Uber Eats, como en su momento tuvo que hacer Glovo, está atravesando un huracán con el proceso de contratación de sus riders. Y es que no solo se trata de cambiar el estatus de unos trabajadores que hasta hace poco consideraba autónomos, sino que desde la Inspección de Trabajo se ha pedido que se tome en cuenta la antigüedad de estos repartidores a la hora de calcular sus cotizaciones en Hacienda.
Esto se ha traducido en una deuda de 110 millones de euros que la empresa ha asumido y que, tras semanas de dudas, tendrá que pagar. La sorpresa es que ha aplicado la lógica de Shakira con su propio problema con Hacienda, asumiendo que pagar de su bolsillo la deuda acumulada es mejor estrategia que enfrentarse a una larga batalla en los tribunales, la cual, gane o pierda, acabará marcando su reputación, tanto para posibles empleados en el futuro como para los usuarios de las plataformas de delivery.
En cualquier caso, es un paso más de las plataformas del sector para superar la crisis que les ha generado la controvertida «Ley Rider». Si bien esta ley ha generado una larga lista de problemas internos para las plataformas (primero por las sanciones en contra de su uso de autónomos y después por lo complicado que ha sido diseñar contratos y horarios que funcionen tanto para los repartidores como para el modelo de negocio de la empresa), la aceptación de la deuda parece buscar un cierre. Es un reto que de momento ha generado más dolores de cabeza que otra cosa, pues sigue sin una solución clave para la industria.

Tampoco debería ser una sorpresa que estas empresas estén dispuestas a asumir este costo. Una de las estrategias de ambas para superar los problemas que ha generado la Ley Rider (en cuanto a sanciones por mantener el uso de autónomos o la presencia de trabajadores indocumentados en la aplicación), ha sido siempre tener preparados montos millonarios para asumir las sanciones que se pudieran generar durante el año. Por tanto, en el fondo, la reacción de Uber Eats no es más que la continuación de estas políticas.
LAS SANCIONES DE UBER EATS Y GLOVO HAN GOLPEADO LOS INGRESOS
Lo cierto es que, incluso si para Uber su servicio de delivery se ha convertido en una pieza clave de su negocio a pesar de sus problemas, sigue enfrentando obstáculos. En otros territorios, donde las leyes no han sido tan estrictas contra este tipo de negocios, el servicio se ha vuelto incluso un salvavidas en las temporadas en las que el transporte no ha tenido sus mejores números, en particular en los años de la pandemia.
No es un dato secundario, pues esto ha hecho que hagan lo posible por mantener las plataformas de entregas en casos como el de la Ley Rider. Si bien han tenido que pagar montos millonarios en sanciones y deudas con Hacienda (como lo hace saber Delivery Hero, matriz de Glovo, cada vez que presenta resultados), el negocio sigue siendo rentable. Al mismo tiempo, es cierto que en los últimos años, trabajando con autónomos, ambas operadoras apartaban cientos de millones de euros asumiendo la acumulación de sanciones.
De momento, no es más que otro golpe que la empresa considera posible encajar. A pesar del precio de las sanciones de Hacienda, la empresa está en una situación positiva, con la mayoría de los analistas asumiendo que los resultados que se presentarán mañana serán positivos, y que los buenos datos internacionales del turismo en el primer trimestre también han ayudado a las empresas de transporte de particulares en las grandes ciudades.
PAGAR LOS COSTES CON HACIENDA PARA SALVAR EL SERVICIO
En cualquier caso, Uber Eats hace lo posible por mantener esta vertical del negocio a flote en España. Parte de la apuesta es que la industria seguirá manteniendo su popularidad a pesar de lo controvertido que ha sido el proceso de aplicar la Ley Rider y de contratar a los repartidores que hasta hace unos tres meses eran autónomos. Lo cierto es que el uso de las plataformas de delivery se ha vuelto parte de la rutina de un alto porcentaje de los españoles, y parte de los ingresos de los restaurantes, en particular en las grandes ciudades.

Por otro lado, la empresa debe verse en el espejo de Glovo. El unicornio español está asumiendo un ERE que puede dejar en la calle a alrededor de 750 repartidores, en particular en las zonas del país con menos población y, por tanto, con menos demanda. Esta decisión ha generado un duelo sindical que puede alargarse en el tiempo y que ya causó la primera huelga del sector delivery en el país desde la llegada de las aplicaciones. Es un problema que Uber Eats debe prepararse para evitar, si no quiere que se traduzca en nuevas sanciones o en problemas de protesta.




