Florentino Pérez, y ahora encima cobarde

Llevan veinticinco años llamándole el mejor presidente de la historia del Real Madrid. Y puede que tengan razón. De hecho, creo que sí. El problema es que eso fue hace años, que desde entonces ha convertido el club en su cortijo privado, que lleva dos temporadas sin un solo título, que el Bernabéu está hipotecado hasta 2053, que ha perdido cada batalla institucional que ha emprendido con el escudo del club, y que el lunes 12 de mayo de 2026 convocó elecciones con diez días de plazo para presentar candidatos porque, a sus 79 años, tiene demasiado miedo a que alguien le recuerde que el tiempo de los grandes hombres también se acaba. Y su momento, es evidente, ha pasado.

Son las 19:45 del lunes 12 de mayo de 2026. En la sala de prensa de la Ciudad Deportiva de Valdebebas, Florentino Pérez Rodríguez se sienta ante los micrófonos con la solemnidad de quien está a punto de leer la Declaración de Independencia. Los periodistas esperan. El mundo del fútbol espera. Los socios del Real Madrid esperan. Y el presidente del club más laureado de la historia del fútbol abre la boca y dice: «Lamento decirles que no voy a dimitir.» Nosotros también lo lamentamos.

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La frase con más «yo» por centímetro cuadrado pronunciada en la Ciudad Deportiva desde el legendario «I’m a Special One» de Mourinho. Con la diferencia de que Mourinho se fue. Y no se creía el dueño de una entidad que se debe a socios y aficionados. Esa frase la dijo el presidente de una entidad que lleva dos temporadas consecutivas sin ganar un solo título, que tiene una deuda de 1.170 millones de euros con vencimiento en 2053, que lleva dos años peleando con los vecinos por los conciertos del estadio y que tiene los parkings paralizados por los tribunales. Y lo dijo con el tono de quien hace un favor al mundo al quedarse.

Luego cargó contra una periodista del ABC que escribió una columna crítica: «Me voy a dar de baja del ABC… un artículo lo escribió una mujer que ni sé si sabe de fútbol.» Como amenaza institucional es tan aterradora como decir que te vas a dar de baja del Corte Inglés. Atacó a Rubén Cañizares, presente en la sala, señalándolo directamente frente a las cámaras. Acusó al grupo Vocento y a varios medios de una campaña coordinada para derrocarle. Para ser exactos: el prohombre señaló con el dedo a un periodista que cobra una fracción de lo que gana el bedel de Valdebebas. Y lo hizo convencido de que eso era poder. Y eso lo que es en realidad es un retrato.

Se refirió a su posible rival electoral como «ese señor que tiene acento mexicano» —el hombre en cuestión es español, de Cox, en la provincia de Alicante, tan mexicano como si nos dicen que Florentino por su edad es azteca—. Anunció que el Madrid presentará un dossier de 500 páginas a la UEFA sobre el caso Negreira, que es «el mayor escándalo en la historia del fútbol». Dijo que los árbitros le robaron al Madrid entre 16 y 18 puntos esta temporada, obviando que el equipo lleva años jugando como el culo y él, su majestad, es el responsable. Y convocó elecciones con diez días de plazo para que los candidatos presenten sus avales.

Diez días. En mitad de temporada. Cuando el Barcelona acaba de ganar la Liga. Es patético hasta para Florentino

El Mundo lo llamó «ejercicio trumpista». Euronews: «Sexista, chocante, surrealista». Javier Tebas, presidente de La Liga, fue más directo: «El Florentino privado salió el martes a lo público, demostrando su carácter, su forma de ser, su trato a terceros.» Y añadió, con puntería quirúrgica: «Algunos viven mejor con enemigos imaginarios instalados en el victimismo, en la conspiración del ‘todos contra mí’. En fin.»

Bienvenidos al lamentable ocaso de un hombre que fue, durante una época, genuinamente grande.

