos, según Sipay

Carlos Nevado, CEO de Sipay, sostiene que la apertura del sistema a las fintech permitiría crear una capa de innovación que atraiga talento e inversión. La banca tradicional y los supervisores tienen la llave.

Sipay reclama democratizar Bizum para convertir a España en el hub europeo de pagos. Carlos Nevado, consejero delegado de la firma española de soluciones de pago, lo tiene claro: si se abre el ecosistema de la plataforma de transferencias inmediatas a todas las fintech, el país tiene la oportunidad de atraer innovación, inversión y talento que hoy miran hacia otros centros financieros.

La tesis la ha compartido en un foro sectorial, donde ha subrayado que la infraestructura de pagos instantáneos que ha construido Bizum —con más de 25 millones de usuarios activos y un volumen de operaciones que superó los 1.200 millones de transacciones en 2025— es un activo estratégico único en Europa. Sin embargo, su gobernanza, controlada por un núcleo reducido de grandes bancos, limita la capacidad de terceros para lanzar nuevos servicios.

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La llave no está solo en la tecnología, sino en la voluntad de la banca y de los supervisores de construir un espacio de juego equilibrado.

Nevado no pide desmantelar el modelo, sino ampliar la capa de acceso. En la práctica, eso significaría permitir que las fintech pudieran integrarse como iniciadoras de pagos o proveedoras de servicios de valor añadido sin las barreras actuales. Un movimiento que, en su opinión, replicaría la experiencia de hubs como Singapur o Lituania, donde la regulación pro-competencia ha hecho despegar ecosistemas completos de empresas tecnológicas financieras.

La propuesta de Sipay: abrir Bizum a la competencia fintech

La compañía de pagos digitales, que ya trabaja con más de 5.000 comercios en España y Portugal, considera que el diferencial está en pasar de un sistema de pagos inmediatos centrado en persona a persona a uno que abarque de forma fluida el comercio electrónico, los pagos recurrentes y la tokenización de activos digitales. Para eso, el CEO defiende que se necesita una interfaz de programación abierta y estándares de conexión no discriminatorios.

La idea no es nueva del todo. El Banco de España ya explora, a través de su reciente licitación de hasta 70 millones de euros, la forma de preparar la infraestructura nacional para el euro digital. Pero la visión de Sipay va más allá: propone que el ecosistema de Bizum se homologue, en la práctica, como una capa de liquidación en tiempo real sobre la que las fintech europeas puedan construir. De lograrlo, España podría captar una parte sustancial de los flujos de pagos del comercio electrónico transfronterizo, que la Comisión Europea estima crecerán un 60% en esta década.

El ecosistema español de pagos y la oportunidad europea

España parte con ventajas. La penetración de Bizum entre la población es superior al 60%, algo sin parangón en Francia, Alemania o Italia, donde los sistemas de pago inmediato están fragmentados o no han alcanzado masa crítica. Además, el coste de las transferencias instantáneas en el sistema español es inferior al de la media de la zona euro, lo que ofrece un punto de partida competitivo si se logra exportar el modelo.

Pero la oportunidad exige un cambio cultural en el sector. Tradicionalmente, las entidades financieras han visto a las fintech como competidores, no como aliados. Nevado matiza: “No se trata de sustituir a nadie, sino de que cada actor haga aquello en lo que es más eficiente”. Su argumento es que, mientras los bancos mantienen la custodia de los fondos y la relación con el cliente, las fintech pueden desarrollar soluciones de front-end, analítica de datos o experiencias de usuario que enriquezcan el conjunto.

Mientras tanto, el euro digital empieza a despejar incógnitas. El Banco Central Europeo ha seleccionado ya a entidades como Abanca para los ensayos del segundo semestre de 2027, y el plan de pruebas aspira a definir los requisitos técnicos de una moneda digital que convivirá con los sistemas privados. En ese contexto, contar con una red de pagos inmediatos abierta y ampliamente adoptada situaría a España en una posición preferente para los pilotos paneuropeos.

Sipay España

El análisis: ¿puede España superar la fragmentación reguladora?

El principal escollo no es técnico, sino de gobernanza y competencia. La regulación europea de servicios de pago (PSD2 y la futura PSD3) ya marca el camino hacia la banca abierta, pero en la práctica cada país ha ido a distinta velocidad. España ha sido pionera en pagos inmediatos con Bizum, pero ese éxito se ha cimentado en un modelo cerrado que hace depender el acceso de un número limitado de accionistas. Abrir ese perímetro requeriría un acuerdo poco habitual entre los grandes bancos y el supervisor, máxime cuando algunos de ellos también desarrollan sus propias soluciones de pago.

Creo que la oportunidad existe, pero no se materializará sin fricción. Veo dos escenarios posibles. El primero, incremental, en el que el Banco de España y la CNMC impulsan una apertura gradual para que las fintech participen como proveedoras de servicios en torno a Bizum, sin tocar la propiedad de la plataforma. El segundo, más ambicioso, pasaría por segregar la infraestructura tecnológica de Bizum en una entidad separada con participación de múltiples actores, incluidos representantes de la industria fintech, al estilo de la Cámara de Compensación Automatizada en Estados Unidos. Este último modelo sería el que realmente podría atraer inversión extranjera y crear un hub reconocible, pero exigiría un liderazgo regulatorio que hoy no se percibe en Madrid.

Aun así, la ventana de oportunidad tiene fecha de caducidad. Si España no mueve ficha en los próximos dos o tres años, otros países —con Países Bajos y los nórdicos a la cabeza— bien podrían consolidar sus propios sistemas abiertos y arrastrar el grueso del talento fintech. La pregunta que queda en el aire es si la banca tradicional y el supervisor están dispuestos a poner en juego una parte de su control para multiplicar el tamaño del pastel.


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