La UE prepara un impuesto único a las criptomonedas

Bruselas estudia un marco fiscal común para frenar el traslado de inversores entre países con tributación dispar. La medida llegaría tras MiCA y podría fijar un tipo mínimo, aunque las diferencias entre Alemania, España o Malta complican el acuerdo.

La Unión Europea estudia poner orden en algo que a día de hoy es un pequeño caos: cuánto paga cada inversor por sus criptomonedas según el país en el que vive. El Parlamento Europeo ha empezado a mover ficha hacia un impuesto armonizado para todo el bloque, con la idea de cerrar las grietas que permiten a quien tiene cartera cripto mudarse de Madrid a Lisboa, o de París a Berlín, buscando una factura fiscal más amable.

La diferencia entre Estados es enorme y conviene ponerla en cifras. En España, las ganancias por vender bitcoin o ether tributan en el IRPF entre el 19% y el 28%, según el tramo. En Alemania, si mantienes el activo más de un año, la ganancia queda exenta. En Portugal, durante años no se pagaba prácticamente nada, hasta que en 2023 se introdujo un gravamen que sigue siendo más bajo que la media. Y en Malta o Chipre, el régimen fiscal ha atraído a parte de la industria por su benevolencia. Resultado: un mercado único que, en lo cripto, no tiene nada de único.

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Qué propone Bruselas y por qué ahora

El movimiento llega después de la entrada en vigor plena de MiCA, el reglamento europeo de mercados de criptoactivos que ya regula desde 2024 quién puede emitir stablecoins (criptomonedas que aspiran a mantener un valor estable, normalmente vinculadas al dólar o al euro) y bajo qué requisitos opera un exchange en suelo comunitario. MiCA homogeneizó las reglas del juego para las empresas, pero dejó fuera la fiscalidad del inversor particular, que sigue siendo competencia de cada Estado miembro.

Según informa el medio especializado CriptoNoticias, el Parlamento Europeo está analizando un marco común para evitar lo que en jerga fiscal se llama arbitraje: el traslado de un contribuyente a otra jurisdicción solo por motivos tributarios. Y en cripto el arbitraje es especialmente sencillo, porque no hay un activo físico que mover ni una nómina que cambie de pagador. Basta, en muchos casos, con un cambio de residencia fiscal y un par de trámites.

La armonización podría tomar varias formas. La más ambiciosa sería un tipo único europeo para las ganancias en criptoactivos, similar al que existe para algunos impuestos al consumo. La más probable, por las resistencias políticas que despiertan los cambios fiscales en la UE, es una banda mínima común: cada país conservaría margen, pero no podría bajar de cierto umbral. El precedente más cercano es el acuerdo del tipo mínimo del 15% en sociedades, pactado en el seno de la OCDE y que la UE ha trasladado a directiva.

A quién afecta y qué cambia para el inversor medio

Si la propuesta avanza, el primer impactado es el ahorrador particular que tiene una cartera modesta en un exchange como Binance, Coinbase o Bit2Me. Hoy ese inversor declara sus operaciones según las normas de su país. Mañana, si Bruselas impone un suelo común, podría ver cómo su factura sube en jurisdicciones hasta ahora laxas o, al revés, encontrarse con simplificaciones si vive en países con sistemas más complejos como España, donde cada operación cuenta como hecho imponible.

El segundo afectado es la propia industria. Empresas que han establecido sede en Malta, Estonia o Portugal por motivos fiscales tendrían menos incentivos para quedarse si la ventaja desaparece. Algunas analistas del sector apuntan a que esto podría acelerar la consolidación en torno a unos pocos hubs europeos con verdadero ecosistema, no solo ventaja tributaria. Dicho de otro modo: si todos pagan parecido, gana el que tenga mejor talento y mejor regulación, no el que tenga el tipo más bajo.

Una armonización que tardará y un debate que no es nuevo

Conviene templar las expectativas. La fiscalidad directa en la UE requiere unanimidad de los 27 Estados miembros, y ahí es donde las propuestas ambiciosas suelen encallar. El intento de tasa europea sobre transacciones financieras lleva discutiéndose desde 2011 y todavía no ha cuajado en su versión amplia. La tasa Google se aprobó parcialmente y solo después de años de negociación. Cualquier impuesto cripto común tendrá que pasar ese mismo filtro, con países como Irlanda, Luxemburgo o la propia Malta vigilando que no se les recorten ventajas competitivas.

El precedente de MiCA, eso sí, demuestra que cuando hay voluntad política y un problema bien identificado, la maquinaria europea puede moverse. La regulación de criptoactivos era impensable hace cinco años y hoy es realidad operativa. La fiscalidad puede seguir el mismo camino, aunque más despacio. La página oficial de la Comisión Europea sobre criptoactivos ya recoge la fiscalidad como uno de los frentes pendientes.

Hay un riesgo que conviene no perder de vista. Una armonización mal calibrada puede empujar a parte del capital fuera de Europa, hacia Dubái, Singapur o Suiza, jurisdicciones que llevan años cortejando al sector con regímenes diseñados a medida. La pregunta que se hace el inversor medio es razonable: ¿saldrá más caro tener cripto en Europa? La respuesta honesta hoy es que depende de dónde vivas y de cómo se cierre el acuerdo, si es que se cierra. Lo único seguro es que el debate fiscal sobre cripto en la UE acaba de empezar y va para largo. La próxima parada serán las sesiones de trabajo previstas en la Eurocámara durante el segundo semestre de este año, donde los grupos políticos deberán acercar posturas antes de que la Comisión presente un texto formal.


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