De la Calle Hortaleza al ingeniero del maletín

Para entender al Florentino de 2026 hay que entender al Florentino de 1947. Nació en la Calle Hortaleza del barrio de Justicia, Madrid, tercero de cinco hermanos, hijo de Eduardo Pérez del Barrio, que tenía las perfumerías Shangai y presidía una cooperativa de limpieza llamada Coperlim. Familia de clase media acomodada, trabajadora, con valores. Fue al colegio de las Escuelas Pías, estudió Ingeniería de Caminos en la Politécnica y se casó en 1971 con María de los Ángeles Sandoval, apodada Pitina, el gran amor de su vida, a quien perdió hace años.

Hasta aquí el hombre. Luego viene el ingeniero que descubrió el maletín.

Entre 1976 y 1983, Florentino hizo política con la UCD de Adolfo Suárez: concejal, director general de Infraestructuras del Transporte, presidente del IRYDA del Ministerio de Agricultura. Siete años en la administración pública en el sector de las infraestructuras: el sector donde los amigos te llaman para pedir favores y donde te llaman después para ofrecerte negocios. En 1983, cuando la UCD se derrumbó, compró Construcciones Padrós junto con excompañeros de partido. El camino de la OCP a ACS es el manual perfecto de cómo se construye un imperio en España con talento real, contactos privilegiados y una lectura del BOE que ninguna escuela de negocios del mundo puede enseñarte.

Lo que Florentino aprendió en esos años fue la lección más importante del capitalismo español de la Transición: las grandes fortunas no se construyen con talento empresarial puro, sino con una combinación de talento, contactos y la capacidad para estar en la habitación correcta cuando se firman los contratos de obra pública. El ingeniero del maletín no es el que paga sobornos: es el que llega a la reunión con el análisis técnico en la mano derecha y los teléfonos correctos en la izquierda.

Con esa receta construyó ACS, un empresón, que factura hoy cien millones de euros al día. Y con esa misma receta construyó su carrera en el Real Madrid: llegó en el año 2000 prometiendo el fichaje de Figo —que nadie en la historia del fútbol había pensado que era posible llevarse del Barcelona— y ganó las elecciones porque la promesa era tan audaz que los socios pensaron que o era un loco o era alguien que sabía algo que los demás no sabían. Era lo segundo.

El mejor presidente del Real Madrid moderno: se lo reconozco, y así duele más

Seré justo, porque la deshonestidad intelectual en el análisis de Florentino Pérez es tan habitual en la prensa que yo no quiero ser parte de ella. Lo que hizo entre 2000 y 2010, primero, y entre 2009 y 2022, después, no tiene precedentes en la historia del fútbol moderno.

En su primer mandato inventó los Galácticos. Figo, Zidane —por 73,5 millones, un escándalo en 2001—, Ronaldo Nazário, Beckham, Roberto Carlos, Hierro: un modelo de negocio donde las estrellas no solo ganan partidos sino que venden camisetas en todo el mundo y convierten al Madrid en una marca global. Vendió la Ciudad Deportiva de la Castellana por 480 millones y con ese dinero construyó Valdebebas. Modernizó la estructura financiera del club cuando nadie sabía lo que era un director de márketin en el fútbol.

En el segundo periodo, ganó cinco Champions League, con una décima Copa de Europa en 2014 que los madridistas llevaban doce años esperando, más las decimocuarta y decimoquinta en 2022 y 2024. Fichó a Cristiano Ronaldo por 94 millones en 2009 y al terminar el ciclo lo vendió por 105 millones, convirtiendo un activo deportivo en una operación financiera impecable. Acometió la renovación del Santiago Bernabéu con una ambición arquitectónica que ningún otro club europeo ha igualado.

Todo eso es real. Todo eso merece reconocimiento. Y precisamente porque todo eso es real, lo que viene después resulta tan lamentable. La tragedia de Florentino no es que fuera malo. Es que fue tan bueno durante tanto tiempo que se convenció de que era inmortal. Porque Floro, al contrario de los emperadores romanos, nunca se quiso acompañar de esclavo o sirviente alguno tras de él que le recordara «no eres un dios». Esta tradición proviene de la antigua Roma, donde un esclavo le susurraba al oído a los generales victoriosos durante su desfile de triunfo: «Recuerda que eres un hombre» o «Recuerda que no eres un dios», una costumbre que dio origen a la expresión en latín memento mori.

