La inflación interanual en Argentina alcanzó el 32,6% en marzo de 2026. El dato, lejos de ser una sorpresa aislada, confirma una tendencia que Juan Ramón Rallo viene señalando con insistencia: diez meses consecutivos de subidas.
El economista español ha publicado un extenso análisis en su canal de YouTube donde desmenuza las cifras y, sobre todo, cuestiona la narrativa oficial que rodea la política económica de Javier Milei. No es un ataque gratuito. Rallo reconoce los méritos iniciales del ajuste fiscal argentino, pero considera que la gestión monetaria presenta grietas preocupantes.
El problema no es el dato puntual, sino la tendencia
Lo primero que hace Rallo es desmontar cierta cobertura mediática. Sí, el 32,6% de marzo es inferior al 33,1% de febrero. Técnicamente, la inflación bajó. Pero quedarse ahí sería tramposo. La realidad es que desde mediados de 2025 el índice no ha dejado de escalar mes tras mes, y marzo simplemente representa un leve respiro dentro de esa escalada.
El economista insiste en que analizar la inflación como si fuera un partido de fútbol —ganamos o perdimos respecto al mes anterior— distorsiona la comprensión del fenómeno. Lo relevante es la dinámica estructural: ¿se están corrigiendo los desequilibrios de fondo o solo se maquillan los titulares?
En su opinión, la respuesta es más bien lo segundo. Argentina sigue sin resolver el problema de base, que no es otro que la relación entre oferta y demanda de pesos.
La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, pero depende tanto de lo que el Banco Central emite como de lo que la gente quiere conservar.
— Juan Ramón Rallo
La desdolarización como factor clave
Aquí Rallo introduce un concepto que a veces se pasa por alto. Cuando los argentinos desconfían del peso, huyen al dólar. Esa huida reduce la demanda de moneda local, lo que a su vez acelera la inflación aunque el Banco Central no imprima billetes nuevos. Es un círculo vicioso: la gente no quiere pesos, los pesos pierden valor, la gente quiere aún menos pesos.
El proceso inverso —la desdolarización— ocurriría si los ciudadanos recuperasen la confianza en su moneda. Volverían a ahorrar en pesos, aumentaría la demanda, y la presión inflacionaria cedería sin necesidad de medidas heroicas. Rallo sostiene que el gobierno de Milei no ha conseguido activar ese mecanismo.
¿Por qué? En parte, porque la independencia del Banco Central sigue siendo una quimera. Según el economista, mientras la autoridad monetaria responda a presiones políticas —directas o indirectas—, los mercados no creerán que el peso pueda ser una reserva de valor fiable.
Críticas a la gestión de Milei
Rallo no niega que Milei heredó una situación catastrófica. La inflación de tres dígitos que recibió hace dos años era el resultado de décadas de descontrol. Pero precisamente por eso, argumenta, era crucial aprovechar el momentum reformista para blindar la independencia del Banco Central y anclar expectativas de forma creíble.
En cambio, el gobierno optó por medidas que generaron alivio inmediato pero dejaron intactos los incentivos perversos. El ajuste fiscal fue real y doloroso, sí. Sin embargo, la política monetaria ha oscilado según las urgencias del momento, sin un marco institucional que la proteja de la interferencia política.
El resultado, para Rallo, es predecible: la inflación baja rápido al principio pero luego se estanca o repunta. Argentina ya vivió episodios similares en el pasado, y el economista teme que esta vez tampoco sea diferente.
¿Qué significa esto para el ciudadano de a pie?
Un 32,6% de inflación interanual implica que los precios se duplican aproximadamente cada dos años y medio. Para una familia argentina, eso supone una erosión constante del poder adquisitivo, dificultades para planificar gastos a medio plazo y una incertidumbre que desincentiva el ahorro en moneda local.
Además, la inflación no afecta a todos por igual. Quienes cobran salarios fijos o dependen de pensiones públicas sufren más que quienes pueden ajustar sus ingresos al alza o refugiarse en activos dolarizados. La desigualdad, lejos de corregirse se amplifica.
Rallo no ofrece soluciones mágicas, pero sí señala que el camino pasa por reformas institucionales profundas. Un Banco Central verdaderamente autónomo, reglas fiscales con mordiente legal, y una comunicación gubernamental que no confunda propaganda con información.
Un análisis incómodo pero necesario
Lo interesante del vídeo de Rallo es que no se alinea con ningún bando. Critica a Milei desde posiciones liberales, no desde la izquierda. Eso le permite señalar incoherencias que otros analistas pasan por alto, ya sea por simpatía ideológica o por interés partidista.
La pregunta que queda flotando es si el gobierno argentino corregirá el rumbo antes de que la inflación vuelva a escaparse de control. Los próximos meses serán decisivos. Mientras tanto, conviene no dejarse engañar por titulares que celebran décimas de mejora cuando la tendencia de fondo sigue siendo preocupante.
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