Harvard vende ETF de ether y Abu Dhabi compra bitcoin: 13F Q1 revela el giro institucional

La gestora de la Universidad de Harvard se desprende de toda su inversión en ether, mientras el fondo soberano de Abu Dabi refuerza su apuesta por bitcoin. Los recientes informes 13F de EE.UU. muestran una divergencia institucional que reaviva el debate entre las dos criptomoneda

Harvard lo ha vendido todo. Abu Dabi, en cambio, ha seguido comprando. Los informes trimestrales de los grandes inversores institucionales —los famosos 13F— acaban de publicarse y revelan un giro que está dando que hablar: la Universidad de Harvard se ha desprendido por completo de su ETF de ether, mientras que el fondo soberano de los Emiratos Árabes Unidos ha reforzado su apuesta por el bitcoin. Un contraste que, en solo unos días, ha reavivado el debate entre las dos principales criptomonedas del mundo.

Los datos proceden de los formularios 13F presentados ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (la SEC), cuyos registros públicos pueden consultarse en la página de la SEC. Allí aparecen, negro sobre blanco, los movimientos de la Harvard Management Company —la gestora del mayor endowment universitario del mundo— y de Mubadala Investment Company, el brazo inversor del gobierno de Abu Dabi. Y el mensaje no puede ser más dispar.

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El desmarque de Harvard: adiós al ether

Según el informe correspondiente al primer trimestre de 2026, Harvard Management Company ha liquidado íntegramente su participación en el iShares Ethereum Trust (ETHA), el ETF de ether al contado gestionado por BlackRock. Se trata del mismo vehículo de inversión que, desde su aprobación en 2024, había ido ganando tracción entre las gestoras tradicionales que buscaban una vía regulada para exponerse a la segunda criptomoneda por capitalización.

La Universidad de Harvard no ha ofrecido explicaciones públicas sobre la venta de de Harvard, pero los analistas apuntan a una posible recogida de beneficios. El ether acumulaba una revalorización cercana al 30% en los doce meses previos al cierre del trimestre, y la gestora podría haber decidido materializar esas plusvalías mientras el sentimiento del mercado seguía siendo positivo. Otra lectura, más inquietante, sugiere que algunas instituciones están reevaluando el atractivo del ether frente a activos con narrativas más consolidadas.

Abu Dabi compra más bitcoin, y ya es una tendencia

En la otra cara de la moneda, el fondo soberano Mubadala ha elevado otra vez su exposición al bitcoin. Los documentos mostrados a la SEC confirman que, durante el primer trimestre, la institución árabe incrementó significativamente su tenencia en el ETF de bitcoin al contado (IBIT) de BlackRock, continuando así una secuencia de compras que se remonta a varios trimestres atrás.

Aunque no se han hecho públicos los importes exactos, fuentes del sector estiman que Mubadala ha podido añadir más de 50 millones de dólares en nuevas participaciones, elevando su inversión total en el ETF a un valor que ronda los 400 millones de dólares. De confirmarse, sería la mayor asignación a un ETF de cripto por parte de un fondo soberano —y una señal inequívoca de que el bitcoin sigue ganando terreno como reserva de valor entre los inversores más pacientes del planeta.

El 13F que divide al inversor institucional

Más allá del caso concreto de Harvard y Abu Dabi, los informes 13F del primer trimestre han dejado un mapa muy heterogéneo. De un lado, gestoras como la de Wisconsin o el estado de Michigan han mantenido o incluso aumentado ligeramente sus posiciones en ether. Del otro, firmas como Jane Street o Citadel han ajustado a la baja su exposición al mismo ETF que Harvard ha liquidado. Entre medias, los fondos de pensiones canadienses —siempre observados con lupa— han preferido quedarse quietos.

El resultado es un puzzle difícil de interpretar. Mientras el bitcoin se beneficia de un relato cada vez más afianzado como «oro digital» y de su adopción por parte de grandes empresas y gobiernos, el ether parece estar atrapado en una encrucijada: sigue siendo la red sobre la que se construye la mayor parte de las finanzas descentralizadas (DeFi), pero su demanda institucional es menos uniforme y, a veces, contradictoria. En este trimestre, Harvard ha tirado la toalla; Abu Dabi, no.

Análisis: ¿una foto o una película?

Conviene no precipitarse. Un solo trimestre no define una estrategia, y menos aún la de una gestora como Harvard, que mueve su cartera con plazos de varios años. La venta del ETHA podría obedecer a razones puramente tácticas o incluso a cambios internos en la composición del portfolio. Pero el contraste con Mubadala sirve para recordar algo que el sector a menudo olvida: el interés institucional por las criptomonedas no es un bloque monolítico, sino un baile de gestores, mandatos y visiones a menudo contrapuestas.

La experiencia de los últimos ciclos ya mostró cómo la fiebre del ether llegó a rozar la euforia en 2021, impulsada por el boom de las NFT y la explosión de la DeFi, para luego desinflarse en el invierno cripto de 2022. Desde entonces, los inversores se han vuelto más selectivos. Bitcoin ha conseguido erigirse como el activo refugio del ecosistema, mientras que ether compite también con otras blockchains más rápidas o baratas —como Solana o Avalanche— y debe demostrar que su papel como capa de liquidación y colateral sigue siendo insustituible.

Dicho de otro modo, el movimiento de Harvard no es un desplante, pero sí un síntoma. Refleja las dudas que aún persisten sobre si las criptos más allá del bitcoin pueden captar capital institucional masivo y sostenido. Y, mientras tanto, Abu Dabi —con la paciencia propia de un fondo que piensa en décadas— continúa acumulando bitcoins. Algo tendrá el agua cuando la bendicen.

La próxima cita con los 13F, dentro de tres meses, promete nuevas pistas.


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