Porque un hombre que hace todo eso tiene la tentación natural de pensar que él y el club son lo mismo. Y en ese momento deja de ser presidente y empieza a ser dictador de pacotilla.

Lo hizo con las normas electorales. En 2003 modificó los estatutos para exigir avales equivalentes al 15% del presupuesto del club. Solo hay que tener alrededor de 600 millones en activos líquidos, que cualquiera guarda en el cajón de la mesilla. Una barrera diseñada no para proteger al club sino para protegerse a sí mismo. Desde 2009, en cinco elecciones consecutivas, nadie se presentó. Ganó por aclamación, como los presidentes que uno no quiere nombrar para no hacer comparaciones que disgustan. En enero de 2025, séptimo mandato, mismo resultado: nadie.

El expresidente Ramón Calderón lo resumió bien: «En los últimos quince años no ha habido elecciones reales en el Real Madrid.»

Florentino no es el dueño del Real Madrid. Es un gestor temporal que, por edad y lucidez, debería llevar jubilado un quinquenio. Un mandato de cuatro años, renovable. Ese es el modelo societario que él mismo defiende en sus discursos sobre «el club de los socios». Pero el modelo que practica es el opuesto: el de alguien que ha apoderado de la institución modificando las reglas para que nadie pueda competir. El sobrino del ama de casa madridista no ha votado al presidente de su club en quince años porque Florentino se aseguró de que no hubiera con quién competir.

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Eso tiene un nombre. Se llama secuestro institucional. Y muchos cómplices: los directivos que nunca le cuestionaron, los medios que le adularon durante sus años de esplendor, los socios que aplaudieron las Champions y miraron para otro lado cuando se tocaron los estatutos. En eso también fue el mejor: construyó su propia jaula y convenció a los pájaros de que era una villa de lujo.

El esperpento del 12 de mayo o el dictadorcillo de tres al cuarto en estado puro

Florentino llegó a Valdebebas con la agenda de un hombre que sabe que está contra las cuerdas. Dos temporadas sin títulos. Xabi Alonso despedido. La plantilla con problemas internos filtrados a la prensa. Las finanzas del Bernabéu cuestionadas. Los conciertos suspendidos. El parking paralizado. Y Enrique Riquelme rondando la presidencia.

Su respuesta ante todo esto siempre es atacar, atacar a los mensajeros, atacar a quién se atreva a intentar reemplazarle en su puesto. Clásico del manual del autócrata: cuando no puedes atacar los argumentos, atacas al que los formula. El tipo de persona que es se demuestra escuchando sus audios filtrados. Mientras tanto, quienes los hemos escuchado sabemos que dejan muy claro que el hombre que preside el club más importante del mundo no es precisamente el tipo que uno querría tener de suegro. Ni de jefe. Ni de vecino.

El hombre que preside el club más importante del mundo no es precisamente el tipo que uno querría tener de suegro. Ni de jefe. Ni de vecino.

Atacó al periodistas y describió al Barça como protagonista de «el mayor escándalo en la historia del fútbol» y anunció un dossier de 500 páginas para la UEFA. Tebas le respondió al día siguiente recordando que La Liga se personó en Fiscalía antes que el Madrid. La conclusión merece enmarcarse: «Falso, cómo tantas cosas. El Real Madrid no fue el primero: fue el último.» Mientras el Barça era socio en la Superliga, Negreira era un asunto menor. En cuanto el Barça se fue, se convirtió en el mayor escándalo de la historia. El cronómetro moral de Florentino tiene zonas horarias propias.

