La inversión global en redes eléctricas alcanzará los 650.000 millones en 2026, según Rystad Energy

El capex se duplica respecto a 2020 impulsado por la electrificación y la necesidad de integrar más renovables. Los plazos de entrega de transformadores y equipos siguen al alza, pero la capacidad de fabricación empieza a responder.

La inversión global en redes eléctricas tocará este año los 650.000 millones de dólares, un 5% más que en 2025, según el informe bianual de Rystad Energy. La cifra, que duplica con creces el gasto de 2020, refleja la urgencia de reforzar las infraestructuras de transporte para integrar la avalancha de energías renovables intermitentes que dominará el mix mundial en las próximas décadas.

El doble que en 2020: radiografía de una inversión récord

El documento, un white paper sobre equipamiento de red publicado a finales de mayo, detalla que el capex (inversión en infraestructuras) superará los 650.000 millones de dólares este año, frente a los 620.000 millones de 2025 y los apenas 325.000 millones de 2020. Buena parte del incremento, advierte la consultora, responde a la inflación de precios y a la fuerte demanda de equipos como transformadores, interruptores de alta tensión y aparamenta eléctrica.

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El motor de esta escalada es doble. Por un lado, las renovables intermitentes —solar y eólica— alcanzarán cerca del 48% de la generación eléctrica mundial en 2040, un salto enorme desde el 2% que representaban en 2010. Por otro, las fuentes tradicionales (carbón, gas, nuclear) caerán del 67% al 29% en el mismo periodo. Ambos vectores obligan a tender más kilómetros de líneas, instalar más subestaciones y multiplicar la capacidad de transformación. El despliegue de capacidad fotovoltaica y eólica, que en 2025 sumó más de 500 GW, choca con una red pensada para un modelo centralizado de grandes centrales térmicas. Rystad subraya que la fiabilidad del sistema depende de que los equipos de red estén disponibles a tiempo.

Los cuellos de botella que persisten: plazos y precios de los equipos

Pese al repunte de la inversión, los plazos de entrega de los equipos críticos siguen en máximos históricos. Rystad Energy estima que los tiempos de espera para transformadores e interruptores de alta tensión se mantienen entre dos y tres años en Europa y Norteamérica, el doble que en 2019. La congestión de la cadena de suministro, que disparó los pedidos durante la pandemia, empieza a ceder gracias a las nuevas líneas de producción que han abierto los fabricantes, pero aún no se traduce en una reducción de plazos.

Los precios unitarios, sin embargo, han dejado de subir. Los contratos recientes para transformadores de 50-100 megavoltamperios (MVA) en Europa se sitúan entre 30.000 y 35.000 dólares por MVA, un nivel que Rystad considera estabilizado. La consultora prevé que 2026 marque el inicio de una gran ola de expansión de la capacidad de fabricación de transformadores, que se prolongará hasta 2028 y añadirá casi 200 gigavoltamperios (GVA) solo este año, con Estados Unidos como principal demandante. La capacidad global de fabricación de transformadores alcanzó los 4.700 GVA en 2025, repartida entre más de 400 plantas de 260 fabricantes. Sin embargo, el fuerte tirón de la demanda mantiene los libros de pedidos llenos hasta bien entrado 2028. Los precios de las materias primas, como el cobre, el aluminio y el acero, añaden otra capa de incertidumbre a las previsiones de costes.

capex red eléctrica

La red no es un mero soporte: si no se expande al ritmo de las renovables, la energía limpia generada se desperdicia y la descarbonización se frena en seco.

Más allá de 2026: electrificación, centros de datos y el papel de las baterías

La demanda a corto y largo plazo dibuja dos capítulos distintos. Las utilities y los operadores de red concentran los pedidos inmediatos para ampliar y digitalizar sus infraestructuras. A medio plazo, los centros de datos y la electrificación industrial emergen como los grandes consumidores de equipamiento de red. Rystad advierte de que el riesgo a la baja más evidente —la implantación masiva de baterías de almacenamiento y tecnologías de red inteligente— podría recortar parte del capex necesario al optimizar el uso de los activos existentes. Aunque las baterías ayudan a aliviar la congestión, cada sistema de almacenamiento requiere también su propio equipo de red. La electrificación, por su parte, puede ralentizarse coyunturalmente, pero la tendencia es irreversible. “La demanda fundamental de transformadores, interruptores y cables sigue siendo sólida”, concluye el análisis.

En España, la apuesta por la red es igual de urgente. Red Eléctrica prevé movilizar más de 6.000 millones de euros en la red de transporte hasta 2030 para duplicar la evacuación de generación renovable, pero los proyectos de acceso y conexión acumulan retrasos de más de un año en buena parte del territorio. El cuello de botella no es solo financiero; la falta de equipos y la lentitud administrativa amenazan con estrangular el despliegue solar y eólico en el sur de Europa.

El talón de Aquiles de la transición: la red sigue sin estar a la altura

Mientras los focos apuntan a los récords de capacidad renovable instalada, la infraestructura que debe evacuar esos electrones verdes sigue siendo el eslabón más frágil. El dato de Rystad evidencia que el mundo está invirtiendo en redes el doble que hace seis años, pero la electrificación avanza aún más deprisa. La AIE ya alertó en 2024 de que, para alinearse con los escenarios Net Zero, la inversión anual en redes debería multiplicarse por dos respecto a los niveles de 2020 mucho antes de 2030, un listón que los 650.000 millones de este año apenas rozan si se descuenta la inflación.

En Europa, el desafío es mayúsculo. Bruselas, con el paquete Fit for 55, exige que la cuota de renovables en el mix final alcance el 42,5% en 2030, lo que obliga a desatascar los cuellos de botella que ya se viven en países como España o Alemania. Los plazos de dos a tres años para un simple transformador son una muestra de que, sin una industria de equipamiento robusta y diversificada, la transición energética puede quedarse en papel mojado. “Wiser deployment” es la petición de Rystad: desplegar la red de forma más inteligente, no solo con más dinero. La expansión de la capacidad de fabricación que arranca este año es una buena noticia, pero mientras los pedidos se demoren 24 meses, cada gigavatio renovable que se conecta tensiona un sistema que apenas respira.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: Cada dólar invertido en redes habilita la conexión de nueva capacidad solar y eólica que, de otro modo, se perdería. Los 650.000 millones de este año evitarán que cientos de gigavatios de energía limpia se queden sin transportar.
  • Modelo que cambia: La planificación eléctrica deja de ser reactiva para convertirse en el eje vertebrador de la descarbonización. Las redes inteligentes y el almacenamiento distribuyen la generación y reducen la dependencia de los grandes corredores fósiles.
  • Para las próximas generaciones: Una red robusta y digitalizada es la garantía de que la electricidad limpia llegue a hogares, fábricas y vehículos eléctricos sin apagones, acelerando el fin del carbón y el gas sin comprometer la seguridad de suministro.

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