El debate de los precios dinámicos en supermercados: cómo puede cambiar el coste de la cesta según la hora de compra

Las etiquetas electrónicas ya permiten modificar precios en segundos y cadenas como Walmart o Sainsbury's han empezado a probarlo. En España, el 79% de los consumidores ya nota subidas en alimentación y mira con recelo cualquier variación.

El debate sobre los precios dinámicos en los supermercados se intensifica: analizamos si la hora de compra puede encarecer tu cesta

Los precios dinámicos, esos que varían en función de la demanda y del momento en que se compra, están a las puertas del supermercado. La tecnología de las etiquetas electrónicas permite ajustar el precio de un producto en cuestión de segundos, y cadenas como Walmart o la británica Sainsbury’s ya han empezado a probarlo. La cuestión es si en España pagarías más por un litro de leche a las ocho de la tarde que a las diez de la mañana.

La tecnología que permite cambiar el precio en segundos

La base de esta revolución son las etiquetas electrónicas. Sustituyen a las clásicas de papel y, conectadas a un sistema central, pueden modificar el precio que muestra el lineal de forma instantánea. Esto abre la puerta a que los supermercados apliquen estrategias de pricing similares a las de las aerolíneas o los hoteles: subir los precios cuando hay más demanda y bajarlos en horas valle. Marc Vidal, analista económico y divulgador tecnológico, fue contundente en un vídeo reciente: “Las etiquetas electrónicas en los supermercados son solo la puerta de entrada a un sistema de vigilancia de consumo que usa tus propios datos para cobrarte más según lo que saben de ti”.

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Sin embargo, otros expertos piden calma. Cristina Pérez, directora de Innovación y Commerce en Kantar, sostiene que esta tecnología tiene mucho más de avance operativo que de amenaza. “Las etiquetas electrónicas permiten algo muy básico pero muy relevante en retail: que el precio que ve el comprador sea el mismo que paga en caja, reduciendo errores y mejorando la experiencia”, explica. También habilitan descuentos progresivos en productos perecederos, lo que podría servir para reducir el desperdicio alimentario.

Lo que dicen los datos: percepción de subidas y conductas defensivas

El consumidor español no llega virgen a este debate. Según el ‘Informe Panorama by Kantar’, el 79% de los encuestados percibe subidas en alimentos y bebidas, y un 74% las nota en frutas y verduras frescas. En un contexto de inflación persistente, la sensibilidad al precio es máxima. De hecho, un 42% de los consumidores declara haber reducido su gasto y un 37% busca activamente promociones.

Cuando los precios suben, predominan las conductas defensivas: se reduce el gasto general, se buscan ofertas, se compra en tiendas más baratas y se recurre a las marcas propias. “Cualquier variación de precio se produce en un terreno ya muy tensionado”, advierte Pérez. Por eso, la mera posibilidad de que el precio de una barra de pan o de un pack de yogures cambie según la hora se percibe como una penalización injusta.

hora de compra más barata

La clave está en la percepción de equidad. El consumidor acepta bien la dinámica de precios cuando cree que se beneficia —encontrar productos más baratos a ciertas horas—, pero reacciona negativamente cuando interpreta que el sistema se usa para subirlos en momentos de mayor afluencia. “En el supermercado el precio se juzga dentro del territorio de la necesidad, la rutina y la confianza”, distingue la experta de Kantar. En cambio, en un billete de avión o en una entrada de concierto la lógica de la ocasión y la disponibilidad matiza la sensación de abuso.

El consumidor puede asumir movimientos acotados si están bien explicados, pero rechazará de plano cualquier subida que perciba como arbitraria.

¿Un avance operativo o una amenaza para el bolsillo?

Pérez sostiene que el riesgo real no está en lo que la tecnología es hoy, sino en cómo puede evolucionar y, sobre todo, en cómo lo interpreta el comprador. Las etiquetas electrónicas en sí mismas no implican usar datos personales, pero abren la puerta a modelos de pricing más sofisticados que podrían basarse en el historial de compra, el contexto o la demanda. Y eso sí que podría hacer saltar las alarmas de la transparencia y la posible discriminación.

La confianza es el factor determinante. “Cuando el consumidor no entiende por qué un precio cambia, la confianza se resiente rápidamente”, alerta. En un entorno donde los compradores comparan y comparten precios en tiempo real —ya sea en redes sociales o en aplicaciones de seguimiento—, cualquier incoherencia se amplifica al instante. Esto podría repercutir en en el ticket final de quienes no tengan tiempo ni para comparar.

La digitalización del lineal es, en opinión de Pérez, una tendencia estructural. Las grandes cadenas ya invierten en ella para ganar eficiencia y reducir costes operativos. Sin embargo, el salto cualitativo que supondría ligar ese precio a la demanda en tiempo real es mucho más polémico. Por ahora, ninguna de las principales cadenas españolas ha anunciado planes para implementar precios dinámicos, pero el mero debate ya tensa a un consumidor hipersensible al coste de la cesta básica.

🛒 El Veredicto de Compra

  • Compara el precio en lineal con el de caja: Si en el futuro ves etiquetas electrónicas, asegúrate de que el precio que pagas coincide con el que viste en góndola. Cualquier variación sin aviso debería levantar sospechas.
  • Planifica la compra en horas valle si se generaliza: Si finalmente los precios se ajustan por franjas, comprar a primera hora de la mañana o en días laborables podría abaratar la cesta. Merecerá la pena consultar la hora antes de ir al súper.
  • Mantente escéptico ante ofertas personalizadas: Si una cadena te ofrece un descuento “a medida” basado en tu historial de compras, compáralo con el precio habitual y con el de la competencia antes de aceptarlo.

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