Aprovechó para jactarse de su salud. Me alegro de que goce de buena salud, genuinamente. Pero al madridista de a pie no le preocupa la salud física de Florentino Pérez. No es el Papa. Le preocupa el riesgo que supone tener secuestrada la entidad más importante de su vida por un hombre que pretende seguir al frente hasta los 83, que cree que el club le pertenece y que cuando le cuestionan responde insultando periodistas.

Cuando Marca —el periódico más leído de España, históricamente el más deferente con Florentino— describe la rueda de prensa como «confusa y caótica» sin una sola señal de autocrítica, es que algo ha fallado más allá del guionista.

Se jacta de tener buena salud, pero al madridista eso no le importa. Florentimo Pérez no es el Papa.

Real Madrid TV
Enrique Riquelme. Foto: EP.

Las batallas perdidas de un iluminado por Dios

Hay que hablar de los últimos años. De las iniciativas con las que Florentino ha metido al Real Madrid en problemas que el Real Madrid no necesitaba.

La Superliga Europea fue el mayor fracaso político de la historia del fútbol moderno. En abril de 2021, Florentino se convirtió en el primer presidente de una competición que iba a «reformar el fútbol mundial». Y el dentro de su obsesión por creerse el más grande y posiblemente se lo creía. El fútbol mundial tardó cuarenta y ocho horas en responderle que no necesitaba que le reformasen. Y Florentino siguió semanas con el tono del iluminado que sabe que el mundo no entiende su visión.

La diferencia entre un visionario y un iluminado es que al visionario le dan la razón tarde. Al iluminado, nunca.

Cinco años después dijo que «sigue trabajando con la UEFA» en el proyecto. Ha pasado de «voy a reformar el fútbol mundial» a «tenemos buena relación con la UEFA.» El viaje intelectual más largo de la historia del balompié ibérico.

Los conciertos del Bernabéu llevan paralizados desde septiembre de 2024. En julio de ese año, a la salida de uno de los cuatro conciertos consecutivos de Karol G —270.000 personas en cuatro días—, murió un hombre de 42 años, de Vigo, golpeado en la cabeza tras una pelea y trasladado al Hospital de La Paz donde falleció. Los vecinos pedían «emergencia sanitaria». El club facturaba 18 millones de euros mientras el barrio ardía. En septiembre, suspensión provisional. En mayo de 2026, Florentino dijo ante Pedrerol: «Tengo mala suerte y tengo que pensar que los vecinos del Bernabéu son del Atleti.» Y es que ese es su mantra, si no estás de acuerdo eres un gilipollas, o un tipo del Barsa, Atletico o antimadrilista. Tan básico y patético como lamentable.

Hay un muerto. Hay tribunales dando la razón a los vecinos. Hay millones perdidos. Y la explicación de Florentino es que tiene mala suerte y que los vecinos son colchoneros. Hay que verlo como lo que es: un hombre tan senil y alejado de la realidad que ya no distingue entre el problema y el chiste.

El parking: 100 millones de euros en un proyecto subterráneo acordado con el Ayuntamiento. En septiembre de 2024, el Juzgado Contencioso-Administrativo número 30 de Madrid suspendió las obras porque el acuerdo «beneficiaba predominantemente al club.» En la rueda de prensa: «Los parkings eran para los vecinos.» Los mismos vecinos que llevan tres años demandándole. Qué detalle el suyo. No sólo son del Atleti, además seguro que son ecologistas y sólo quieren monopatines y bicicletas por el barrio. Cabrones.

Y las finanzas. El análisis de Merca2 de noviembre de 2025 desnudó lo que Florentino había presentado como triunfo: la reforma del Bernabéu, con un coste total cercano a los 1.700 millones incluyendo intereses, genera un resultado neto real de apenas ocho millones una vez descontados los pagos a Sixth Street —que se quedó con el 30% de los ingresos no relacionados con entradas a cambio de 316 millones— y los gastos operativos. A partir de 2027, cuando los pagos anuales de deuda suban de 40 a 66 millones, el negocio del estadio podría entrar en pérdidas. El expresidente Calderón: «Es posible que el estadio se haya ido de precio y quizás sea complicado pagarlo.» Y sobre la posible conversión en SA: «Espero que el club no se convierta en sociedad anónima. ¿Por qué se quiere cambiar? ¿Hay alguna razón oculta?»

