Hochul debilita la ley climática de Nueva York: retrasa la reducción de emisiones a 2040 y suaviza la contabilidad de metano

El acuerdo legislativo retrasa el objetivo de reducción a 2040 y modifica la contabilidad del metano, reduciendo artificialmente las emisiones en un 15% de la noche a la mañana. La medida llega en un momento en el que el estado no había logrado reducir su dependencia del gas natu

La gobernadora Kathy Hochul ha logrado debilitar la ley climática de Nueva York —la CLCPA, una de las más ambiciosas de Estados Unidos— en un acuerdo legislativo de última hora que retrasa en una década la reducción de emisiones y cambia de raíz cómo se contabiliza el metano. El movimiento, defendido por la administración como una protección frente al aumento de costes, rebaja la presión sobre el gas natural justo cuando el estado sigue sin electrificar su economía.

El retraso que redefine la ambición climática

La ley de 2019 obligaba a Nueva York a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero un 40% antes de 2030 respecto a los niveles de 1990, en línea con los estándares de Naciones Unidas. El nuevo acuerdo aplaza el hito hasta 2040 y fija un objetivo del 60% para esa fecha, una meta que el ejecutivo considera más realista. La letra pequeña es contundente: el estado reconoce implícitamente que no iba a cumplir.

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El incumplimiento venía de lejos. La economía neoyorquina seguía anclada al gas natural, que proporciona la mitad de la electricidad y la práctica totalidad de la calefacción en los grandes edificios residenciales. Los intentos de construir renovables chocaron con la oposición de la Administración Trump a la eólica marina, los litigios y un cierre nuclear prematuro —la planta de Indian Point— que aumentó la dependencia de los combustibles fósiles. “La economía no cooperaba”, ha resumido Al McGartland, economista jefe de la Agencia de Protección Ambiental durante dos décadas.

📊 Impacto ecológico en cifras

  • CO2 evitado: El objetivo original del 40% para 2030 se sustituye por un 60% para 2040, pero con reglas de contabilidad mucho más laxas.
  • Reducción artificial: Al dejar de contabilizar las emisiones de fracking de los estados vecinos, las emisiones aparentes caen un 15% de la noche a la mañana.
  • Cap-and-invest aplazado: El sistema que gravaría a las eléctricas y refinerías para financiar bombas de calor y cargadores eléctricos se pospone hasta 2028.
  • Equivalencia tangible: El cambio del horizonte de calentamiento del metano de 20 a 100 años reduce en dos tercios el peso climático de la ganadería y los vertederos, según los nuevos cálculos.

La letra pequeña de la contabilidad del metano

El acuerdo no se limita a ganar tiempo. Incorpora dos modificaciones contables que alteran la foto de las emisiones sin mover una sola molécula de CO2. La primera elimina la obligación de contabilizar las emisiones asociadas a la extracción de combustibles fósiles que Nueva York importa de otros estados. Bajo el sistema anterior, una fuga de metano en un campo de gas de Pensilvania se imputaba al consumo neoyorquino. Al suprimir esta regla —algo que la mayoría de los estados nunca hicieron—, las emisiones oficiales caen cerca de un 15% de inmediato.

La segunda mudanza afecta al potencial de calentamiento del metano. La CLCPA usaba un horizonte de 20 años, donde el metano calienta 80 veces más que el CO2. El nuevo texto adopta el estándar de 100 años que utiliza la secretaría climática de la ONU y el Acuerdo de París. El efecto: la huella atribuida a la ganadería y los vertederos se desploma dos tercios. La justificación científica es discutible —el marco de 100 años puede diluir la urgencia de frenar el metano a corto plazo—, pero al menos alinea la contabilidad estatal con el consenso internacional.

cap-and-invest Nueva York

El retraso no es una adaptación técnica: es una decisión política que traslada el coste de la transición a la siguiente generación.

El coste real de la electrificación y la paradoja de la transición

Por mucho que se aligeren las cifras, el estado sigue muy lejos de descarbonizar sus mayores fuentes de emisión: los coches, las centrales térmicas y los edificios residenciales. Convertir un bloque de apartamentos centenario a bombas de calor puede costar decenas de millones de dólares. Los propietarios, que ya se enfrentan a las sanciones de la ley local 97 si no electrifican antes de 2030, advierten de que las multas pueden resultar más baratas que la reforma.

Mientras, la sustitución de las centrales de gas por eólica y solar avanza a trompicones. La nueva línea de transmisión que traerá hidroelectricidad canadiense a la ciudad entra en funcionamiento este mes, tras años de litigios. Los parques eólicos marinos Empire Wind y Sunrise Wind también arrancan este año, pero apenas desplazarán una fracción del suministro de gas y no generarán apenas en verano, cuando la demanda se dispara. El operador de la red reconoce que la ciudad podría necesitar las sucias plantas de punta (“peaker”) incluso en 2031 para evitar apagones.

Análisis E-E-A-T: cuando la política renuncia a liderar

Hochul ha presentado los cambios como “reformas de sentido común” para mantener las luces encendidas y los precios bajos. Pero la cronología deja ver otra lectura. El año pasado, la gobernadora aprobó los permisos de un gasoducto de gas natural respaldado por Trump que conectará Pensilvania con Queens, y a cambio blindó el proyecto Empire Wind. La decisión sugiere que la administración ha asumido que el gas seguirá siendo imprescindible a largo plazo, una apuesta que choca con la ciencia climática.

Expertos como McGartland defienden que ganar tiempo puede permitir diseñar mejor el sistema de cap-and-trade. Sin embargo, el aplazamiento priva a las comunidades desfavorecidas de los ingresos que esa herramienta debía destinar a mejorar la calidad del aire y a construir una cadena industrial eólica en la costa de Brooklyn. Como recuerda la asambleísta Marcella Mitaynes, cuyo distrito alberga varias plantas pico, “esta ley nos había situado como líderes, y la gobernadora ha aprovechado para desmantelarla”.

El precedente es preocupante para el resto de estados que han fijado objetivos climáticos vinculantes. Si Nueva York, con su tradición progresista, decide rebajar la ambición cuando el calendario aprieta, el mensaje es que los compromisos solo se mantienen mientras resulten cómodos. La factura, entretanto, se pospone: el nuevo objetivo de 2040 será asumido por una generación que hoy no tiene voto.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Ninguno en términos de emisiones reales; el cambio contable maquilla una rebaja del 15% sin eliminar una sola molécula de metano.
  • Modelo que cambia: El estándar de ambición climática vinculante se resquebraja, abriendo la puerta a que otros estados y países diluyan metas cuando la transición duele.
  • Para las próximas generaciones: El retraso de diez años en la reducción de emisiones implica un sobrecalentamiento acumulado adicional, con costes en salud, infraestructuras y migraciones que pagarán quienes hoy están en la escuela.

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