Hacienda registra 19.000 contribuyentes con ingresos superiores a 600.000 euros

El aumento interanual del 27,8% consolida la concentración de grandes rentas en Madrid y Barcelona, impulsada por la competencia fiscal entre comunidades. La cifra total de estos super-salarios ha crecido un 78% desde 2007.

Casi 19.000 contribuyentes declararon en 2024 ingresos del trabajo superiores a los 600.000 euros, la cifra más alta desde que la Agencia Tributaria publica estadísticas. Un incremento del 27,8% en un solo año que confirma la aceleración de los super-salarios, concentrados sobre todo en Madrid y Barcelona.

Claves de la operación

  • 18.829 contribuyentes con ingresos superiores a 600.000 euros. El número se ha multiplicado por 1,78 desde 2007 y supone un salto del 27,8% en un solo ejercicio. Representan apenas el 0,08% de los casi 25 millones de declarantes.
  • Madrid y Barcelona concentran el 65% de estas rentas. La Comunidad de Madrid suma 8.278 perceptores, frente a los 4.040 de la provincia de Barcelona. La baja fiscalidad autonómica –con un tipo máximo de IRPF del 43,5%– explica en parte este imán.
  • El grueso de la recaudación por rendimientos del trabajo sigue en los tramos medios. 5,8 millones de personas declaran entre 30.000 y 60.000 euros, y 4,6 millones entre 21.000 y 30.000 euros. Aunque los super-salarios crecen más deprisa, la pirámide fiscal la sostienen las rentas medias.

El imán fiscal de Madrid alimenta la concentración de los salarios más altos

La geografía de las rentas altas en España tiene un centro de gravedad indiscutible. 8.278 de los 18.829 contribuyentes del tramo superior residen en la Comunidad de Madrid, una cifra que triplica la de cualquier otra autonomía. Cataluña, con 4.040 perceptores en la provincia de Barcelona, queda muy por detrás. La explicación va más allá de la ubicación de las grandes empresas: responde a una estrategia fiscal deliberada.

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Como señala la consultora TaxDown, el tipo máximo del IRPF en Madrid se queda en el 43,5%, frente al 54% que pueden alcanzar Cataluña o la Comunidad Valenciana. A esto se añade un Impuesto de Patrimonio prácticamente anulado desde hace años. La combinación funciona como un potente reclamo para grandes patrimonios que buscan optimizar su carga tributaria, una competencia fiscal entre regiones que ha sido calificada por numerosos expertos como dumping fiscal.

Estos datos reflejan una concentración de la riqueza sin precedentes. Mientras tanto, otras comunidades como Andalucía, la Comunidad Valenciana o Galicia apenas suman un millar de declarantes en el grupo de más de 600.000 euros, subrayando un desequilibrio territorial que la propia dinámica fiscal tiende a reforzar.

La brecha entre las super-rentas y los tramos medios se agranda

El crecimiento de los salarios más altos contrasta con la fotografía general de la pirámide fiscal. El tramo más numeroso sigue siendo el de 30.000 a 60.000 euros anuales, que agrupa a 5,8 millones de declarantes (el 23,5% del total). Le siguen los que cobran entre 21.000 y 30.000 euros (4,6 millones) y los de 12.000 a 21.000 euros (4 millones). Es decir, el grueso de la recaudación por rendimientos del trabajo no proviene de los super-salarios, sino de estas rentas medias que sostienen el sistema.

Sin embargo, la velocidad de crecimiento se ha desplazado hacia arriba. El segmento de 150.000 a 600.000 euros anuales también ha experimentado una subida del 20,9% en un año, hasta alcanzar los 194.681 contribuyentes. Un ritmo muy superior al de los tramos intermedios, que se mantienen estables o con aumentos modestos. Esta brecha amplía la sensación de que la bonanza económica no se reparte de manera uniforme.

Mientras los perceptores de rentas altas se multiplican, la mayoría de los contribuyentes se sitúa en niveles donde el margen de ahorro es limitado y la presión fiscal efectiva, pese a ser menor en términos nominales, se percibe como más intensa. La discusión sobre cómo repartir la carga tributaria vuelve a la mesa.

El crecimiento de los super-salarios no se traduce en una mayor recaudación general: son apenas el 0,08% de los declarantes, pero su concentración territorial aviva la batalla fiscal entre comunidades.

Fiscalidad competitiva, desigualdad territorial: lecciones del nuevo mapa de rentas altas

El salto estadístico que ha registrado Hacienda en 2024 no es un fenómeno aislado. Desde 2007, el número de contribuyentes con más de 600.000 euros ha pasado de 10.580 a 18.829, un aumento cercano al 78% en menos de dos décadas. La evolución cobra sentido si se cruza con otro dato del ‘Informe mundial de la riqueza 2026’ de Capgemini: España sumó el año pasado 13.100 nuevos millonarios, un crecimiento del 5,3%. Muchos de esos nuevos ricos probablemente engrosan ya las filas de los super-asalariados que declararon en 2024.

La concentración geográfica tiene consecuencias que van más allá de la estadística. Madrid se ha convertido en un polo de atracción de rentas altas gracias a su ventaja fiscal, pero a costa de vaciar de grandes contribuyentes a otras regiones. Cataluña, a pesar de albergar más de 4.000 declarantes en el tramo más alto, se enfrenta a una fuga de patrimonios que la Generalitat intenta contrarrestar con medidas como los impuestos a grandes fortunas o el debate sobre un tipo autonómico diferenciado.

La tensión entre competencia fiscal y solidaridad interterritorial no es nueva, pero los datos de 2024 la elevan a un nivel difícil de ignorar. El Gobierno central ya ha manifestado su preocupación por la “carrera a la baja” en el IRPF. El debate está servido: ¿hasta qué punto puede el sistema fiscal autonómico seguir diseñando el mapa de la riqueza en España? Los próximos Consejos de Política Fiscal y Financiera serán un termómetro para ver si el nuevo repunte de los altos salarios se traduce en reformas o en más fragmentación.


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