La entidad de los socios, convertida en lo que siempre dijo que nunca sería. Eso sí es un escándalo histórico.

El Biden gagá del Real Madrid

No seré delicado con esto, porque la delicadeza aquí sería una forma de cobardía.

Florentino Pérez tiene 79 años. Si gana estas elecciones, tendrá 83 al terminar el mandato en 2030. Ninguna empresa cotizada del Ibex 35 tiene un presidente que se plantee seguir más allá de los 82 años. Muchas tienen protocolos de jubilación forzada de puestos ejecutivos a los 70 años. Y tiene bastante lógica. Pero DICTATOR cree que él es especial, un iluminado, que su edad no le penaliza, que está por encima de eso, de los resultados. En fin. El personaje delira. Cuándo gana, si es que lo hace, acabará viajando con el equipo con tacatá y andador. Alentador para el primer equipo del fútbol mundial.

El delirio es tal que un pobre hombre saca una pancarta en un estadio de fútbol que dice «Florentino, culpable» y la seguridad del club la retira de forma violenta. El derecho de expresarte en tu propia casa, arrebatado. En pleno siglo XXI. En Madrid. En democracia. Es propio de un delirio dictatorial. Y muchos no se rasgan las vestiduras, curiosamente lo ven normal. Y es un escandalo vergonzante.

Florentino modificó los estatutos para levantar barreras contra los rivales pero nunca se puso una barrera propia. Ese pensamiento —que las reglas son para los demás— resume mejor que ningún otro análisis qué tipo de presidente es.

En la rueda de prensa dijo: «Me tendrán que echar a tiros de aquí.» Un presidente que quiere al Real Madrid de verdad dice: «Mientras los socios me quieran, estaré. Cuando no, me iré.» Florentino dice que solo se irá si le echan. Con tiros. La diferencia entre esas dos frases es la diferencia entre un demócrata y un señor feudal. Todos los dictadores desean morir con las botas puestas y sólo se les puede echar a tiros. Hasta en eso le traiciona el subsconciente.

Biden tardó demasiado en entender que no irse a tiempo era el mayor daño que podía hacer al partido que amaba. Florentino está en ese mismo camino. Con la variante de que Biden al menos tenía la excusa de que nadie le había construido barreras electorales de 600 millones de euros. Florentino se las construyó él mismo.

La cobardía de los diez días

Y llegamos a la cobardía. Porque el artículo se llama así por algo.

Convocar elecciones con diez días de plazo para presentar candidaturas, en plena temporada, a mediados de mayo, cuando el Barcelona acaba de ganar la Liga, es un acto con un solo objetivo posible: que nadie pueda organizarse. Reunir los avales en diez días, en pleno mayo, cuando los socios están mirando las finales, es lo más parecido a la democracia que hay en Corea del Norte. Cómo a Pérez le gusta.

No es estrategia. Es miedo. Es la convocatoria de quien lleva quince años ganando sin oposición y esta vez siente que, si da tiempo, pierde. Un hombre que de verdad creyera en «el club de los socios» convocaría elecciones con tres meses de plazo, en junio, con los socios tranquilos y los candidatos preparados. Lo que Florentino hizo es exactamente lo contrario de todo eso.

Eso se llama cobardía. Con diez días de plazo y 600 millones de barrera. Del señor que dice que el poder es de los socios. Vaya bemoles.

La campaña más sucia de la historia del club

Lo que ha venido después del 12 de mayo ha confirmado, si es que hacía falta, el retrato moral de Florentino Pérez en su peor versión. No se si siempre fue así o le han sentado fatal estos últimos 10 años.

