Ruptura en la OPEP y hachazo social en Alemania por rearme

El periodista económico Lorenzo Ramírez analiza en Negocios TV la salida de Emiratos del cartel petrolero, la resistencia iraní al bloqueo de Ormuz y el recorte social que prepara Berlín para financiar su rearme.

El cartel petrolero más influyente del mundo cruje por dentro y, mientras tanto, Alemania prepara la mayor poda al Estado del bienestar en décadas para alimentar al complejo militar industrial. Son dos noticias que parecen distantes, pero comparten un mismo hilo conductor: la reordenación geopolítica que está pilotando Washington tras los ataques a Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. Lo desgranó esta semana el periodista económico Lorenzo Ramírez en una intervención en Negocios TV que merece la pena revisar con calma.

La fractura silenciosa dentro de la OPEP+

Ramírez sostiene que la salida de Emiratos Árabes Unidos del acuerdo OPEP+ no es una sorpresa, sino el desenlace de una tensión que llevaba años incubándose. Arabia Saudí y Emiratos arrastran fricciones fronterizas casi desde la fundación misma de los Emiratos, y en su interior conviven dos plazas con intereses no siempre alineados: Dubái como hub financiero y Abu Dabi como bastión petrolero. Mientras el crudo fluyó sin sobresaltos y los precios se mantuvieron altos, esas costuras aguantaron.

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Lo que ha cambiado, según el análisis del periodista, es el bloqueo del estrecho de Ormuz tras los ataques estadounidenses sobre Irán. Ese golpe ha dejado expuesta la dependencia exportadora de Emiratos y ha erosionado el estatus de Dubái como plaza financiera global. Buena parte de los capitales que se refugiaban allí, recuerda Ramírez, habrían empezado a migrar hacia Hong Kong, según medios chinos.

Por qué Abu Dabi rompe ahora y no antes

El argumento central que desarrolla Ramírez en el programa es que Emiratos siempre se sintió incómodo dentro del sistema de cuotas dictado por Riad y Moscú. Su capacidad productiva ha crecido cerca de un 20% en los últimos años gracias a inversiones que no podía rentabilizar porque ni Arabia Saudí ni Rusia le permitían vender más. Arabia necesita precios altos para financiar su Visión 2030; Rusia, para sostener la guerra en Ucrania. Emiratos, con costes de extracción entre los más bajos del mundo y una economía mucho más diversificada, podría asumir precios más bajos a cambio de ganar cuota.

La clave, apunta el periodista, está en un dato del que apenas se habla: la solicitud de rescate financiero que Emiratos habría tramitado ante el Tesoro estadounidense y la Reserva Federal. A cambio de ese balón de oxígeno, Washington habría exigido la ruptura definitiva con la OPEP. Ramírez recuerda que esta estrategia no es nueva: Indonesia salió en 2016, Catar en 2019, Ecuador en 2020, Angola en 2023, y todo apunta a que Venezuela podría ser la próxima.

La estrategia de Washington es liquidar el cartel petrolero justo cuando Estados Unidos es exportador neto de hidrocarburos. La OPEP tal y como la conocemos puede tener los días contados.

— Lorenzo Ramírez, en Negocios TV

Irán resiste y desmonta el relato de Trump

Otro de los focos de la conversación es el desgaste del discurso de la Casa Blanca sobre Irán. Donald Trump aseguró el pasado 26 de abril que los pozos iraníes explotarían en cuestión de días por la imposibilidad de almacenar el crudo. No ha ocurrido. Ramírez cita un informe reciente de la Universidad de Columbia y los cálculos de la consultora Kpler, que estiman entre 12 y 22 días el plazo real antes de que se llenen los tanques iraníes, muy por encima del relato oficial.

El periodista detalla que, antes de la guerra, Irán bombeaba unos 3 millones de barriles diarios más 750.000 de condensado, con una demanda interna cercana a 1,9 millones. Ese excedente, hoy bloqueado, se está gestionando con almacenamiento en tierra —donde el país tiene más capacidad que sus vecinos—, con buques que ya estaban en el Golfo Pérsico actuando como depósitos flotantes y, en última instancia, quemando crudo y gas, algo visible en imágenes recientes. La National Iranian Oil Company, heredera de la antigua concesión arrebatada a British Petroleum en tiempos de Mosadeq, tiene experiencia sobrada en regular la producción a la baja, recuerda Ramírez.

Alemania y el hachazo histórico al Estado del bienestar

El segundo gran bloque del análisis aterriza en Berlín. Ramírez vincula directamente el rearme alemán con el documento filtrado que recoge 66 reformas y un recorte de la seguridad social cifrado en 40.000 millones de euros. La cifra coincide casi al euro con los 35.000 millones del plan de defensa espacial aprobado por el propio Gobierno, a los que hay que sumar el gasto comprometido dentro de la OTAN.

Para el periodista, el supuesto enfrentamiento entre el canciller Friedrich Merz y la Casa Blanca es artificial: sirve para justificar ante la opinión pública un rearme que en realidad está ordenado desde Washington. Recuerda además que Merz fue directivo de BlackRock en Alemania, lo que dificulta tomarse en serio cualquier postura de soberanía frente al Pentágono o frente a contratistas como Palantir, socio prioritario del propio Pentágono.

Cañones o mantequilla: la metáfora que vuelve

Ramírez recupera la vieja dicotomía económica de los cañones y la mantequilla, popularizada en los manuales de Paul Samuelson pero, como subraya el periodista, empleada antes por dirigentes nazis como Hermann Göring. La idea es sencilla: cada euro destinado a la industria militar es un euro detraído de sanidad, educación o pensiones. Y eso es exactamente, sostiene, lo que está ocurriendo en Alemania bajo el argumento de la sostenibilidad financiera.

El periodista admite que el debate sobre la viabilidad del Estado del bienestar europeo es legítimo —presión migratoria, gasto burocrático, errores energéticos, unión bancaria—, pero rechaza que se utilice como coartada mientras se inyectan miles de millones a la industria de la muerte. La advertencia es clara: lo que hoy se aplica en Alemania llegará al resto del continente, tal y como anticipó en su día Josep Borrell.

Una nueva plutocracia: defensa, tecnología y energía

El cierre del análisis es quizá el más inquietante. Ramírez describe la consolidación de una nueva plutocracia que une al complejo militar industrial con el tecnológico y el energético, con Estados Unidos marcando la pauta al ligar inteligencia artificial y suministro eléctrico. Esa tríada, advierte, tendrá prioridad en la asignación del gasto público, en los racionamientos energéticos que vengan y en las regulaciones que afecten a haciendas, ecosistemas y derechos.

La pregunta que deja flotando es incómoda y difícil de esquivar: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar bienestar social para sostener una carrera armamentística cuya factura se nos presentará tarde o temprano? La respuesta, intuye uno, no llegará desde los despachos.

Puedes ver el análisis completo aquí:


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