Enrique Riquelme logró validar su candidatura el domingo 24 de mayo de 2026, apenas unas horas antes de que se cerrara el plazo, reuniendo los avales en tiempo record. Por primera vez en veinte años, el Real Madrid tendrá elecciones reales. La fecha: 7 de junio de 2026.

La respuesta de Florentino fue exactamente la que cabía esperar de alguien que nunca ha tenido que competir de verdad: atacar. En una entrevista en Televisión Española, el aún presidente vinculó a Riquelme con Ramón Calderón —»la etapa más siniestra de la historia del Real Madrid»—, cuestionó la solidez financiera de COX Energy. ¡cómo si fuera tema de discusión o tuviera algo que ver en este proceso! y afirmó detectar «un movimiento en la sombra que tiene como objetivo desestabilizar al Real Madrid a través de mi persona.» Porque EL es el Real Madrid.

El problema es que los hechos no cuadraban con el relato, pero a él no le importa. Antonio Medina, el directivo de la candidatura de Riquelme al que Florentino señaló como hombre de Calderón, formó parte de la dirección de la Fundación Real Madrid hasta la semana anterior a que se publicaran las acusaciones. Juan Mendoza, hijo del expresidente Ramón Mendoza, se unió al equipo de Riquelme tras haber dimitido de la junta de Calderón por discrepancias tres meses después de que este tomara el cargo. Y la información sobre la financiación de los avales que Florentino difundió fue rectificada por el propio medio que la publicó tras admitir que había recibido «información falsa e interesada.» ACOJONANTE

Riquelme respondió con un comunicado que merece ser leído con calma: «El Real Madrid merece mucho más que ruido, mentiras, bulos interesados y campañas de difamación entre madridistas que comparten un mismo amor por el club y que jamás deberían utilizarse para limitar la democracia en el Real Madrid.» Y lanzó un reto que Florentino no ha respondido: un debate público, abierto y televisado.

A DICTATOR sus palmeros no le recomiendan debatir porque saben que se le ven todas las costuras y no aguantaría 5 minutos a alguien mucho más joven, con empuje y que le diga las cosas claras. No tendría nada que ganar, sí mucho que perder. Es un cobarde.

Posiblemente no habrá debate. Los Gollum no debaten. Murmuran y maniobran. Que Florentino pida un debate público para confrontar su gestión —las finanzas del Bernabéu, los conciertos, el parking, dos temporadas sin títulos, la posible conversión en SA— sería el mayor regalo que podría hacerle a su rival. Florentino lo sabe. Y por eso no irá.

Lo más relevante del arranque de campaña no es que Florentino ataque. Es que, por primera vez en su historia, tiene que hacerlo. Llevar veinte años sin que nadie se presente a competir contigo y de repente tener enfrente a alguien con 37 años, sin deudas con el sistema, financiación propia y el tiempo por delante produce exactamente el tipo de vértigo que estamos viendo: bulos, vinculaciones falsas, entrevistas en TVE y lemas de campaña que suenan a testamento. «Mucha historia por hacer», se llama el eslogan de Florentino. Para alguien de 79 años que aspira a gobernar el club hasta los 83, el eslogan tiene una ironía que probablemente no fue buscada.

Enrique Riquelme y el mundo que viene

No sé si Riquelme ganará el 7 de junio. Posiblemente no esta vez: la ventaja en el censo de socios que ha construido Florentino durante veinte años de mandato sin oposición es estructural y difícil de remontar en diez días de campaña. Pero lo que importa no es el resultado de junio. Lo que importa es que el Real Madrid tiene elecciones reales por primera vez en dos décadas. Y soy un firme convencido de que si no es en esta, será en la siguiente, pero Enrique Riquelme será presidente del Real Madrid, y el club dejará de estar secuestrado.

Riquelme tiene 37 años. A los 21 se fue a Panamá, en plena crisis española, porque vio una oportunidad en las obras de ampliación del Canal. Fundó Cox Energy en 2014. En 2018, Forbes le dedicó su portada española con «El Hombre de la Energía Solar». En 2023, compró los activos de Abengoa —el mayor escándalo empresarial del país— y los saneó. En 2025-2026 cerró la compra de los activos de Iberdrola en México por más de 3.000 millones de dólares. Ahí está el matiz delicioso: Florentino lleva años en guerra con Iberdrola desde que ACS intentó hacerse con la compañía y fracasó. El hombre que puede arrebatarle la presidencia del Madrid le compró a Iberdrola activos que Florentino nunca pudo quitarle. El universo tiene un sentido del humor bárbaro.

A sus 37 años, Riquelme ha construido más de lo que construyó Florentino Pérez a esa edad. Y lo ha hecho sin contactos de la Transición, sin BOEs estudiados, sin siete años de administración pública como trampolín. Lo ha hecho en América Latina, desde cero, con su cabeza y su trabajo. Florentino lo llama «ese señor con acento mexicano» porque no tiene otro argumento.

Si Florentino tuviera sentido del humor, se reiría. Pero los Gollum no se ríen. Los Gollum murmuran.

El señor feudal y el club que merece ser devuelto a sus dueños

La época dorada de Florentino fue real. Los títulos fueron reales. La modernización fue real. El Bernabéu nuevo, aunque de precio desproporcionado, es una obra de ingeniería asombrosa. Gracias y a Dios. A disfrutar de la jubilación y los nietos.

Pero la época dorada terminó. Y lo que nos queda es un hombre que no acepta que las épocas terminan. Que ha construido una arquitectura institucional —estatutos imposibles, plazos ridículos, candidaturas sin oposición— para perpetuarse en un cargo que debería ser temporal. Que mete al club en sus batallas —la Superliga, Negreira como arma arrojadiza, enfrentamientos con LaLiga— que responden a su ego y a sus intereses corporativos, no a los de los ciento diez mil socios. Que tiene el Bernabéu hipotecado hasta 2053 con una rentabilidad incierta. Que lleva dos temporadas en blanco y la respuesta es atacar periodistas, amedrentar editores, intentar ridiculizar a posibles rivales.

Es el Biden del Real Madrid. La analogía es tan cruel como exacta.

Florentino nunca fue un hombre afable con los de su entorno. Quienes le conocen de verdad hablan de alguien duro, que genera más miedo que cariño en sus colaboradores. Su círculo de confianza se ha reducido con los años, y los que se quedan son los que asienten. Rodearse de gente que asiente es la mejor manera de perder el contacto con la realidad. También es la mejor manera de acabar creyendo que todos los árbitros son del Barcelona y todos los vecinos del Bernabéu son todos del Atlético.

Hay una escena en El Señor de los Anillos que lo explica todo. Gollum, en sus buenos tiempos, fue Sméagol: un tipo normal, con familia, con vida. El anillo lo convirtió en lo que todos conocemos. Florentino tuvo su época Sméagol —galácticos, Champions, Bernabéu nuevo— y la vivió con una grandeza real. El problema es que lleva una década en modo Gollum: encogido sobre «mi tesoro», mirando con ojos febriles a cualquiera que se acerque. Otrora brillante caballero. Hoy, un Gollum geriátrico con traje de Cucinelli.

Lo que el Real Madrid necesita no es un nuevo Florentino. Necesita lo más simple del mundo: cuatro años de mandato, transparencia en las cuentas, un candidato que compita en condiciones justas y un presidente que entienda que su trabajo es servir al club, no que el club le sirva a él.

Florentino Pérez hizo grandes cosas por el Real Madrid. Ahora mismo, lo mejor que podría hacer por el Real Madrid sería irse. Los socios y aficionados, que muchos miramos a otro lado y le dejamos hacer en tiempo de bonanza aceptando el mal menor, hoy somos rehenes de la situación y del ego desmedido del senil personaje.

Y el hecho de que no lo haga por su voluntad, sino solo si alguien le gana en las urnas que él mismo diseñó para que nadie le ganase, dice todo lo que hay que saber sobre quién pone primero al club y quién se pone primero a sí mismo.


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